2020: WORST.YEAR.EVER.

Arte de tapa de Francisco Negrello.
¡Hola, amigues! Bienvenidos de nuevo, como cada año, al resumen anual de este humilde blog que resiste inclaudicable como aquella aldea gala.
¿Qué se puede decir de este año más que fue un año HORRIBLE? No vamos a enmascarar la realidad ni a poner una falsa cara de optimismo. Fue un año espantoso, malo, muy malo, horrible, inmundo, despreciable y asqueroso. Fue muy raro armar este compilado este año por dos motivos: en primer lugar, porque el compilado anual siempre es, para mí, un motivo de celebración y de optimismo, un momento de mucha felicidad (y mucho trabajo obsesivo también) que da como resultado una imagen musical del año que siempre es un poco mejor que lo que se experimentó en su transcurso. Lo que es más, releo lo que escribí el año pasado y veo que mi posición era la de un optimismo un poco infundado y mayoritariamente basado en la fe, que este año se encargó de destrozar en mil pedazos. En segundo lugar, porque el retorcimiento del tiempo que hemos experimentado todos en este período infausto también me afectó, y solo cuando ya el fin de año estaba muy encima me di cuenta que era momento de ponerme a trabajar en esto.
2019: Once Again, We Return
Buenas, amigues, bienvenidos, una vez más, a nuestra humilde tradición anual. Que llega después del que probablemente haya sido EL AÑO MÁS LARGO DE LA HISTORIA. O al menos así se sintió en este rincón del globo. Como si toda la tensión de una década (si, para mí la década termina el 31/12/2019, no el 31/12/2020, aunque no les guste a los calendarios) se hubiese acumulado en estos 12 meses para hacernos vivir el año más cansador, estresante, lleno de vaivenes políticos y sociales, lleno de finales en las narrativas masivas, y francamente quemador de cabezas del cual tengo memoria. Y no es que los años anteriores hayan sido particularmente tranquilos.
Atrapados En La Catedral Del Yo
Una reflexión sobre The Wicked + The Divine, Kieron Gillen y Jamie McKelvie, Art Brut, los blogs y la noción de carrera.
El último gran comic que leí fue The Wicked + The Divine de Kieron Gillen y Jamie McKelvie. The Wicked + The Divine tiene un concepto que es a la vez sencillo y complejo: cada 90 años un grupo de 12 personas jóvenes (adolescentes y veinteañeros) son elegidos para convertirse en la reencarnación de dioses con poderes fabulosos y ser adorados por la humanidad por su carisma y sus habilidades. Los privilegiados, sin embargo, tienen solo dos años para vivir antes de “quemarse en vez de apagarse lentamente”.
Lo que en una primera observación parece un comic de superhéroes, o filo-superheroico, con poderes y trajes icónicos (¿dónde hay plata, viejo Gómez, para un proyecto de investigación que cruce los estudios de moda con los estudios sobre historieta y reconstruya las elecciones, paletas, modelos y texturas presentes en el diseño de traje de superhéroes?) pronto se revela como algo muy diferente. Como un estudio sobre el costo de la creación, en primer lugar, sobre la música pop, en segundo, y sobre la celebridad, en tercero.
2018: La Fiesta en el Ocaso del Mundo

¡Hola de nuevo amigues! ¿Cómo les ha tratado este año nefasto? ¿Ha sido tan estresante, angustiante y lleno de ansiedad como fue para la mayoría de les argentines? Espero que no.
Una vez más nos reunimos alrededor del fuego para el ritual anual que significa este compilado. Y resulta que este año es el primer año, en mucho tiempo, en donde no escribí nada sobre música. O casi nada. Se siente un poco raro, pero a la vez siento que quizás es la consecuencia de no tener tanto para decir. Escribir sobre música es difícil. Es difícil para aquelles de nosotres que no tenemos conocimiento musical extendido, por lo cual siempre intentamos recurrir a una narrativa: ya sea apoyándonos en la letra, o en la historia del género y lo que ese disco o artista puntual representa dentro del mismo, o en la biografía y obra previa del artista.
2017: Qué Decirte, Amiga

(La «tapa» del compilado de este año es una ilustración de Farel Dalrymple)
Es difícil despedir y hacer un balance de un año como el 2017. En lo personal, fue un año muy bueno, y es por eso también que elegí la imagen de arriba como tapa del compilado. En primer lugar, porque fue el año en que me casé. Nada mejor que un robot ofreciendo un corazón a una parejita para ilustrar un acto y un momento que durante mucho tiempo pensé era innecesario pero que demostró ser el punto alto de esta circunvalación terrestre.
Es algo raro casarse porque es un estrés enorme, un ocuparse gigantesco, pero a la vez también funciona un como un rayo láser de amor (cuando uno se casa enamorado, por supuesto, no nos vamos a poner a debatir acá las limitaciones de una institución que cruje) que te levanta, te da un montón de energía, es uno de los subidones naturales más gigantescos que conozco, simplemente porque sirve para recordar que uno está rodeado de gente que lo quiere. Y eso no es poca cosa en estos tiempos.