Tarantinesca

No me gustó Django Unchained. No ayudó a la experiencia el haberla visto en un cine lleno de adolescentes que repetían cada frase-slogan aprendida en los trailers como si fuera el supremo mandamiento de alguna Escritura, el código cabalístico secreto que los llevaría a ver de golpe la cara o la esencia del dios de lo cool. Mi gen de viejo cascarrabias prematuro me lleva a rebelarme contra estas cosas.

Pero no me gustó por otras cosas, también y sobre todo, cosas digamos que cinematográficas. No me gustó el tratamiento de la sangre como si de un videoclip se tratase; no me gustó Jamie Foxx con su personaje tan poco matizado; ni me gustaron demasiado Christoph Waltz ni Leonardo Di Caprio*, aunque se supone que deberían. Es probable que de haber sido yo un fanático del cine como lo es Tarantino hubiese disfrutado igual que él de las referencias visuales al spaghetti western; pero no lo soy, y estas me pasaron sin más por encima de la cabeza.

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La Guerra No Es Linda.

Vuelvo con ustedes para llamar a su atención una interesante controversia que ha estado corriendo en el sitio web de The Comics Journal y aledaños sobre el valor plástico y la importancia histórica de E.C. Comics.

Para aquellos que no lo saben, breve reseña histórica: E.C. (al principio significaba “Educational Comics”, luego “Entertaining Comics”) fue una línea de comics de terror, ciencia ficción, guerra, humor y crimen publicada entre 1949 y 1955 y creada por algunos de los mejores dibujantes y guionistas de su época. La línea fue suspendida luego de la publicación de “Seduction of the Innocent” del psiquiatra austríaco (formado en la escuela de Frankfurt) Fredric Wertham, que los mostraba como la causa del crimen, la homosexualidad y las desviaciones sexuales en los adolescentes norteamericanos (curiosamente, hallazgos recientesparecen demostrar la largamente acariciada sospecha de que Wertham mintió sobre sus fuentes). El libro incitó un pánico generalizado entre los buenos ciudadanos de EE.UU. que derivó en una serie de audiencias públicas en el Senado de los Estados Unidos y, finalmente, en la autocensura de la industria a través de la creación del Comics Code Authority, un sistema draconiano de reglas diseñado para que E.C. no pueda publicar más. Debido a su innovación gráfica y sus historias con moraleja irónica y altos grados de humanismo, la línea pasó a la historia como una gran oportunidad perdida para los comics yankees.

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La Biblioteca Inexistente (30)

1) Entrevista a Zack Hill, miembro de dúo Death Grips. Super interesante su visión totalmente anti-sistema, como les chupa un huevo la guita, el conflicto que ocurrió con Epic y el mensaje atrás de poner una pija parada en la tapa de tu disco. Me encanta leer entrevistas y darme cuenta que los tipos no tienen miedo de nada.

2) Una inesperada pero certera visión feminista de Dredd, la sorpresivamente excelente película de nuestro héroe facho favorito. Todas las películas de acción tendrían que mostrar a las mujeres con la misma luz que esta película.

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Blackest Ops.

Zero Dark Thirty, sobre la cual sigue librándose una embravecida batalla sobre su significado ideológico, es una película mucho más inteligente y mucho más difícil que lo que la crítica parece haber percibido.

Antes que cualquier cosa: Zero Dark Thirty, cinematográficamente hablando, es una gran película. Es una película filmada de una manera cruda, temblorosa, cortante. Los colores y las imágenes transmiten una sensación continua que se divide en concreto y desierto. Es una película que prescinde casi absolutamente de los azules, los verdes, los rojos para concentrarse en los marrones, en los grises y sobre todo en los negros. Es una película filmada con un pulso magistral, con una actitud “cero-mierda-y-florituras”. De una manera militar pero también (sobre todo) mecánica, muscular. Sostiene el suspenso de principio a fin (bueno, quizás le sobran 20 minutos hacia el final, pero se perdona) y Jessica Chastain está muy bien como esa fachada impenetrable que parece no ser afectada por lo que hace y la rodea hasta volverse ella misma un arma.

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El Proyecto JLA (Parte 03).

JLA #01 (1996).

Finalmente, llegamos al segundo relanzamiento que vale la pena de la Liga post-Crisis. Y el último, por ahora. Le entregan a Grant Morrison, quién en aquel entonces todavía no era una super-estrella, las llaves del auto familiar. Y éste realiza, por primera vez en un escenario tan grande, su tradicional operación de nuevo-y-viejo. Rescatar lo viejo que vale la pena, el concepto principal, y rodearlo de ideas nuevas, de una pintura totalmente moderna, que confunde a los puristas pero oculta un corazón clásico.

La JLA de Morrison (y ahora es JLA, como si eso sencillamente significase TODO, ya no importa si es de América o si es de Justicia, es una sigla, un sello, una agencia gubernamental, un mantra) es un retorno a la idea de los Superhéroes Más Grandes Del Mundo. Pero acompañados de desafíos (y un estilo taquigráfico de escritura) acorde a los grandes momentos que se supone que viven estos seres. La Liga de Morrison está hecha de situaciones en las cuales todo parece perdido, de grandes frases, de escenas en las cuales con uno o dos gestos corta al núcleo de los personajes, de rescates de último minuto. Como el “I know who you are” del primer arco, o la bala al cerebro de Darkseid, o el ojo parpadeando bajo el lago.

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