La Guerra No Es Linda.

Vuelvo con ustedes para llamar a su atención una interesante controversia que ha estado corriendo en el sitio web de The Comics Journal y aledaños sobre el valor plástico y la importancia histórica de E.C. Comics.

Para aquellos que no lo saben, breve reseña histórica: E.C. (al principio significaba “Educational Comics”, luego “Entertaining Comics”) fue una línea de comics de terror, ciencia ficción, guerra, humor y crimen publicada entre 1949 y 1955 y creada por algunos de los mejores dibujantes y guionistas de su época. La línea fue suspendida luego de la publicación de “Seduction of the Innocent” del psiquiatra austríaco (formado en la escuela de Frankfurt) Fredric Wertham, que los mostraba como la causa del crimen, la homosexualidad y las desviaciones sexuales en los adolescentes norteamericanos (curiosamente, hallazgos recientesparecen demostrar la largamente acariciada sospecha de que Wertham mintió sobre sus fuentes). El libro incitó un pánico generalizado entre los buenos ciudadanos de EE.UU. que derivó en una serie de audiencias públicas en el Senado de los Estados Unidos y, finalmente, en la autocensura de la industria a través de la creación del Comics Code Authority, un sistema draconiano de reglas diseñado para que E.C. no pueda publicar más. Debido a su innovación gráfica y sus historias con moraleja irónica y altos grados de humanismo, la línea pasó a la historia como una gran oportunidad perdida para los comics yankees.

Ahora bien, la discusión se inicia con la republicación de ésta larga crítica de Ng Suat Tong donde crítica a E.C. desde una perspectiva terriblemente altiva y literaria, comparándolos con Aristófanes, Goya y Joyce y decidiendo que al lado de tan superiores y geniales artistas, los comics de E.C. son porquería juvenil con algunos detalles que los elevan, por momentos, a algo un poco mejor. Ahora bien, el análisis de Tong es largo y sesudo y brinda numerosos elementos y ejemplos para justificar su posición, algunos de cuyos puntos (sobre la simplística moralidad y los enormes bloques de texto y el recurso medio agotador a los finales sorpresa) tienen sentido, pero cuyo punto de partida, me parece, es intrínsecamente fallido. Tong escribe como un crítico literario enojado por tener que tratar con tan básicos escombros y en esa operación olvida que un comic es algo diferente a una obra literaria o una obra plástica, por un lado, y, por otro y quizás más importante, tira por la ventana cualquier tipo de historización. Argumenta que “la buena escritura no se inventó a finales del siglo XX” pero no entiende que, probablemente, en términos de comic, mucha de ella si. No comprende la función de E.C. en su tiempo ni que su final evidencia el celo y el odio de sus contemporáneos por estar produciendo algo diferente. Asimismo, argumenta muchas veces que “el estilo está en función del contenido” y no al revés. Emm, discúlpenme, pero pensé que los comics eran, en un 50% (y quizás más), estilo. Quizás el contenido es “no-tan-bueno” para los estándares actuales (y para el estándar de Goya) pero me parece injusto descartar por completo su superficie visual por ello. Es la actitud de un iconoclasta enojado que quiere tirar el templo sobre nuestras cabezas.

El artículo (en realidad publicado en el 2003 en el Comics Journal) incitó una referencia simpática de parte de Chris Mautner en su reseña de las dos nuevas colecciones de historietas de la E.C. que publicó Fantagraphics este año (editorial que, coincidentemente, también publica The Comics Journal). Allí repite, un tanto más medida y cuidadosamente, las acusaciones de Tong centrándose en cierto jingoísmo que encuentra en las historias y en su representación heroica y sufrida de los soldados norteamericanos, pero salvando bastante más su costado gráfico.

A raíz de esta crítica, Gary Groth levanta el guante (y ya va siendo hora de que reconozcamos a Gary Groth como la joya de la crítica de comics que es, ¿dónde está su estatua?, ¿dónde está su colección de escritura sobre comics esencial? Gary Groth es un tesoro nacional) y escribe un gran texto en donde hace lo que Tong no realiza jamás: contextualiza a E.C. Comics en su tiempo, haciendo referencia a otras obras de arte popular del momento (por ejemplo, diciendo que los mejores comics de E.C. eran como “una buena película noir”) y rescatando su lugar en un panorama creativo particularmente yermo y su ambigüedad en términos de la representación del combate y la violencia de la guerra. Groth, además, da en el clavo cuando dice que los comics de guerra de la editorial son más que “simplistas, comprimidos”, y que deberíamos tomarlos como “fábulas” antes que como retratos naturalistas del combate. Pero lo más interesante es su rescate de la editorial, su yuxtaposición a las prácticas editoriales del momento, su reconocimiento de las fallas intrínsecas al modo de producción E.C. contra las que sus mejores artistas intentaron luchar y su aceptación de que E.C. era bueno por una combinación de contexto y ambición y una no puede ser entendida sin el otro.

A partir de esta respuesta, el enorme Joe McCulloch escribió un pequeño y conmovedor post en donde participa de la discusión de manera oblicua, haciendo en realidad un análisis muy personal de la función del crítico en relación a obras de arte y a las áreas más y menos populares / de una determinada práctica artística. A la vez de que es una férrea defensa al derecho a escribir sobre lo que uno desee, presenta una disección de los que significa / significó bloggear entre el 2001 y el 2010 (ponele) que será algo con lo cual varios de los redactores y lectores de este blog nos podemos identificar inmediatamente. Especialmente con la parte en la que dice que comenzó a postear menos a partir del momento en que consiguió un trabajo. De cualquier modo, si tuviese que recomendar algo en toda ésta discusión sería esto, no solo porque Jog (el alter ego de McCulloch) es un gran escritor sino porque todo lo que escribe está teñido de una infecciosa alegría y entusiasmo que corta al corazón de lo que significa escribir textos aparentemente inútiles sobre arcanos del arte. Además, Jog dio en el clavo en un twit en el cual recomendó leer las historias de E.C. “máximo de a cuatro por vez”, o sea, el formato en el que fueron creadas originalmente.

Finalmente, Eddie Campbell retoma la marcha de la discusión y la cambia de foco para poner en perspectiva, acaso, aquello que se ésta discutiendo desde el principio: ¿acaso nos gustan los comics porque los ponemos en la misma bolsa que la Alta Cultura y esperamos que respondan a su llamada o nos gustan en toda su contradictoria, enojosa, fallida y grandiosa especificidad? Campbell, siendo un artista de la puta madre (quizás, solo quizás, el mejor colaborador de Alan Moore) se concentra en el arte, en la manera en que los dibujos cuentan una historia, o, como bien lo pone “la interpretan”. El ejemplo del Marvel Method, esa alquimia extraña concebida por Jack y Stan que nunca pudo ser replicada, como algo que SOLO los comics pueden hacer bien es totalmente acertado. Luego Tong contesta en The Hooded Utilitarian utilizando una dudosa lógica y repitiendo sus argumentos iniciales, al mismo tiempo que ataca a The Comics Journal (el lugar original donde fue publicado su ensayo) y compara, de una manera tácita, a Harvey Kurtzman, Bill Gaines y compañía con los fundadores de Image, momento en el que me pierde y solo puedo decir que en esta discusión estoy fundamentalmente del lado de Campbell. 

La discusión, sin embargo, pone en relieve algunas cosas interesantes:

1) En primer lugar, ilustra la naturaleza cíclica de la crítica de arte. E.C. Comics está, luego de muchos años considerada una especie de vaca sagrada con su lugar en la historia resuelto, en el lugar correcto para ser re-evaluada. Es una pena que se lo haga en estos términos, porque algunas de las críticas son claramente correctas.

2) Ilustra, también, la dificultad de pensar objetos viejos con nuevas perspectivas. Si se observa bien, la discusión está (y probablemente va a continuar) trabada en dos campos enfrentados entre los cuales no hay entendimiento pero, y esto es quizás más importante, tampoco hay una aproximación radicalmente nueva al objeto. Nadie descubre nada diciéndonos que los comics de E.C. son verbosos y cuadrados en muchos sentidos. De hecho la visión clásica se eleva sobre el concepto de que eran buenos a pesar de ello.

3) La intervención de Eddie Campbell arroja luz sobre algo bastante importante para la crítica y estudio del comic que generalmente es pasado por alto: la tendencia a obviar el arte y considerar un comic exclusivamente como un conjunto de argumentos. Es que, realmente, hablar sobre dibujo es bastante difícil y ni te digo de narración y storytelling sin que suene como una seca clase de cómo están ordenadas las viñetas.

4) También ordena los dos campos del debate (al menos de este debate): los “literarios” que buscan “grandes obras” que puedan estar a la altura del mejor arte mundial pero al hacer eso sacrifican en gran parte la especificidad del comic y los “historietistas” (o “populistas”) que prefieren leerlos desde adentro del campo y apreciar aquello que los comics hacen mejor que ningún otro medio, leyéndolo como un nuevo lenguaje que tiene, en su historia, grandes partes de arte comercial y restricciones estéticas.

5) Finalmente, me hacen pensar en lo interesante que sería tener un debate similar en Argentina sobre el comic de aventura de fines de los 50s, y lo necesario que es un órgano similar al Comics Journal (al fin y al cabo el ojo de la tormenta en esta discusión) para sostenerla. Quizás en un par de años, uno siempre puede soñar. 

6) En última instancia, también me hace pensar cuan inútil es este agregado a la discusión, cuya única «gracia de salvación» es mandarlos a leer cosas mejores. Salud!


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