La Primer Familia del Futuro.

1. The Living Monolith

Se sabe, se rumorea por los pasillos editoriales: no sos un verdadero fan de los comics de superhéroes si no querés, en algún momento de tu vida, escribir los 4 Fantásticos.

O sea, vamos, si no sabés PORQUE tenés que querer escribir los 4 Fantásticos, la verdad que puedo entender que seas uno de los miles de jóvenes infelices que se han vuelto fanáticos bajo la oscura contemporaneidad superheroica. Que te guste Stratosky, por ejemplo. Y que para vos los 4 Fantásticos sean una especie de pieza de museo herrumbrada, un comic seguro, familiar, Disney, maricón, del cual lo único que vale la pena son los chistes estúpidos sobre los miembros de los protagonistas.

Entiendo que en tu triste mundo de mutantes con garras y Avengers malvados y noir chino sin colmillos los Fantastic Four parezcan el abuelito venerable a quién nadie escucha. Pero estás equivocado. Seriamente equivocado.

El problema de escribir los Fantastic Four es: ¿cómo escribir el comic que hizo que Jack Kirby y Stan Lee inventarán el estilo BIG! MAD! ACTION!? Como superar, no, que superar, como aspirar siquiera a limpiarle las botas a tipos que en rápida sucesión te daban Annihilus, Dr. Doom, Black Panter, The Inhumans, Galactus.

Y, por otro lado, la dificultad emparejada es que los Fantastic Four también giran alrededor de ese concepto gastado, de popularidad decadente, que es la familia. Hoy en día la familia no rinde. Y mucho menos una familia como la de los FF que se quieren, a pesar de que peleen, que son un paradigma de normalidad y felicidad, inclusive a pesar de sus deformaciones. Lo interesante del concepto de este costado de los FF es justamente esto: toman el paradigma marveliano del personaje (defecto + heroísmo a prueba de balas= identificación outsider + aspiración del lector) pero lo toman como un punto de partida para algo que los trae aún más juntos. Los Fantastic Four son (junto con Capitán América) probablemente los únicos héroes amados de Marvel, los únicos que se aproximan más al paradigma DC. Y si bien el Capitán es fácil de encasillar en aventuras de guerra y espionaje, estos no. Estos solo funcionan dentro de un ambiente extremadamente fértil e imaginativo.

Son los únicos que no se sienten outsiders (bueno, Ben un poco si) porque lo que los une es tan fuerte y tan puro. La única manera en que esta contraparte ñona se puede vender a esa porción de la población que son los lectores de comics de superheroes, tipos cínicos y desagradecidos que prefieren la muerte al crecimiento, es con el dulce aditivo de que los Fantastic Four son EXPLORADORES DE LO FANTÁSTICO. Está ahí en el nombre. El primer comic que compré en mi vida estaba protagonizado por los Fantastic Four. Era un What If de cuatro historias. En cada una de ellas, todos poseían el poder que caracterizaba a uno de ellos. Y eran el reverso de su espíritu: 4 historias en su mayoría depresivas, qué, sin embargo, exploraban hasta el límite lo que significaba ser un aventurero que al mismo tiempo es una especie de explorador victoriano, mapeando nuevos territorios. Monster Island, todos tristes, Sue convertida en un Man Thing cualquiera al que le rodaba una lágrima. Shield, una historia de superespias invisibles. Cuatro antorchas humanas que parecen mas bien X-Men, feared and hated by the world. Era una zambullida completamente inesperada en el universo y en esos personajes y me marcó el cerebro para siempre.

Mark Waid lo captó muy bien en el primer número de ese run encantador, con dibujos de Mike Wieringo, que comenzaba con un Mister Fantastic que paseaba a los lectores a lo largo de las infinitas posibilidades de ser una familia que explora lo desconocido. ¿Y qué importa si ponen en riesgo su vida cuando aquello que encuentran es tan maravilloso? Reed Richards era de celuloide, un dibujito animado, y nos decía que jamás iba a morir mientras saltaba adentro de un átomo (no recuerdo la imagen, pero esa era la sensación: Reed Richards de ojos grandes y lustroso uniforme azul y quijada perfecta). Todo el run de Waid es, de alguna manera, un flirteo con la muerte que nunca llega. Doom es la perdición pero, a la vez, comienza a ser una especie de extraño miembro de la familia, al ayudar a dar a luz a Valeria. Y cuando finalmente la muerte llega (producto de Doom, como no podría ser de otra manera, que es como un catalizador, como un elemento ajeno que dinamiza las relaciones en la familia y genera cosas nuevas) Waid y Wieringo optan por una solución Deus Ex Creator que es sin embargo muy satisfactoria: Jack Kirby como Dios, dándole la vida de nuevo a The Thing con una movida de plumín.

Es que Waid juega todo el tiempo con la dualidad familia-fantástico que está en la base de los Fantastic Four. Y si uno lo piensa bien es una de las dualidades que se pueden encontrar en la base de la mayoría de los héroes de Marvel. Pero mientras en muchos de ellos la familia es una cosa perdida, o una comunidad construida en base a la necesidad, en los Fantastic Four es una elección, un regalo. Y, además, su etapa lidiaba con la familia más importante de todas, con los padres separados Jack y Stan, que jamás pueden estar muy lejos. Cuando un escritor llega a Fantastic Four, da vueltas alrededor de una serie de tropos y de personajes: Doom, Namor, los Frightful Four, Annihilus, casi ninguno se resiste a tomar el toro por las astas y escribir una historia con Galactus. La mayoría de estas historias son basura, porque lo único que quieren es recapturar el shock and awe de su primera aparición, pero sin percartarse de que ya no es la primera aparición de Galactus, que hemos perdido el aura en el camino, que las expectativas son diferentes y que ya no basta con ese gigante en casco purpura que juramenta comerse la tierra sino que ahora hace falta tener algo que decir sobre él, sobre su universo y sobre lo que representa. Que en otras palabras hay que ser personal en una industria que generalmente te pide que solo seas repetitivo, que vendas tu alma y recicles ideas y personajes.

O sea, es muy cruel: imagínate que sos un niño que crece leyendo comics entre cualquier momento de 1962 a 1983, ponele, que consumiste los Fantastic Four de Kirby y Lee, el producto genuino, que de alguna manera esas ideas y personajes entraron en tu cerebro y lo cambiaron para siempre, ocuparon un espacio de ideas que antes estaba vacante (y que podría estarlo para siempre). Yo, que estoy acostumbrado al comic de superhéroes posmoderno, no puedo ni siquiera imaginarme como debe haber sido leer una historieta que presentaba UN NUEVO CONCEPTO CADA NÚMERO, que estaba ahí, desplegando los ladrillos fundamentales de un nuevo universo frente a tus ojos. Como no vas a querer llegar ahí y volver a hacer todo eso, recapturar la gloria. Yo quisiera escribir de nuevo todos los comics de Grant Morrison, si pudiese y tuviese su genio. Lo cual es una forma de decir que escribiría cosas influenciado por su estilo y que reproduciría un estado de cosas, justamente lo opuesto a lo que Morrison representa. Y, sino, imagínate, que sos un creador ya distanciado de la época dorada, pero que tiene que enfrentarse con algo peor: con dos ídolos fundidos en bronce que proyectan su sombra sobre todo aquello que vino después. Incluso si sos un creador indie, tenés reverencia por Lee & Kirby, especialmente por los Fantastic Four. Entonces, ¿qué pasa con un título cuando tiene que vivir así: algo venerado pero raramente mejorado, una propiedad que duerme en la irrelevancia, como un templo cubierto de telarañas de granito?

Algo perdido en la jungla, un lugar al que se acercan los peregrinos a depositar su ofrenda simbólica y seguir viaje, que vende poco e impacta menos. De vez en cuando algún grupo urbanista se aventura en la selva y decide que es tiempo de renovarlo, que ahora colocarán ahí un shopping o un centro cultural o un parque aprovechable para toda la población, pero los colores están mal y el estilo es modernista y espantoso, no coincide con ese barroquismo energético de la puesta original, entonces arman un par de habitaciones mal pintadas, encima de lo anterior, lo deforman un poco y finalmente lo abandonan, de nuevo, en la jungla, y por algún misterioso poder ese espacio vuelve orgánicamente a su punto original, dejando lo de siempre: un hombre que se convierte en fuego, uno que se estira, uno de roca, una mujer que se vuelve invisible y algunos niños traviesos.

2. Jonathan Hickman y la angustia de la influencia.

Exactamente eso le esperaba a Jonathan Hickman al momento de tomar la serie, hace un par de años. En primer lugar, tenía que recoger los pedazos estallados de un experimento que salió bastante mal: el run de Mark Millar y Bryan Hitch en la Primera Familia. Fresquito de Ultimates, Civil War, creyéndose el dios en la tierra, Millar decidió que era hora de tomar la piedra angular del universo Marvel e imprimirle su magnífico y cool estilo. Aún recuerdo las entrevistas diciendo que en cada número iba a haber un nuevo personaje, que era hora de poner a los Cuatro Fantásticos en el panteón y el estrellato de Marvel Comics de nuevo, que basta de tratarlos como si fuesen el último orejón del tarro.

Y eso era lo segundo terrible: Hickman agarra los FF con Dark Reign, uno de esos status quo que parecen salidos de un libo de ideas prontamente reversibles.¿ A quién se le hubiese ocurrido que “los villanos dominan el mundo” podía durar más de 10 a 14 meses? ¿Y qué lugar le correspondía a un grupo de personajes amorosos y buena onda en ese lugar donde lo que era cool era ser Venom?

El run de Millar, además, no podía haber sido peor: lo que comenzó con grandes expectativas rápidamente fue deteriorándose hasta que Millar dejó los últimos números a la buena de dios, la historia que estaba intentando contar deshilachándose y sin importarle el final, con un Bryan Hitch (que cada día dibuja peor) que no llegaba los tiempos saltando como rata por tirante.

Y lo peor: la serie no tenía chispa, Millar intentaba ser cool y posmoderno pero tenía demasiado respeto, sabía demasiado bien de que estábamos hablando cuando hablábamos de los Fantastic Four y no podía burlarse de eso. Entonces tenía a Doctor Doom como antagonista final, tenía un Galactus muerto, pero Galactus al fin. La perfecta metáfora del run de Millar fueron todas sus declaraciones y pomposidad alrededor de la muerte cierta de Sue, la Mujer Invisible, solo para que al final sea una Sue del futuro, sin ningún tipo de consecuencia real para la historia y el mundo ficcional. Y lo peor, lo que seguramente más le dolió a Millar fue el hecho de que no fue un éxito ni por cerca, que fue su primera serie que no llego a cifras astronómicas de ventas. Millar mismo pareció ir perdiendo el interés, al final, el Doctor Doom sobrevivía durante MILES de años sin una explicación muy clara, entre paneles, solo como un requisito para tener una vuelta de tuerca de último momento que lo involucre. Era perezoso y descuidado y poco inspirado.

Lo interesante que hizo Hickman fue que retomó todas las piezas que estaban desparramadas y comenzó a experimentar entre esos dos extremos que definen a los Fantastic Four: exploración y familia. Entonces, agarró algunos conceptos que había dejado desperdigados Mark Millar (un Galactus del futuro enterrado bajo Nueva York, el mundo paralelo adonde enviaron a los responsables de esto, unos Defenders futuros) y los modifica, casi te diría los evoluciona, para que encajen mejor al lado de los viejos conceptos de Kirby y Stan Lee. Trae de nuevo al Dr. Doom, desarrolla enormemente a Valeria Richards (creación de Claremont, expandida por Waid), comienza a repuntar un Franklin al que durante mucho tiempo se había reducido (por sus poderes inmanejables en una historia de ficción, poderes que provienen de la época Byrne) a ser solo un niño molesto, la serie comienza con Nathaniel Richards, el padre de Reed creado por John Byrne y que también aparece bastante en el ocaso de Tom Defalco. Hay cierta tendencia a hacerse eco de la aproximación holística que impuso Morrison en su trabajo con Batman, con la diferencia que la historia de los FF, por su creación y naturaleza, es mucho menos divergente en tonalidades y temáticas que la de Batman.

Y en gran medida esa consistencia tiene que ver con que FF gira alrededor de una familia. Nunca es muy FF si no están los 4 principales (más abajo discutiré, contradictoriamente, con esta idea al argumentar que Spider-Man funciona). O si faltan, la historia tiene que girar alrededor de esta falta, el agujero que deja y la manera en que nuevas incorporaciones (como cuando nace un nieto) agrandan la familia y rellenan el vacío y la tristeza.

Hickman refuerza ese microcosmos que balancea su rescate de viejas ideas y personajes al intentar darle una nueva vuelta y ampliar el universo en el que se mueven los cuatro protagonistas. Entonces vuelve Doom, pero es un Doom disminuido. E introduce cuatro ciudades destinadas a estar en guerra que abrevan en elementos de Namor, Annihilus, el Mole Man y los Inhumans, pero mezclándolas con otras cosas del universo Marvel como el High Evolutionary y los caballos cósmicos de Power Pack (si, caballos cósmicos) y las tortugas que cambian de forma que eran enemigas de ROM el robot-caballero espacial que Marvel licenció a una compañía juguetera en los 80. Y deforma tanto los aportes de Millar que parece a propósito.

El otro elemento consiste en la ampliación de la familia: Hickman inventa The Future Foundation, una apuesta a futuro de Reed que busca rejuntar a las mentes brillantes más jóvenes de su generación. Entonces hay un par de nuevos atlanteanos, un par de hombres topo evolucionados, el Dragon Man, ese androide de Diablo, mejorado para poder pensar y vuelto abstemio, Alex Powers, de Power Pack, un clon del Wizard. Se van a vivir al edificio Baxter y comienzan a pensar en formas de mejorar el mundo. Y ahí la dinámica comienza a cambiar para algunos personajes.

Si hay un tema en el run de Hickman hasta ahora es la tensión entre el cambio y la comodidad, el duelo entre lo correcto y lo altruista y lo familiar y lo egoísta y la posibilidad de modificar el mundo a coste de un gran precio: a cambio de aquello que te hace humano. En definitiva: ¿frente al universo gigante y ajeno y lleno de posibilidades, elegirías a tu familia? Esta dicotomía está planteada en el primer arco más claramente, en el cual Reed Richards se encuentra con un “concilio” interdimensional de Reeds que “han arreglado todo”: la hambruna, la guerra, los supervillanos, el mundo entero. Pero en los mundos de esos Reeds hay solo eso, Reeds, y no Fantastic Four de ningún tipo. Han abandonado todo aquello que los conectaba con las tristes vidas mundanas a favor del bien máximo. Entonces Reed huye y destruye el portal, el único incapaz de dejar de lado a su familia.

Otra cosa que está muy presente en estos Fantastic Four, que hace que sean bastante adeptos al paladar actual y que, una vez más, remite al Batman de Morrison (entre otros, claro), es su insistencia en “grandes actos”. El primero claramente está dado por los números que van del 570 al 588 y que culmina con la “muerte” de la Antorcha Humana. Este es una especie de armado de los bloques fundamentales y las novedades y remixes que Hickman va introduciendo en la continuidad de la Primera Familia. La segunda etapa se abre con el lanzamiento de FF (Future Foundation) y con el agujero que deja la desaparición de Johnny Storm. Agujero que cubren invitando a Spider-Man a unirse, en una movida que ha sido considerada controversial y antinatural por mucha gente, ya que destruye el concepto de “familia de sangre” que permea a los FF. Pero Spider-Man es una elección natural, es un amigo antiguo de la familia, el superhéroe favorito de Franklin (al menos hasta que su tío se sacrifica por él), amigo de Johnny Storm, con una relación casi de madre e hijo con Sue y capaz de seguir el tren de pensamientos de Reed. Aquí el nuevo status quo de Hickman se apodera de la serie introduciendo tensiones, especialmente con Ben Grimm. Y hasta el momento viene siendo un poco más decepcionante que la primera etapa, sobre todo por su lentitud (todo gira alrededor de un solo arco argumental). El tercer acto ya se vislumbra e involucra el relanzamiento de Fantastic Four con su número 600 (algo que era obvio que iba a suceder, dada la atracción de las compañías de comics por los números redondos) y especulación sobre el retorno de Johnny Storm (una muerte muy poco duradera, incluso para los estándares del comic).

Al mismo tiempo, este comic habla bastante de la circunstancia actual de los comics de superhéroes. Hickman está intentando hacer una serie fantástica y de “gran aventura” en un panorama donde predominan los superhéroes vistos a través de una lente de espías y agencias de gobierno, relacionados todo el tiempo con las agencias de poder y de control. Los Fantastic Four son superhéroes completamente independientes, filántropos, abiertos (¡tienen un maldito edificio!) y parte de su desincronía con el Marvel de Quesada tenía que ver con eso. Por otro lado, Hickman evidentemente tiene una potente relación de influencia con Grant Morrison, cosa que no es descabellada, ya que Hickman claramente, por su trasfondo y sus series anteriores a entrar a Marvel, se quiere presentar como un escritor de comics “inteligente” “de ideas”, que busca retorcer las franquicias en las que trabaja. A diferencia de Morrison, sin embargo, muchas veces sus ideas parecen meras florituras estéticas que se emparentan más con su trasfondo en el diseño que con un conocimiento cierto de cómo realizar una historia emocionalmente satisfactoria. Está aprendiendo, sin embargo, y el arco de la muerte de Johnny Storm y sus consecuencias demuestran bastante profundidad y emoción genuina. Volviendo al punto: uno de los personajes nuevos que introduce es el Anti-Priest, un sacerdote de la iglesia de Annihilus que quiere realizar una especie de “rapture” en la tierra que involucra la invasión y reconfiguración de los seres humanos como huéspedes para la raza insectoide de la Zona Negativa. Y este Anti Priest se parece mucho, pero mucho a… Grant Morrison. ¿Qué es lo que nos está diciendo acá Hickman? ¿Acaso que la tan cacareada idea de Mozz de que estamos en una etapa transicional hacia el ideal del superhéroe, que nuestros cuerpos pueden evolucionar y relacionarse con lo ficcional a través de estos conceptos es en realidad solo un caballo de troya ridículo que precogniza nuestra perdida de humanidad? ¿Qué en realidad tenemos que conservar nuestros rasgos fundamentales, relacionados con aquello que está más cercano, la familia? Si es así, es un pobre mensaje, pero está bien que exista un escritor que reconozca que ya es hora de comenzar a intentar, como se pueda, reemplazar a Morrison como el idea man de los comics de superhéroes norteamericanos. Después de todo, no va a durar para siempre.

Sin embargo, si con Morrison algo parecería pelear, la otra gran influencia de Hickman es inescapable como el tirón de gravedad de una estrella en descomposición y, a pesar de todos sus intentos de ampliar el universo, no puede escapar del hecho de que todo surge de Jack y Stan. Todo. El punto de partida es ese, lo que hay son permutaciones, variaciones, diferencias, manejadas con mayor o menos aplomo y calidad. Un Galactus muerto, nuevos Inhumans, un Dragon Man reformado, nuevas razas atlanteanas. Todo viene de la fuente que fueron los Fantastic Four 1-103. Quizás esa es la maldición y la bendición de estos personajes, lo que los hace tan hermosos: todo está ahí, en ese acto de creación originario, irradiando, contaminando lo sueños de quienes los escriben y dándoles vergüenza, sabiendo que nunca serán tan buenos, pero desesperados por intentarlo de cualquier modo.


de criollismo, pt. 2: en el ala del tiempo

Para cuando apareció Chabuca Granda, ya todo estaba definido sobre el futuro de la Música Criolla. Desde el ahora, cuando ya todo ha pasado, se me antoja parecida a aquellos personajes de una crónica de los cuales ya sabemos el destino, que nos es mencionado al pasar casi al inicio de la misma como un detalle sin importancia, su muerte o su derrota, y a los que, sin embargo, no podemos dejar de seguir, ilusionados de que, de alguna forma, es posible evitar lo inevitable, y encontrárnoslos del otro lado incólumes, completos.

Pero del otro lado ya no se encuentra más que rezagos de la tormenta, los sobrevivientes brillando casi todos del reflejo de una luz que aún se demora en morir, pero es solo percepción, como cuando en la noche vemos estrellas y creemos que ahí están todavía, cuando hace rato ya que se apagaron y no queda sino el vacío.

Cuando Chabuca aparece, sin embargo, las cosas eran bastante diferentes. El Criollismo se encontraba en plena migración de los callejones a las radios, y de estas a los grandes teatros del país, en movimiento paralelo al de una economía que crecía en los mismos rangos que crece hoy en día, con aún menor repartición. La burguesía vivía una bonanza que le permitiría enfocarse en manifestaciones artísticas, y otras formas hermosas de perder el tiempo. No es casualidad que, años luego, las bandas beat de Lima se encontraran entre las más activas de Latinoamérica, a la par de Argentina, México o Uruguay: la juventud satisfecha tiene tiempo para eso; los setenta serían otra cosa.

El Criollismo se encontraba entonces maduro. Luego de la renovación que significó La Nueva Guardia, con Pinglo a la cabeza, las formas volvieron a estancarse en cierto grado. Grandes canciones se escribieron, es verdad, pero pocas osaban romper los moldes de la manera en que lo había hecho el músico de los Barrios Altos, y ninguna alcanzaría la variedad en los temas y tonos que hacen de la obra de Pinglo la mejor fuente para entender la clase media capitalina en los años de entreguerras. Es posible hacer cosas hermosas a partir de moldes establecidos, tipologías arquitectónicas, pero se requiere un tipo de genialidad especial para convertir esos moldes en algo nuevo, para acelerar el proceso lento de una evolución y convertirlo en el trauma repentino de una mutación.

Chabuca es precisamente el tipo de genialidad que se necesitaba para conseguir esta mutación. Nacida en un ambiente muy diferente al de la mayoría de los músicos criollos, quienes por lo general venían de estratos populares y habían afilado su arte en jaranas de días y semanas repletos de pisco y callejón, las expectativas usuales de una muchacha de clase alta en la Lima de la primera mitad del siglo XX casi frustran las inclinaciones artísticas que mostró desde joven. No es hasta 1948, casi entrando en la treintena, y con un divorcio a cuestas, en que Chabuca empieza a componer sus primeros valses. Que su canción más famosa, La flor de la canela, sea su quinta composición, nos dice bastante de la rapidez de su maduración como artista.

Artista es una palabra que va perdiendo su valor en estos días de tumblr y google+; un par de conceptos mal aprendidos, una actitud desafiante, tres o cuatro fotos, un par de canciones o una instalación, y ya todos nos llamamos artistas, cuando es necesario algo más. Un artista es, sobre todas las cosas, un artesano, que va refinando su arte de a pocos, puliendo el barro o tallando la piedra hasta descubrir la forma escondida debajo de ellos. El arte es tanto un trabajo de paciencia como lo es de genialidad.

Pero quítale la genialidad y te quedas con artesanías de tienda de recuerdos. Una actitud muy extendida es la de censurar cualquier intento de intelectualización del proceso creativo como un acto de pedantería. Lo mejor que podemos hacer es hacernos los tontos, no darle muchas vueltas al porqué de las cosas, como si las soluciones a los problemas se pudieran encontrar de alguna forma mágica e inesperada toda vez, y nunca al pensar.

Chabuca es una artista genial porque combina ambas cosas: la paciencia del artesano y la teoría del crítico. Solo eso explica que sea capaz de pasarse cuatro años sin escribir una sola línea, rumiando la manera de expresar lo que sentía ante la muerte de Javier Heraud, para luego aparecer con uno de sus ciclos más poéticos y abstractos, consciente de que si no se hacía algo el vals se iba a morir de túndete.

Como si tuviera que preparar mis apuntes para una defensa oral ante un jurado traté de aislar qué era lo que hacía que Chabuca fuera una artista, y una grande. Esto fue lo que encontré:

  • Evolución Formal:

Todos los grandes artistas innovan. Es verdad que esta innovación no es necesariamente formal, la obra de Merrit o Pollard lo demuestran, pero es necesaria una dosis de novedad para convertir algo bueno en algo enorme.

Y todos los grandes artistas, o al menos los que me gustan, lo hacen constantemente. Sería fácil para ellos hacer lo que ya probaron y en lo que saben que funcionan, pero entonces, ¿cuál sería la gracia?

Chabuca comenzó escribiendo valses y marineras muy pegados a la norma. Estructuras estables, patrones rítmicos. Pero rápidamente se dio cuenta de que había mil vueltas que darle a esto, y que eran solo los ladrillos que se podían usar para construir monumentos. Como la obra de un pintor, las composiciones de Chabuca pueden ser clasificadas en etapas bien definidas: los inicios, en los que juega a encontrar su voz; la voz, en donde ya la ha encontrado, y en donde compone sus canciones más conocidas; la abstracción, cuando busca expandir los límites de lo que significa una canción suya, componiendo, entre otras cosas, sendos ciclos a la memoria de Javier Heraud y Violeta Parra; la búsqueda de las raíces, en donde, consciente de lo ninguneada que estaba hasta ese entonces, explora la música afroperuana, sin la cual no existiría el vals, ni nada.

  • Coherencia Temática:

O la teoría de los demonios de Vargas Llosa, que sostiene que cada artista tiene una serie de temas a los que vuelve una y otra vez, porque son los demonios que pueblan su mente y que no puede exorcizar, aunque lo intentan. En el caso de Chabuca son: el paso del tiempo y sus efectos; la soledad y la muerte; Lima y lo que contiene. Canciones tan diferentes como su valses y marineras del inicio, y las variaciones de negritud que compone en sus últimas horas, todas hablan de estas cosas.

  • Reconocible Estilo Propio:

Al igual que cuando uno ve una pintura de Matisse o de Goya sabe qué es lo que está viendo, y al igual se puede fácilmente imitar la prosa de Borges, que no igualarla, utilizando una serie de palabras y de giros verbales, las canciones de Chabuca están impregnadas de un estilo bien definido.

Es este estilo, por sobre todo, femenino. Femenino en la percepción en el detalle, y en la empatía con que lo vive. Gusta mucho de las metáforas florales y de los arcaísmos, como quien no quiere dejar que muera el pasado precisamente porque sabe que es efímero y hermoso.

  • Conexión con el Zeitgeist

Hace un tiempo revisé los artículos que había escrito para EBM y para mi anterior blog, y encontré que en muchos de ellos menciono qué tanto se alineaba la obra de un artista con el espíritu de su tiempo. Es verdad que una obra de arte debería ser universal, y hablarnos a través de los siglos, como Tolstoi o como Cervantes, pero también es verdad que esto es imposible hacerlo si es que no hablas desde el ahora y el aquí. The Wire y The Sopranos nos resuenan tanto por ser comentarios sobre la furia de los dioses y la degradación moral de nuestros héroes respectivamente, como porque son la mejor lectura de los efectos del capitalismo americano del Siglo XX.

Es poco probable que Chabuca fuera consciente que sus canciones eran un síntoma de que la música que tanto amaba estaba moribunda, si no muerta. Pero si en Pinglo encontramos autos y migrantes en una ciudad que estaba en permanente cambio, en las canciones de Chabuca nos topamos con una realidad que va poco a poco desapareciendo, con una alegría que irremediablemente se convierte en nostalgia.

Luego Chabuca se nos muere, y nos quedamos escuchando su recuerdo.


Munich. La Vida Burguesa.

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Cuando vimos que con Javier ibamos a estar las mismas semanas en Alemania, manejamos dos opciones: O el se iba a Berlín o yo me iba a visitarlo a Munich, ciudad en la cual vivió 5 años. Me decidí por lo último, así de paso conocía otra ciudad, justamente la capital de Bavaria y ciudad simbólica del sur de Alemania.
Munich es un poco Cliché: La Ciudad. Todos los preconceptos pelotudos que uno puede tener de lo que es Alemania estan aquí. La gente vestida con ropa típica (como si la gente que no es gaucha se vistiera de gaucho en pleno 18 de julio), los Biergarten repletos de gente pretzels y jarrones de cerveza, el órden y la prolijidad impecables, la tradición combinada con lo moderno, Munich al mismo tiempo es totalmente opuesta a Berlín, ambas ciudades como la cara de la misma moneda.
En Munich no podes cruzar caminando con el semáforo en rojo. Te multan. Mucho menos se te ocurra en hacer eso en bicicleta. Multa de nuevo. Los policías se divierten escondiéndose en lugares estratégicos donde la gente la caga andando en bici para multar a un montón de gente e irse. En los 3 días que pasamos, solo luego de largo titubeo nos hicimos los valientes y cruzamos caminando con roja – a las 10 de la mañana, con la calle desierta -, para ir a un museo.
En Munich hay casi la misma población que en Montevideo, y el tamaño de la ciudad es similar. El transporte público (aunque un poco más caro) es BRILLANTE y te podes mover para todos lados rapidísimo y comodísimo.
En Munich hay mucha plata. MUCHA. Me podría considerar la persona menos interesada en los autos del planeta, pero se te cae la boca cada un rato viendo la cantidad de porsches y autos totalmente alucinantes. Acá ir paseando por una calle semi-céntrica y que por al lado te pase una Ferrari espectacular es común. Pasamos por una zona con tiendas donde vendían trajes que llegaban fácil a los 10.000 euros, y relojes de 25.000. Y tenías esos precios ahí, en la vidriera.
En Munich nos quedamos en la casa de Tom. Tom vive en una casa que aparentemente es una anomalía para Munich: Una casa de sus abuelos, GIGANTE (3 pisos, con jardín) que fue dividida y viven varios integrantes de la familia en distintas partes de la casa. Tom estudia lingüistica, habla español perfectamente (habla como un porteño total, a decir verdad), y su tesis fue sobre el Portuñol de Rivera. También toma mate. Su casa (o más bien, su ‘sección’ de la casa) esta toda hermosamente decorada con un montón de muebles y objetos increíbles: Ventiladorcitos siemens, Tocadiscos Braum de los 60s, muebles vieneses de principios del siglo XX, una cámara Leica, un piano americano de salón de 1920 y quien sabe que otras cosas más. Según Javier: «Tom podría ser considerado a primera vista un snob insoportable, pero te das cuenta que en realidad es su pasión el decorar y conseguir objetos interesantes. Además sus muebles, los ventiladores, las cámaras, son todas cosas que él usa». Tom siempre esta vestido impecable, aparentaba ser todo un Ladies Man y tiene un ligero aire a Britt Daniel de Spoon. Fue el primer alemán que conocí y fue muy agradable intercambiar y discutir sobre varias diferencias culturales que podemos tener.
En Munich comí de la mejor comida que comí en toda mi puta vida. Una pizza siciliana con queso gorgonzola y unas aceitunas increíbles. Helado – también Italiano, obvio – con una cremosidad religiosa, y una especie de milanesa tradicional bávara recubierta de pan mostaza dulce y no se que más que me hizo perder unos cuantos meses de vida seguro, pero puta que vale la pena estar vivo, carajo.
En Munich los jóvenes se juntan en las plazas de noche y guitarrean temas populares. O sea, «I Will Survive» de Gloria Gaynor, obvio.
En Munich nos cagamos de calor. El Domingo decidímos pasear por el parque inglés y terminamos bañandonos en el río. Bañarse en el río, toda una experiencia: Hacer la plancha implica que la corriente te va a llevar a una velocidad equivalente a ir corriendo. El piso es de piedras y te puede lastimar muy fácilmente. El agua es dulce y se puede tomar sin problemas. La gente alrededor suele hacer nudismo, aunque desgraciadamente quienes lo practican suelen ser personas de más de 65 años.

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En Munich TODO el mundo es hermoso y porta un cuerpo escultural y perfecto esculpido por una generosa selección genética y años de gimnasio. Veía una pancita y me emocionaba. Los alemanes, además, aprovechan cualquier momento de sol para salir como desesperados a recibirlo. Esto puede causar situaciones incomprensibles para nosotros, como que si hay sol prefieran almorzar abajo del sol, sin sombra, y esten ahí horneandose, cayéndole las gotas de sudor, comiendo su pantorrilla de cerdo con papas. Otra imagen un tanto triste que tienen son unas pequeñas playas que los alemanes deciden poner en el medio de la ciudad. Onda tenés una barra, barcito, tirás un montón de arena y la gente hace que esta en la playa, ponen sillas y estan ahí en patas. Te dan ganas de darles un abrazo.

En Munich vi un bizarrísimo memorial dedicado a Michael Jackson, ubicado enfrente a un Hotel donde él se había hospedado. lo más complejo es que el memorial esta colocado encima de la estatua de otro músico famoso, que fue invadido por los fans del rey del pop y listo. La cantidad de cartitas kitsch y fotitos, dibujitos e ilustraciones es maravillosa. Observación al mango: Cuando los alemanes se ponen terrajas, son los más terrajas del universo. Es fantástico.
En Munich sufrí una feliz resaca. La diferencia en la graduación alcohólica de la cerveza te cambia la relación entre cuanto tomes y cuanta resaca tengas. Paso esto: Estabamos en un bar tomando y tomando cuando mis compañeros empezaron a pedir Coca Cola. «Qué blandos!», pensé. Cuando llegamos a la casa, me dijeron «Che, tomá agua y comé algo que mañana vas a estar destruido» «Eh pero no estoy tan borracho, ¡Estoy bastante bien! hablo perfecto hago todo perfecto, no tomé taaanto, ¿Qué onda?» «..No, en serio, acá es distinto». Efectivamente, al otro día tenía una resaca importante, una resaca rara, pegajosa, que iba a venía de a pequeñas olas y que duró casi todo el día. No podes hacer la típica de una cerveza y otra y otra y otra porque al otro día simplemente morís. Cuando salís de noche, pensás en la mañana del otro día.
En Munich parece que la gente no come. Onda, comen una sola vez por día. No desayunan, toman un café o algo así, pican un poco, para luego tener solo una comida entre las 5 y 7 de la tarde. Es raro, pero parece que todos se comportaban así. Con razón se mantienen en forma, supongo!
En Munich vi mucha menos variedad de gente que en Berlín, o al menos menos outcasts, menos jóvenes y gente mejor vestida. Munich, además, es una ciudad notoriamente más cara, al menos el transporte y la comida. Pero sobre todo el ambiente. Esa sensación de libertad, de comodidad caminando por la calle, nunca la tuve.
En Munich pase totalmente genial, pero la ciudad, como ciudad, me resulto mucho más incómoda que Berlín.


Praga. Turismo.

La_Casa_Danzante_de_Praga_2

Aprovechamos unos días libres que tenía Chichi para irnos a Praga, luego de solo dos noches en Berlin. Nos levantamos temprano y fuimos a la Berlin Haupbanthof (la estación principal de tren, una construcción maravillosa con 5 pisos y dos lineas de Tren, una norte sur y otra este-oeste).
El viaje en tren fue lindo y caluroso, y el paisaje es genial, yendo por el borde de un rio con montañas a ambos lados y pequeños castillos y construcción militares en sus puntas. Por la orilla del rio ya se notaba que estabamos en otro país, con un montón de edificios claramente socialistas y todos los carteles en checo.
Luego de 4 horas llegamos a Praga. Salimos de la estación, y empezamos a caminar en camino al Hostel donde habiamos reservado unas camas. Ibamos caminando panchos cuando de pronto nos cruzamos con una maravillosa torre gotica y negra que salia por detras de todos las casas y callejuelas como si nada y nos pegó como trompada «..oook, así que esto es Praga».
Empecemos por lo obvio, Praga es estúpidamente hermosa. Todo es lindo y maravilloso, las ventanas, carteles, techos, estatuas, decorados y motivos en cada edificio, todo todo todo es genial. La parte céntrico-turística (digamos, lo que es la ciudad vieja y los alrededores del puente) no pueden MAS y esta todo impecablemente conservado, con muchas construcciones de muucho antes de que existiera Uruguay, arquitectura que ni a palos hay en otras partes del mundo. Pero no pasó mas de media hora para darnos cuenta de que habia un GRAN problema en esta ciudad con lo cual no estabamos comodos: Los turistas, o sea, nosotros. Llegamos en temporada alta y las calles estan repletas de gallegos porteños estadounidenses ingleses griegos alemanes uruguayos japoneses y coreanos etc. Creo que vimos más gente extranjera que gente nativa de República Checa. Esto causa que todo en el centro sea bastante caro, todos los locales de esa zona sean turismo-oriented y todas las calles estén llenas de gente que te pecha empuja y sacar una foto a algo sin que aparezca otro turista sacando una foto sea casi imposible..
Y nada, prefiero mil veces perderme entre todo el mundo y vivir un poco la «vida normal» deuna ciudad, hacer lo que ellos hacen, recorrer las mismas calles, no se, empaparse un poco de su mundo. Es mucho más lindo encontrarse un objeto extraño en una feria que comprar un souvenir pedorro o una botellita de absinthe en uno de los ocho mil locales que se dedican a vender esas cosas. Pero es imposible. Y tambien me fue imposible evitar una sensación media amarga de que el mayor problema del lugar y lo que afeaba todo mas eramos nosotros mismos.

En fin, turismo: Recorrimos la plaza principal, cruzamos el Puente Carlos (la estatua de la libertad de Praga, ponele), vimos el Reloj Astronómico (es la puta gloria), nos cagamos de calor, visitamos varias catedrales, nos perdimos en decenas de callejuelas y nos dormimos una pequeña siesta dentro del castillo, supuestamente el castillo más grande del mundo pero que carece de tal gracia ya que se trataría simplemente de una pequenia villa dentro de la ciudad. De noche fuimos a un pubcito llamado Cross Club, con un ambiente muy agradable y una decoración totalmente genial. Era básicamente un pub Steampunk, lleno de engranajes, leds, canerías y tubos, algo que podría ser re terraja pero estaba muy delicado y lindo. En la zona del boliche tenías esa decoración combinada con arboles, adentro la misma decoración pero más elaborada (las piezas y engranajes se movían!) y abajo se podía bailar, lo que parecía ser mucho drum n´ bass y electrónica al palo. Aparentemente, esa música sigue explotando y esta totalmente viva y coleando acá en europa del este.

Algunas pequeñas observaciones: El valor de la corona checa y el peso uruguayo son casi equivalentos. Eso hace que cualquier cálculo para comer sea una papa. Ademas, Praga puede ser muuy barato, especialmente para comer y beber. El medio litro de (deliciosa) cerveza esta unos 30 o 40 coronas. Podes comer prolijo en un bar-restaurant super digno por 100-150. Y la comida esta muy muy bien. La gente en general es muy agradable y se intenta entender bien en inglés. Ante la duda, la gente sonríe. Lo que dicen sobre la belleza de las mujeres en Praga es totalmente cierto: Tienen unos rasgos preciosos y un no-se-qué tremendo. Para Parece ser algo totalmente genético. El subte de Praga es fantástico y tiene las escaleras mecánicas más terroríficas que vi en mi vida: van muuy rápido, son muy largas y van en un ángulo bastante más empinado al que uno esta acostumbrado. El sistema de transporte (como el de Berlín) es lindo y funciona muy bien. También yo pude experimentar lo que es la verdadera vida en un hostel (tm), conociendo un montón de gente de por ahí, gente de sudáfrica, eslovenia e – inevitablemente – argentina. En Praga vimos también muchos Douchebags (de verdad!) y también pude presenciar algúna situación sórdida y douchebag que no voy a detallar pero implicaba gente durmiendo, gente desnuda y gente sacando fotos.
Al siguiente día me quede solo y luego de pasear un poco y tomar un poco en distintos bares aleatorios de por ahí. Fue el primer momento de «viajar solo» y estuvo buenísimo. Estar rodeado de gente en un bar ruidoso causa el mismo efecto por oposición que estar en un lugar sereno y vacío. Y siempre que uno viaja para cualquier lado, también viaja lo mismo para dentro. Al otro día muy temprano compré algo para comer y tomar y me preparé para un viaje de 6 horas en tren para Múnich, que terminó siendo bastante más interesante de lo que esperaba.


Berlín. Primeras impresiones.

Estuve pensando bastante cómo comenzar este post, especialmente luego de haber visitado también otros lugares. Creo que la forma más adecuada es narrando las primeras horas que estuve en Berlín, horas que viví mareadísimo por el jet lag y que pasé dando tumbos, sintiendo que me desmayaba en cualquier momento.
Lo primero que hice fue ir a la casa de mi amigo Tomás, con quien charlamos mucho, tomamos unos mates, comimos pizza y luego simplemente salimos a dar una vuelta, conociendo un poco el barrio donde él vive, Neukolln. Lentamente pasamos por varios canales y puentes, y nos perdimos muy tranquilamente para luego ir yendo a un parque cerca de ahí llamado Treptower Park.
En todo ese trayecto, charlando y observando la gente, las calles y los locales de a poco fui viendo las particularidades de Berlín así como de Alemania, especialmente aquellas que definitivamente no me esperaba encontrarme.
Lo primero y más impactante sobre Berlín, para mi, fue su ritmo. Es la capital de Alemania, una ciudad enorme, y sin embargo es una ciudad muy, muy tranquila y apacible, al ritmo de Montevideo o aún menor. Es una ciudad construida para unos 8 millones de personas pero que tiene tan solo unos 3 millones, entonces da una sensación muy linda de estar ligeramente vacía. No hay muchos autos, ves gente en la calle pero más bien poca, nada de locura desenfreno y velocidad. Fueron pasando las horas y me sentía muy cómodo, casi demasiado.
Lo segundo, que es bastante obvio porque en Alemania es bastante conocido, es su lado «Green», o sea, ecologista. Berlín esta repleto de parques, hay muchos, enormes por todos lados, y son bellísimos y muy desprolijos, en el buen sentido: El pasto no se recorta, y dejan que todo crezca de forma salvaje. Cuando cruzabamos Treptower Park, pudimos ver a un maldito castor nadando apaciblemente por el río. Y estaba yendo a SU DIQUE, que construyó ahí re pancho en el medio del parque. Y ahí te das cuenta que estás en Berlín, capital de uno de los países más ricos del mundo y ahí un fucking castor se copa en hacerse su diquecito totalmente old-school sin problemas.
En Berlín la bicicleta es reina, y hay bicisendas por doquier, que son una calle más y cubren toda la ciudad. Viejos, Empresarios, Jovenes, Inmigrantes, Chetos, Tatuados, tooodo el mundo anda en bici y hay bicis atadas por todos los lugares posibles. Y obviamente la variedad de gente que te cruzas por todos lados es totalmente radical, desde viejos punks que van con toda la dignidad del mundo, pasando por cuasi modelos hermosas vestidas impecablemente, y universitarios comunes y silvestres, y lo mejor es que podés ver un bar y estan todos sentados uno al lado del otro tranquilamente.
Todo esto del lado «Green» de la ciudad con la gente que la habita me llevó a otro concepto que tampoco me esperaba y me impactó mucho, que es básicamente los hilos invisibles que mueven al país y la sociedad, y la política.
Digamos que Alemania es un país mucho más socialista de lo que podríamos considerar a Uruguay o Argentina. Si no tenés laburo, si no tenés un mango, el estado te da plata: De cualquier forma esa plata vas a gastarla en el alquiler, en comida, en servicios: Es plata que es re-invertida en el mismo país. Es muy simple. Si estudías, te pagan, porque bueno estás ESTUDIANDO y lo necesitas para vivir. Por decirlo de una forma, Berlín me pareció muchísimo más compatible con cómo yo siempre pienso que deberían ser las cosas. Hubo un montón de situaciones de escuchar y ver cosas y decir «Claaaro! las cosas acá son como tienen que ser!»
Obviamente no es todo hermoso acá, doy un ejemplo de cómo el sistema tan rígido puede ser un verdadero problema o ser un tiro que sale por la culata: En Berlín, por ejemplo, estan prohibidos los locales en la calle. Pero, legalmente, vos si tenés algo en tu mano lo podes vender. Entonces – esto es increíble – hay puestos de locales de panchos donde el vendedor lleva el puesto ENCIMA SUYO, como una especie de carrito que lleva encima suyo y pesa una tonelada. Y cómo no fuese suficiente, otra norma obliga que cualquier local tiene que tener un tacho de basura, entonces el pobre hombre/local de panchos lleva en su espalda UN TACHO DE BASURA, en forma de mochila. Son dos leyes que de por sí podrían ser totalmente benignas y que juntas crean una atrocidad cómo esa, y no da para nada.

Otro tema mucho más jodido sobre Alemania es el sistema educativo. A rasgos básicos es algo así: A los 10 anios de edad, por un método de examenes y un poco arbitrario, se decide que qué tipo de carreras podés hacer. Son tres opciones, una es la Universitaria, otra sería para trabajos «White collar» y una tercera para trabajos «Blue Collar». Hay posibilidades de pasar de una a otra, pero requieren de cualquier forma terminar tú carrera y luego estudiar unos anios extras que te permitan entrar en las otras «categorias». Esto termina siendo un sistema super segregario donde la gente blue collar ni a palos se dan con otra gente white collar, viven en otros barrios, consumen otra cultura, etc, etc. Es rarísimo y bastante heavy, además de que nos rompe las pelotas a nosotros que tenemos tan en la piel el concepto de «Libre albedrío»(que la mayoría de las veces no es tan así, ya que no cualquiera puede estudiar hasta los 28 anios sin trabajar para ser médico, peeero..).
Sin embargo este sistema cuasi-medioevo tiene sus ventajas: Los trabajos manuales son carreras muy profesionales, digamos, y se pagan bien. El promedio de vida de los pintores, obreros, etc, es bastante más alto que al que estamos acostumbrados. Son carreras respetadas además, y también causan que todo este construido IMPECABLEMENTE: Las calles, los edificios, todo esta en otro nivel ya que eventualmente esta todo armado con gente que estudio 10 anios para hacer todo perfecto. En Munich llegué a ver obreros colocando baldozas en la calle y era un proceso super metódico y lento, colocando el nível y martilleando delicadamente para que el piso quede perfecto.
Por último y para cerrar este post de primeras impresiones, es fascinante cómo uno puede ver la historia reciente en las calles, en los monumentos, en todos lados. Acá podés encontrar estatuas con rifles, metralletas, de eventos que ocurrieron hace muy, muy poco. Y no hay monumento más ejemplizante de esto que el Treptower Park, un monstruoso parque a lo Taj Mahal que funciona como cementerio para unos 4000 soldados rusos que murieron en la guerra. En el centro del parque encontramos una estatua GIGANTE de un soldado, con una bebé en brazos, y con una espada rompiendo una esvástica bajo sus pies. Alrededor, un montón de placas con frases de Stalín. No solo es increíble que haya un monumento soviético en Berlín (sería el equivalente a encontrar en Paraguay un monumento feliz refiriendo a la guerra de la triple alianza) sino que además impacta la grandilocuencia de todo ese parque. Es un monumento creado para que duré mil anios, construído hace 50, y que es todo un homenaje a una ideología que ya no existe ni seguramente tenga validez jamás.
Esto es por ahora. Lo próximo será sobre Praga, Munich y seguramente un poco más sobre Berlín y las particularidades de Alemania en general.