La serie. The Office es una serie inglesa creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant en el 2001 que duró dos temporadas. La serie narraba la vida a diario en una oficina de una empresa papelera en el pueblo de Slough en estilo mockumentary, centrándose en la figura infame del jefe de la oficina, David Brent, interpretado por Gervais mismo. En poco tiempo la serie era reverenciada como una verdadera revolución en las sitcoms. En el 2005 NBC empezó a producir una versión para USA protagonizada por el ascendente Steve Carell que aunque mantenía todas las ideas de la original tardó muy poco en tener una identidad propia que la convierte en una serie por derecho propio y no en solo «la versión yanki de The Office«.

La opinión. The Office US es la mejor serie cómica en producción y casi la mejor sitcom desde que terminó Seinfeld, solo superada por Arrested Development (hay algunas cosas que no pude ver por diferentes cuestiones, pero dejemos pasar eso). ¿Por qué? A eso voy ahora.

La argumentación. Es difícil hablar de la originalidad cuando se discute un producto adaptado, pero como ya dije, The Office US tiene suficiente identidad y méritos propios como para ser considerada un poco más que solo una adaptación de The Office UK y son especialmente esos méritos propios los que creo que la hacen la mejor serie del momento y sobre los que quiero hablar.

Comparte con su contraparte inglesa todas sus virtudes. Excelentes interpretaciones, comedia basada en personajes y no en chistes, el estilo mockumentary y la eliminación de las risas grabadas. Estas cosas, aunque no son originales ni únicas, no son poco.

Tengo la teoría de que mejor es una comedia mientras menos depende de los chistes para ser graciosa y más se basa en los personajes y las situaciones eliminando de por sí el cliché del personaje gracioso que hace comentarios agudos. Este estilo empezó a verse más entre muchas series surgidas en los últimos años, series más originales y, lo mejor de todo, sin laugh track. La eliminación de las risas pregrabadas es el mejor favor que series como Scrubs, Curb Your Enthusiasm, Arrested Development y la que nos ocupa nos pudieron hacer.

Recuerdo a Slavoj Zizek describiendo una situación en la que la gente llega del trabajo, pone la tele, mira una sitcom cualquiera con risas grabadas, y aunque no se ría ni una vez, lo termina de ver con la idea de que se divirtió por que la televisión se río por él.

Las risas grabadas están passè. Atan a las sitcoms a un estilo obsoleto en el que Seinfeld fue la mejor y no va a ser superada, así que no vale la pena seguir intentando. Ya está, ya fue hecho, Seinfeld mató a ese estilo, lo cerró y lo superó. Es hora de pasar a otra cosa. Algunos no necesitamos que la televisión se ría por nosotros, ¿ok?

Bueno, pero dije que además de todo esto el programa tenía méritos propios que no eran los de la original, ni tampoco los de las demás series que mencioné. Bueno, los personajes de The Office tienen una profundidad inusual y posiblemente sea la sitcom que mejor trabaja este aspecto de todas las que yo haya visto. Esto no es tanto porque los personajes de la serie sean únicos y sobresalientes, ni algo jamás visto, sino porque en las sitcoms clásicas los personajes no existen. Los personajes son un conjunto de clichés basados en un arquetipo clásico y cada uno cumple una función en la serie. Por supuesto en The Office también hace esto a algún nivel, pero el desarrollo de los personajes es gigantesco en comparación con la sitcom promedio.

Ese desarrollo del que hablo se debe básicamente a lo que para mi sí es el gran mérito de la serie, algo que The Office consigue y que ninguna sitcom había logrado realmente, sin importar cuán character-driven haya sido: The Office es la primer sitcom con historia. No hablo de una historia que funciona como una premisa y nada más, en ese sentido hasta Seinfeld tiene historia (y no la tiene, por algo era «la serie sobre nada»), estoy hablando de historia de verdad, en el sentido de una historia que te de ganas de ver el siguiente capítulo para saber como va a seguir. No es algo que nadie haya intentado. Si recuerdan las última y abominables temporadas de Friends, por ejemplo, recordarán que para el final el humor ya no existía, el tiburón había sido saltado ya hacía tiempo y el único motor de la serie eran los personajes. El problema es que era Friends y, ¿a quién carajo le importaban los personajes de Friends? Si simplemente no existían. Todavía estoy tratando de entender como lo miraba tanta gente. En las sitcoms clásicas, con personajes cliché unidimensionales sin ningún tipo de desarrollo es imposible tratar de sacarlos de ese lugar y construir una historia relevante. Simplemente imposible.

Las sitcoms bien basadas en personajes pueden hacerlo, pero todavía ninguna lo había intentado. Una serie como Arrested Development tiene historia pero no es importante, nadie se pregunta que va a pasar porque la serie misma se ríe de eso poniendo en cada capítulo avances falsos del próximo en los que pasan cosas que jamás van a pasar, o peor, cosas que serían relevantes para la historia o cierran lo que pasaba en el capítulo pero que simplemente no mostraron y no van a mostrar. Curb Your Enthusiasm ni siquiera tiene guiones. The Office en cambio, tiene una historia que realmente funciona.

The office UK era excelente pero no tenía eso. La historia era un esbozo para que se desarrollara la serie y el personaje de David, el jefe (que en la americana se llama Michael), era solo un idiota infame insoportable que daba ganas de que exista de verdad para poder cagarlo a trompadas. La americana en cambio hizo de Michael un personaje más amplio, no es solo insoportable (sí es idiota), es un personaje completo, y Steve Carell lo interpreta genialmente. El que sí mantiene el mismo espíritu que en la original es el personaje de Dwight que en la inglesa era Garreth. En las dos es un freak, un psicópata, un idiota y el personaje más gracioso de la serie, aunque no podría decir cual es mejor.

La recomendación que no puede faltar en un post (precedida de una pequeña teorización sobre las series en general). La dinámica de las series es siempre igual, no importa que serie sea. La calidad a lo largo del tiempo marca una curva ascendente (creo que incluso en las que nunca son buenas) con el punto más alto aproximadamente en el medio y el punto final un poco más arriba o mucho más abajo que el punto inicial. Empiezan de una forma preestablecida, en un molde demasiado fijo, con una idea demasiado específica, se ve como funciona, se desarrolla, muchas cosas cambian, algún personaje gana más importancia, otro la pierde y la serie llega a su plenitud, después llega el inevitable salto del tiburón y todo es cuesta abajo de ahí en más. (Sostengo que Seinfeld nunca saltó el tiburón y es la única excepción a la regla, pero igual coincido con todo el mundo en que el mejor momento es la etapa central entre la cuarta y la sexta temporada, aunque a mi me encantan las últimas también). The Office en este momento está en su momento de plenitud, no podemos saber cuanto va a durar, ni este momento ni la serie (el mundo es injusto en este sentido, lo aprendí después de ver como cancelaban Arrested Development en la tercer temporada y que por ahora no hubo encargo de una cuarta temporada de Veronica Mars) pero en este momento es, y va a seguir siendo mientras siga a este nivel, la mejor serie en producción. Y no van a querer decir que se la perdieron en su momento, ¿no?


Estas cosas son de las que uno no se espera: En Sao Paulo prohiben los carteles en la via publico, reparto de volantes, publicidad en medios de transporte, etc. Demasiado bueno para ser cierto. Aca algunas imágenes de carteles desiertos. Es fantástico como (en el articulo) los publicistas tiran cualquier fruta para evitar que saquen los carteles.

«I think this city is going to become a sadder, duller place,» said Dalton Silvano, who cast the sole dissenting vote and is in the advertising business. «Advertising is both an art form and, when you’re in your car or alone on foot, a form of entertainment that helps relieve solitude and boredom.»

anda flaco, tomatela.

(via kottke)


Kommunist Ukraniane Disko

Los representantes de Ucrania para Eurovision de este año son unos dementes absolutamente geniales. Es increíble como logran sonar como una canción comunista para agilizar la producción en las fábricas, una melodía folklórica tradicional de campesinos borrachos y un hit synth pop de un futuro no muy lejano…pero imaginado en los ochenta.
Incluye parte lenta del medio en que casi casi se transforma en una balada!.

(Via mvc)


Este video es genial: John Cage, ¡en la TV! ¡En 1960! Tocando una de sus obras en vivo. Es gracioso como se muestra de una forma casi humorística – mientras abre ollas, le pega al piano, tira radios (que tendria que prenderlas pero no lo dejaron entonces las tira cuando tendria que prenderlas), etc.

Moore: «Mr. Cage, these are nice people but some of them are going to laugh. Is that alright?»

Cage: «Of course. I consider laughter preferable to tears.»

(via boingboing)


Ultima Parada a Trafalmadore.

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Mi primer Vonnegut lo compré durante unas espantosas vacaciones en un balneario de la costa Atlántica. Estaba rodeado de gente con la que pronto no tendría nada que ver y una persona con la que tenía demasiados asuntos pendientes. Recuerdo que contaba en mi cabeza los días que faltaban para irme. A pesar de todo intentaba convencerme de que la estaba pasando bien, y parte de esta tarea (quizás la más grata) era recorrer librerías. En una de ellas encontré una edición, tapa blanda de Minotauro, de “Las Sirenas de Titán”.
A los dos días, en otra librería de viejo, me encuentro con “Dios Lo Bendiga, Señor Rosewater”, acreditado a “Kurt Vonnegut, Jr.”. Por 4 pesos lo compro igual. Volví a mi casa seguro de que había comprado libros del padre y del hijo. No recuerdo como me di cuenta de mi error. En ese entonces no había wikipedia.
En ese febrero caluroso, como todos, en esas vacaciones que en las que mas tiempo tuve en mi vida, me devoré “Las Sirenas de Titán” y me maravillé ante el profundo y auténtico sentimiento que desprendía esa novela, ante uno de los finales mas agridulces, esperanzador y melancólico, ante el humor tan ácido que parecía quemar las paginas y ante el delirio que lo mantenía todo unido, cohesionado, como un hermosa plasticola, “Glue-A-Thon”, que venden en tarros de medio litro.

“Dios Lo Bendiga, Señor Rosewater” fue leído en rápida sucesión y me desconcertó: todo el tiempo estaba esperando alguna resolución, una trama de ascenso-y-caída o redención para el personaje principal, pero lo único que parecía decirnos Vonnegut era que las decisiones que uno toma, aunque erróneas y patéticas, son más nobles que la fábula del éxito.
Y la imagen que siempre recuerdo es la del despacho de Elliot Rosewater, mugroso, lleno de moscas y diarios y suciedad por todas partes, donde duerme ese gordo en camiseta y calzoncillos, ese tycoon arruinado, que por su adhesión a cierto ideal humanitario esta vencido (y que trae ecos de Fitzgerald y Hughes y Rockefeller), igual que ese país que lo contiene y que esa humanidad de la que es parte y ese mundo que lo ampara.

Sobre “Matadero 5” se ha escrito demasiado y casi todo es cierto. Cada hipérbole, cada halago significativo, cada intento de inscribirla como una novela importante es cierto.
A pesar de que ahora salgan a decir que los bombardeos en Dresden no fueron tan terribles y que “si era un blanco estratégico” o que las cifras de muertes eran menores, eso no hace que la condena de Vonnegut a la profunda estupidez humana sea menos importante. Y tampoco disminuye su fanática búsqueda de sentido y belleza en una narración que es capaz de contener ese suceso espantoso.
Sin embargo, el recuerdo mas duradero de esa novela, para mi, es el haberla comenzado en un viaje en colectivo a Buenos Aires, en el que no sabia bien que me esperaba, leer sobre Billy Pilgrim y su epopeya absurda, mirar por la ventana al sol que se reflejaba en la ruta y pensar que todo iba a estar bien.

Vonnegut comparte con Ballard, con Dick, con Bester, la torpeza de ser calificado como un “escritor de ciencia ficción”. A pesar de que yo amo a los géneros, a veces siento que esto es un poco injusto. Porque en definitiva lo que Vonnegut hacia era sencillamente rehacer o moldear un poquito diferente el mundo para devolvernos una imagen paródica y deformada y advertinos que cosas que dábamos por sentado, que pensábamos que estaban bien, con un solo empujoncito, con una exageración mínima, se convierten en algo terrorífico que asemeja al gas del Joker: uno se muere con una sonrisa forzada en la cara. Como Ballard o Dick fue un escritor de nuestra época, que prefiguró muchos de los males del siglo. Por momentos su sistema me recuerda ese poema tan hermoso de Robert Graves, “In Broken Images”:

He is quick, thinking in clear images;
I am slow, thinking in broken images.

He becomes dull, trusting to his clear images;
I become sharp, mistrusting my broken images,

Trusting his images, he assumes their relevance;
Mistrusting my images, I question their relevance.

Assuming their relevance, he assumes the fact,
Questioning their relevance, I question the fact.

When the fact fails him, he questions his senses;
When the fact fails me, I approve my senses.

He continues quick and dull in his clear images;
I continue slow and sharp in my broken images.

He in a new confusion of his understanding;
I in a new understanding of my confusion.

Sin embargo, lo que diferenciaba a Kurt de ellos es que lo que lo preocupó fue la manera en que nos relacionaríamos entre nosotros en un mundo en el que las relaciones reales se volverían cada vez más difíciles y deshumanizadas, corrompidas por el cinismo o la bestialidad.
Alguien debería acordarse de “La Pianola” y del horrible ambiente de corrección política, de la inescapable convicción de los ingenieros de tener la verdad, de su apego al pensamiento único y a la manera “correcta”, ritualizada, osificada de hacer las cosas y (sobre todo) de la revolución final, fallida pero jubilosa. Y quizás estremecerse un poco.

….

Kilgore Trout si era un escritor de ciencia ficción. Sus novelas se venden en negocios de porno, publica dos o tres por año y todo evoca la época de los pulps y las primeras revistas de ciencia ficción y los primeros comics, donde todos esos maravillosos panfletos que nos pervertirían eran desechables y material solo digno de entretenimiento escapista.
Pero sin embargo, uno intuye, mirando los maravillosos títulos de las novelas de Kilgore Trout que nunca existieron (Dr. Schadenfreude, The Gospel from Outer Space, Gilgongo!, First District Court of Thankyou) que en realidad era un visionario, un loco genial que gritaba desde una montaña y no conseguía un megáfono lo suficientemente fuerte como para que se lo escuche.
Y la manera en que el mensaje de Kilgore Trout les llegaba a los personajes de sus libros y les infundía de una misión o un sentido o una filosofía, es análoga a la manera en que la ciencia ficción, los comics, los policiales negros, se infiltraron en nuestras mentes y nos volvieron estos gloriosos “monstruos esperanzados”. Esperanzados de que exista un mundo mejor entre todos los posibles o de que, a pesar de fracasar, no por eso hay que darse por vencido en intentar construirlo.

Anteayer me llego un mail sin título, de la ultima persona de la cual podría esperarlo, solo conteniendo un link. Lo abro distraído y cuando leo “Kurt Vonnegut…” me aumentan las palpitaciones y me pongo un poco nervioso. Recuerdo que el otro día estaba pensando en que Vonnegut estaba viejo, que ya tendría cerca de 90 (en realidad tenia 84) y que, fumando dos cajas de Pall Mall por día (“Una manera de cometer suicidio con clase”, explicaba), ¿cuanto mas iría a aguantar?.
“Kurt Vonnegut Dies at 84” o algo así era el titular. Y busco confirmaciones y las encuentro por todas partes.
De golpe me invade una triste enorme que tiñe todo lo que veo de un espantoso color gris, como la polución de esta ciudad y sus cielos y su calor. Me pregunto como iremos a seguir sin Kurt, sin su profunda empatía y su alegría y su sonrisa burlona (a pesar de que fuese un depresivo crónico) y sin sus finales melancólicamente esperanzadores y sin Kilgore Trout.
Pero unas horas mas tarde encontré esa edición de “Cat’s Cradle” en inglés que compre hace poco y todavía ni abrí, mirándome burlona sobre mi mesa de luz y susurrandome algún tipo de respuesta.