Man Of Kleenex.

superman in the sun

(Cuidado: este post está plagado de spoilers).

En primer lugar, amo a Superman. Este es un amor que es muy difícil de explicar para la inmensa mayoría de personas que nunca leyeron un comic de superhéroes e inclusive para varios de los que han pasado todas sus vidas leyendo, coleccionando y obsesionándose con ellos. Existe ese prejuicio, estúpido, de que Superman es vainilla, aburrido, simplón, un mojigato, un santurrón. Existe esa estúpida comparación con Batman, que se transmite de generación en generación y que posiciona a Batman como la contraparte cool y oscura y peligrosa y violenta que está-bien-que-te-guste. El amor por Superman es difícil de explicar pero creo que puedo ponerlo, de algún modo, así: Superman, para aquellos que nos gustan los superhéroes por lo que potencialmente representan y no por sus elementos estilísticos pasajeros o por sus vicios más comunes, es el ideal platónico de todo aquello que está bien con el género. Es un personaje que corporiza todo lo que es bueno, y decente e inspirador, un personaje que debería darte ganas de ser mejor, de ser un poco como él. Superman tiene esa misma simpleza, esos mismos colores brillantes y ese mismo anacronismo de una época en que se creía en la humanidad y en la hermandad y en que los países avanzan tomados de las manos hacia la iluminación, que el Capitán América, otra creación que toca las mismas fibras morales y que mucha gente encuentra difícil de tragar. La sonrisa de Superman, su capa flotando al viento, su compasión, es quizás lo más cerca que he estado de creer en alguien que puede hacer que todo esté bien.

En segundo lugar, amo a DC Comics. El momento en el que uno decide amar una compañía editora de comics, o una saga de ciencia ficción o cualquier porción de ficción serializada, es un momento oscuro e irreconstruible de la memoria, que te condena de por vida. Tiene mucho de similar al momento en que decidís seguir a un equipo de fútbol, las mismas decepciones, los mismos escasos momentos de euforia, la misma mezcla de esperanza y abatimiento que te hace creer que la próxima revista, el próximo equipo creativo, el próximo campeonato todo será mejor. En mi vida el momento decisivo tomó la forma de elegir, en algún momento de mis 10 años, vender todos mis comics de Marvel para poder comprar más de DC, “limpiar” de forma completa mi colección para tener la mayor pureza. Ser fanático de DC hoy en día en que las batallas entre ambas editoriales se libran en múltiples terrenos es luchar contra la corriente con la cabeza gacha. Una espantosa línea editorial, muchos artistas alienados por ella, comics producidos por kilo que parecen surgidos de la mente de un interno encerrado en un cuarto desde los noventas, la disminución de perspectivas originales y de la posibilidad de publicar proyectos de una escala más artística, y (y este es el costado que más se observa desde el exterior, desde el mundo real) una campaña filmográfica patética, tristísima, que solo tuvo un punto alto (que a esta altura parece una casualidad) en The Dark Knight y luego una estrategia caótica, azarosa, una actitud de “probemos todo a ver que se sostiene con un poco de moco”. Y, sobre todo, una falta total de sinergia, un fracaso absoluto para transmitir aquello que es su valor más importante, la existencia de un universo interconectado, en la pantalla.

En tercer lugar, odio a Zack Snyder. Su patética carrera nunca produjo nada de valor y no puedo creer que todavía le den chances, que todavía confíen en él como un posible elemento de grandeza para una película basada en un comic, que todavía esté asociado a tan noble arte.

Ese era, entonces, mi marco mental a la hora de ir a ver Man Of Steel. Quería, desesperadamente, que fuese buena, quiero una buena película de Superman durante mi vida, pero sabía que tenía que superar enormes dificultades para que ello sucediese. Eso quizás explica mi benevolencia a la película durante su primera hora, hora en la cual llegué a hacer una pequeña lista mental de cosas que me gustaban: la representación de Kriptón como una sociedad moribunda, el momento en que vuela por primera vez, la frase “they will join you in the sun”, Michael Shannon como Zod, parado en un campo de calaveras. A pesar de su argumento fino como una hoja (Superman llega a la tierra, se cría aquí, luego llegan kriptonianos malvados que quieren destruirla y volverla Krypton, pelea, final). Durante la segunda mitad, en la cual la película se transforma en una sola y gigantesca escena de lucha que no da respiro, inclusive logré encontrar algunos rayos de esperanza, me gustaba un poco que las apuestas sean tan altas, tan caricaturescas, “voy-a-destruir-el-planeta”. Eso es Superman, ese nivel de escala intergaláctica. Pero luego llegó el espantoso momento en que toda mi buena voluntad fue obliterada.

Cuando me di cuenta de lo que estaban haciendo, que estaban preparando la escena para que Superman tenga que elegir entre matar o morir (o dejar que alguien muera) mi columna vertebral se puso fría y supe, por puro instinto, que en ésta película no estaba reunido el talento necesario para que la salida fuese feliz, para que la resolución fuese aquella que Superman tomaría: “hay otra manera, una mejor manera”. Cuando sonó el sonic boom que marcaba el desnucamiento de Zod solo pude llevar mi cara a mi mano en señal de desesperación.

Y a partir de ese momento de profundo error conceptual, toda la película se comenzó a deshilachar ante mi mente. Superman no mata, nunca. Comencé a ver el andamiaje Nolaniano que forma el esqueleto de Man of Steel. Es tan pronunciada la influencia y el control de la visión Nolan de unos superhéroes Épicos, Ambiguos, Pesados, Graníticos, Sufridos que la mayoría de los vicios de Snyder están ausentes. Sus colores, su ralenti, su profunda grasada. En cambio las marcas de estilo son colores acerados, shaky cam, el absurdo intento de filmar una película de superhéroes como si fuese cinema verité.

Man of Steel es una película que, a partir de ese momento, se vuelve progresivamente peor cada hora que pasas afuera del cine. ¿Qué necesidad de filmar la muerte de Jonathan Kent de esa forma pesada y sacrificada? La muerte de Jonathan Kent no es una tragedia a lo Spider-Man, la muerte de Jonathan Kent, en el universo de Superman, representa su aprendizaje de que no puede hacerlo todo, de que hay ciertas fuerzas, como la muerte, que no puede controlar. Por ello es necesario que su causa sea trivial, mundana, algo con lo que todos se pueden relacionar, no un tornado gigantesco que se lo come en un momento de heroísmo y sacrificio. Esto es un ejemplo de la negativa influencia de Geoff Johns en DC en los últimos años, de su tendencia a dar a estos personajes un trauma de origen que generalmente tiene que ver con un padre muerto o ausente.

¿Por qué esa necesidad de subrayar el paralelismo Superman-Jesús de una forma que trata a su audiencia como si fuésemos retardados? O sea: el nivel de representación es “Superman-en-una-iglesia-con-un-vitral-de-Jesús-detrás”. Ahora bien, este paralelismo es algo que molesta a muchos fans, pero es algo con lo cual yo no estoy necesariamente en desacuerdo. Si se relaciona de manera genuina con una faceta del personaje que está ahí, con su costado inspirador y salvador a través del mejoramiento de uno mismo. Pero la manera en que Superman transmite ese mensaje es, sobre todo, secular. Superman es un héroe del particular individualismo y optimismo norteamericano de principios de siglo, es un inmigrante y a la vez es un héroe de ciencia ficción y de la técnica y del futuro. Es un alienígena y un viajero espacial y un científico y apunta a aquello que podríamos ser a través del conocimiento, de la aplicación del poder de forma iluminada y para el mejoramiento total de la sociedad.

Luego está la ausencia total de una identidad secreta, lo absurdo de enviarlo en un peregrinaje de preparación por el mundo que grita “¡Quiero ser Batman!” con tanta desesperación que da vergüenza. Le quita toda la profundidad de la relación Clark Kent- Superman, que le da a Superman una empatía con su raza adoptiva fundamental para su caracter. El hecho de que Lois Lane conozca quién es desde el principio, en este contexto, es irrelevante, ya que Clark Kent NO ES NADIE. No es un periodista idealista ni un investigador ganador del Pulitzer, ni un joven de Kansas bondadoso y sureño, ni nada que se le parezca. Algo que se reproduce en casi todos los personajes de la película, especialmente con los miembros del Daily Planet que no existen más que para ejemplificar abstractamente sobre el valor de la humanidad en escenas donde se rompen cosas. No sabemos que el pelado es Steve Lombard hasta la última media hora.

Y luego hay más cosas: la escena final transpira tanta angustia por ser Más Grande Que La De Los Avengers que termina siendo agotadora; a partir del momento en que Cavill se pone el traje parece desconectarse del personaje y no encontrarlo nunca más; ninguno de los villanos kriptonianos más allá de Zod tiene personalidad; lo único que importa es la herencia kriptoniana, no el costado humano de Superman; hay una repetitiva insistencia en el destino y lo especial que es el Hombre de Acero que elimina otro gran elemento de su personalidad: Superman elige, Superman decide trabajar para el bien y en esa pequeña y básica decencia humana también está su grandeza. Pequeños y no tan pequeños detalles que se van acumulando cuanto más recordás la película.

¿Y saben que es lo peor de todo esto? Que estamos atascados y condenados a esta visión Nolaniana, trágica, tristísima de los personajes de DC. Estamos predestinados a que la visión efectiva y no-muy-descollante-pero-que-está-bien de Joss Whedon sea el pináculo del género en el cine. Estamos atrapados, malditos a seguir alentando un equipo que jamás nos va a dar satisfacciones. DC no logró importar su universo a un mundo cinematográfico, pero si logró capturar un elemento secundario y profundamente deprimente de leer historietas de superhéroes: ese sentimiento de que, quizás, en algún momento, eventualmente, en el futuro, las historias se van a poner mejores, solo para que te rompan el corazón una y otra vez.


6 comentarios en “Man Of Kleenex.

  1. Licluc

    Excelente! Me la paso mandando gente para acá, después de que ven la película. También me encantó este post de io9: io9.com/the-most-important-scenes-from-man-of-steel-as-i-remem-516405346

  2. sagan

    Mi título alterno para la película es «SuperPuncher: Guerrero de Otro Mundo» o «Asesino del Espacio: Los Discursos de Papá.»

  3. Pingback: Reflexiones pop (sobre las ruinas) | La Biblia de los Pobres

  4. Pingback: #9: El Placer y la Furia | Nuclear

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.