Mala Onda

3 Bandas que reescuche y que me di cuenta que no estaban tan buenas:

a) New Order
Esta fue la más notoria. Ok, tienen temones como ‘Blue Monday’ y ‘Bizarre Love Triangle’ pero el brootherhood y el low life, luego de no escucharlos por un par de años, me dejaron muy frío. Es medio incomprensible lo que quieren hacer ahí. Porque no llega a ser música bailable, no rock, ni post-punk, ni pop del todo, y la mezcla en si como que no funciona, se queda muy a medio camino. Comparandolo (injustamente) con otras bandas del periodo se los comen con panes.
Hay como algo inseguro, torpe en la forma en que están armados los temas. Digamos que me quedo escuchando Depeche Mode o Erasure. Y Peter Hook, que en JD es de mis bajistas favoritos de todos los tiempos, se convierte en un payaso que solo hace la misma linea de bajo en la misma escala en todos los temas. Triste.
b) Pavement
El caso con Pavement no fue tan grave, pero también me dejaron un poco frío. Al mismo tiempo me di cuenta que lo que más me gusta es su paleta de sonidos y timbres. ¡Esas guitarras! También es sorprendente lo horrible que es el baterista, y también lo poco que importa – porque hay temas geniales.
Pero en si hay algo con malkmus (personaje que me cae bastante simpático), en su lirica, que me molestó. Quizás no estoy ahora en el mood para tanto tongue-in-cheek, o comentario al pedo, o que se me ponga a hablar de la voz de Geddy Lee. Digamos que entendí porque a tanta gente le cae tan para el orto y lo toma como la epítome del «pretentious hipster».
c) Sonic Youth
Hace poco hablaba con Amadeo acerca de su aversion por esta banda (que me dejo muy sorprendido) y le arme un micro-mixtape con mis temas favoritos de Sonic Youth, lo cual me hizo revisar toda su discografía. SY todavía fueron una importantísima banda para mi y fue una gran banda gateway en mi adolescencia (junto con Radiohead y Aphex Twin), pero tampoco son LA banda. Tienen varios problemas para hacer buenas canciones pop y como cantantes el que rescata a la banda como siempre es Lee, que no entiendo porque siempre se limita por un par de temas por disco (o quizás es una maniobra genial de el para quedar como el gran compositor y dejar solo sus mejores temas!). Podría hacer un compilado genial con temas como ‘Tom Violence’, ‘Beauty Lies in the Eye’, ‘Brother James’, ‘JC’, ‘No Queen Blues, ‘A Diamond Sea’, y muchas más, pero, digamos, puedo comprender que a Amadeo nunca les haya cabido.
O más bien paso mi periodo de ellos y me interesan otras cosas.

3 Bandas que reescuche y que me di cuenta que son mejores de lo que recordaba:

a) Pixies
Los Pixies seguramente son la banda que menos envejeció del periodo de finales de los 80’s / principios de los 90s. Quizás sea meramente por una cuestión de producción, de que no usaban nada muy obvio que marcara esa época (ni la anterior ni la posterior), pero siguen sonando muy frescos. Kim Deal es una cantante increíble, quizás no se note a simple vista pero hace justamente lo que deberia hacer, y todavia no entiendo como Joey Santiago no fue más imitado de lo que es. Ya hablamos en comentarios del parecido de la apuesta vocal de Black Francis a la de David Thomas, pero igual me parece que aporta su idea y lírica única, especialmente en los primeros discos (cuando se va al lado mas delirante de ovnis y etc ya aburre un poco).

b) Stereolab
Que infumables me parecian los discos de Stereolab cuando los conocí. Citando un poco a Matthew Perpetua, lo genial de Stereolab es cuanto les chupaba un huevo quedar como los intelectualoides frívolos que son. «Si, nos encanta el krautrock, los sintetizadores modulares de los 60s, Burt Bacharach y el Punk. y encima le metemos letras marxistas cantadas al estilo de Free Design. Y encima hacemos que de esa ensalada ridícula salga algo bueno. ¿Y que?» Tambien escuchando otros discos me doy cuenta que son mucho más variados de lo que parecen ser. El Dot and Loops suena bastante distinto a los otros, y no conocía su lado más tradicional y conocido krautnoise hasta recien escuchar estos dias el Transient Random-Noise Bursts with Announcements. Y es mucho más violento que el Emperor Tomato Ketchup, por ejemplo.
c) Dinosaur Jr.
Que banda que no le di pelota y me causaba un meh horrible. Re-escuchando el Bug me di cuenta que Mascis (además de sus obvias virtudes como guitarrista) tambien arma grandes melodias de voz. Siguen siendo en si una banda con una paleta no muy amplia pero que no importaba tanto. Próximos deberes: revisar su discografía y letras.


Those God-Damned Dead End Kids.

Deadenders ocupa un lugar desolado en la bibliografía de Ed Brubaker. No es su hermoso revival noir de Catwoman, no es su reformulación de los policiales en Gotham Central, no es su Capitán América paranoico, no es sus primeros comics indie apreciados por todas-las-personas-correctas. Deadenders es una serie huérfana.
Esto no es tan curioso cuando uno recuerda que la publicó Vertigo. El imprint de DC tiene la mala costumbre de dejar morir series prometedoras (¿alguna vez tendremos la oportunidad de ver algo tan loco como The Minx por parte de Milligan?) en la cuna. Esta serie fue publicada entre el 2000 y el 2001, un momento raro en el imprint, con Preacher terminando, su capacidad para exprimirle dólares a los niños goth fanáticos de Sandman también, Transmetropolitan con menos de un año de vida y un largo trecho aún para Y y Fables. En ese ambiente es que se lanzó Deadenders (Igual pareciera que en Vertigo siempre hay un ambiente raro, siempre todo esta a punto de cancelarse, siempre van a hundirse cuando cierre su próximo “éxito”).
Casi sin promoción, con un equipo creativo que estaba muy lejos de ser estrellas (el arte lo provee Warren Pleece, del cual se hablará mas adelante), situada en un escenario post-apocalíptico que prontamente podía revelarse como un cliché…No es ninguna sorpresa que solo haya subsistido 16 números. Solo se publicó un trade paperback que, calculo, hoy en día esta fuera de publicación. Hundida casi sin rastros. Pero hay vida en estas páginas aun. Y, más importante, hay ambiciones destrozadas.

En el primer número conocemos a Bartholomew “Beezer” Beezenbach, un adolescente rebelde que solo quiere andar en su Vespa, cometer pequeños robos, meterse anfetas y, básicamente, ser insoportable con todo el mundo. La vuelta de tuerca esta en que todo se desarrolla en un futuro cercano, apocalíptico, en una ciudad gigantesca (piensen The City de Transmet, pero mucho menos glamorosa. Si, menos) dividida en distritos de acuerdo a clase social. El sol desapareció hace 19 años, tapado por un cielo permanentemente marrón, y los únicos distritos que tienen clima artificial son los más ricos. El resto se tiene que contentar con suburbios casi destruidos, gente que camina por las calles con las orejas apuntando al cielo esperando que caigan las bombas, cielo marrón mierda y estrictos controles de frontera para que no se cuelen en los sectores afluentes.
Pronto conocemos a los amigos de Beezer: Jasper, Mikey, su novia Sophie, su prima Corey y su rival / amigo Hal. Todos son un montón de post-adolescentes slackers que se dedican, al igual que nuestro héroe, a la nada misma. Perder el tiempo en el restaurant donde trabaja Sophie, drogarse, andar en Vespas, robar autos. Todos son mods, pero tienen filosofía punk. Son chicos que no quieren crecer y a los cuales el Cataclismo les ha dado la excusa perfecta para pensar que mañana no será nada mejor que hoy, entonces ¿para que molestarse?. Al mismo tiempo, no hay figuras paternas ni ningún tipo de ley superior que gobierne sus acciones. Beezer, nos enteramos en el primer número, es adoptado, lo cual lo vuelve una figura sin raíces, sin enseñanzas, obligado a crecer sin modelo y desinteresado en construir uno con su responsabilidad personal. Las autoridades, la policía, el gobierno, son una especie de instancia última, lejanísima, desinteresada en ellos a menos que se manden una gran cagada. Si se drogan y roban autos está todo bien. Nadie trabaja. Lo único que les resta es dejar un cadáver hermoso. Y el mismo Brubaker subraya esta sensación inminente de no future al matar a Jasper en el primer número.
Bueno, no lo mata, lo hace tener un accidente a causa de Beezer y sus visiones. Ah, claro, olvidé mencionarlo: Beezer tiene visiones de la vida antes del Cataclismo y el gobierno de la ciudad lo anda buscando. El accidente de Jasper provee el impulso para el primer arco argumental, “Stealing The Sun”, en el que Beezer se propone robar una máquina de clima de los suburbios ricos para proveerle a su amigo de una primera y última tarde de sol en la playa.
Si ese argumento les parece un tanto cliché, un tanto medio pelo, es porque lo es. Deadenders esta plagada de esas situaciones. Ideas prometedoras que no son desarrolladas como corresponde (los oidores de bombas, la sensación de que hay una división no solo de clase pero también de edad entre los sobrevivientes del Cataclismo), personajes que parecen interesantes pero terminan sirviendo de relleno (Hal, Jasper, Corey), números que parecen gritar “¡acá hay suficiente material para un arco de 4 episodios!”. No se cuanto de ello se deberá a imposición editorial y a su pronta cancelación y cuanto a las limitaciones de sus creadores, pero uno por momentos tiene ganas de pararse un tanto desesperado y sacudir el comic gritándole “¡Se mejor, demonios! ¡Se que puedes ser mejor!”.
En ningún lugar se nota tanto esto que en el arte de Warren Pleece, a quien yo recordaba como un clon de Sean Phillips en Hellblazer, allá lejos y hace tiempo cuando Paul Jenkins escribía bien. Los primeros 8 números están entintados por Richard Case y es meramente correcto: pocos detalles, líneas angulares, caras que parecen a medio terminar. Es trabajo profesional, pero nada del otro mundo. Pero a partir del 9 lo comienza a entintar Cameron Stewart y logra un salto enorme de calidad básicamente haciendo que el dibujo de Pleece parezca suyo: bloques de negros, caras mucho mas expresivas, una cierta “cuadradez”, rispidez, del dibujo que le faltaba con el entintado mas suelto de Case. Es una lástima que para entonces, cuando el comic estaba adoptando una imagen un poco mas personal, solo le quedasen 5 números de vida. Lo único que no cambia y se mantiene en un gran nivel de excelencia son las portadas de Phillip Bond (¿qué pasa que este tipo no esta dibujando una serie regular?, ¿acaso las editoriales odian el talento?).
Lo curioso del asunto es la manera en que la limitada vida de Deadenders y, seamos sinceros, la continua sensación de imposición editorial, atentan contra la premisa misma del comic desde el inicio. Estos chicos que no quieren crecer, atrapados en un comic que de hecho nunca creció, empiezan a cambiar y hacerse cargo de sus vidas casi inmediatamente. Para conseguir la máquina del clima, Beezer hace un trato con su proveedor de drogas, de manera tal de poder infiltrarse en los sectores ricos. Tiene que llevarle muchas muchas anfetas a un cliente que resulta ser un buchón, y obviamente todo termina mal. A raíz de eso, luego de la muerte de Jasper y de escapar del gobierno, Beezer se dedica a ocultarse con su novia. Luego de una paliza, los encuentra un librero de un sector contiguo que les da asilo.
Y aquí Brubraker se anota un poroto al hacer que Sophie, contra toda chance (si, claro, Beezer es un pendejo insoportable, pero uno tiene la sensación de que a lo largo de esta historia crecerá, cambiará y arreglaran todo con el poder del amor, maaaan) se quede con el librero en su casa. Al mismo tiempo Beezer safa de su dealer de una manera que no revelaré (solo digamos que el conocimiento sirve, chicos) y para el número 8 esta de nuevo en el viejo sector 5, solo, haciendo nada de nuevo, ni siquiera vendiendo anfetaminas y viviendo en un garage. Después de todo, y para mayor ignominia, sus padres casi lo entregan a la policía.

Justamente el numero 8 es, creo, el mejor de la serie. Titulado “My Secret Affair”, es una ventana a lo que la serie podría haber sido: una apropiación bizarra del genero romántico por adolescentes punks/mod en un futuro post-apocalíptico (los interludios llamados “Back In Sector 5” del arco argumental anterior tienen un tenor similar). La historia es simple: Danica (si, se llama así), la ex novia de Jasper, se enreda con Beezer en una relación que ambos saben no va a ningún lado. Enredarse es la palabra correcta, enredarse de ese modo pringoso en que uno confunde sexo, cariño y comodidad de vez en cuando con sus amigos cercanos. Se lee, casi casi, como un capítulo de Love And Rockets de Jaime Hernandez y es una pequeña ventana que demuestra el talento de Brubaker para escribir jóvenes que se comportan como jóvenes, que cogen, se drogan, tiene estilo y se hacen un poco de daño en el proceso. Estoy seguro que si hubiesen tenido más tiempo, hubiésemos visto más capítulos de esta naturaleza, que hubiesen explotado la gran ventaja de esta serie: sus personajes.
También hay otra imagen, paródica, de lo que Deadenders podría haber sido. En el numero 4 se reproducen paginas de “la versión original de Deadenders, creada en los 60 por Mort Himmelman”: un comic a lo Archie que parece sacado de la mesa de luz Dan DeCarlo, solo que con Betty, Veronica y compañía reemplazados por los protagonistas mugrientos de esta serie. Es otra marca de la enorme ambición nunca concretada de la serie que estos backups no sean vistos de nuevo hasta el numero 16, el final. Una vez más, si esta serie se especializa en algo es en oportunidades truncadas.
Luego de ese maravilloso número 8 supongo que la noticia de la cancelación ya andaba dando vueltas, porque Brubaker se larga de cabeza a cerrar la mayoría de las historias de la serie. Beezer experimenta un cambio radical y pasa de ser el mas vago entre todos los vagos a preocuparse por intentar averiguar de donde viene, que pasó con el Cataclismo y de que manera esta conectado con él. Aprovechando un pase entre zonas que le da el librero, se larga en una aventura a explorar los sectores ricos de la ciudad, en búsqueda de uno de los clientes del vendedor de libros que aparentemente tiene sus mismas visiones.
Todo se precipita: la persona que visita es una chica, se llama Anna y es casualmente la hija del gobernador de la ciudad; Brubaker introduce al primer villano-villano recurrente de la serie (que, casualmente, es un chico del mismo sector que Beezer, solo que crecido y convertido en policía. Don’t sell out to the man, kids!); el dúo se dedica a buscar a otros chicos como ellos, resultando en el capítulo mas apresurado de la serie, en el cual conocen a uno de ellos que es alabado como un Mesías por sus visiones; aparecen viejos científicos responsables del experimento que destruyó al mundo y, finalmente, todo se desenlaza en un enfrentamiento entre una célula terrorista que busca restaurar el experimento y las fuerzas del gobierno de la ciudad. Todo es bastante caótico y hay muchas decisiones en cuanto a caracterización que suenan falsas. ¿Era realmente necesario que Anna y Beezer terminen siendo una “pareja” y que nos intenten hacer creer que su amor es tan profundo? Las desventajas de no tener tiempo para desarrollar una historia orgánicamente, supongo.

Por suerte a esta altura Cameron Stewart esta consiguiendo que los dibujos sean un placer de leer, y hay imágenes (como la de la máquina a la que están conectados los chicos) que son realmente impresionantes. Hay una especie de mezcla entre la naturalidad de los Hermanos Hernández para las expresiones y la crudeza de Kirby para la maquinaria y ciertas escenas de acción que, al mantenerse cada uno en sus planos, combina realmente bien.
Finalmente descubrimos que el cataclismo fue producido por un científico que quería resucitar a su esposa muerta, Anna y Beezer se sacrifican y el mundo se restaura como debería haber sido si el desastre no acontecía. El último número es un maravilloso monstruo con piezas de distintas visiones de Deadenders cosidas para intentar dar resolución a la historia. Comienza como una historia normal; salta a la parodia de Archie; retorna a la historia normal pero 15 años en el futuro, de manera de cerrar los sub-plots de los personajes secundarios, y finalmente adopta el formato de un comic romántico de los 50 para contarnos que fue de Anna y Beezer.

A pesar de que mi resumen de arriba pueda hacerlo parecer confuso o desprolijo, funciona. Deja muchas preguntas en el aire, la resolución de los destinos de los personajes secundarios no siempre es buena, e incluso lo que les sucede a Anna y Beezer no se termina de explicar. Pero luego de varios números de jugar a ser los Invisibles (o algún otro comic de conspiraciones y ciencia ficción) Deadenders vuelve a ser ese familiar drama-comedia sobre personajes fallidos. La conversación entre una Corey crecida y Beezer es de una naturalidad tal que uno nunca siente que esta ahí solo para rellenar datos y el retorno de Archienders es siempre bienvenido.
Pero la verdadera pieza maestra es la porción de Anna y Beezer. Si bien he dicho que la explicación de lo que les sucede no tiene mucho sentido, el tono de las páginas se ajusta perfectamente a la idea detrás de la serie de Brubaker y Pleece: ¿cómo crecer en un mundo en el que todo te indica que no hay hacia donde hacerlo? La respuesta en el caso de los protagonistas termina siendo “se sale del mismo”.
Anna y Beezer parecen reencarnarse en un mundo donde el Cataclismo nunca sucedió, donde el mundo parece estar congelado en una visión de un comic romántico de los 50, todo líneas duras, primeros planos y angustia. Beezer no conoció a sus amigos, que aparentan no existir, pero estuvo predestinado a estar con Anna. Aquí se llama Noah y sueña con su otra realidad y sus días de slacker. Todo esta teñido de una melancolía enorme, de una sensación de pérdida gigantesca. Sin embargo, Brubaker, en primer lugar, se sumerge enormemente en la lógica de los comics románticos, causando que así como la angustia y el sentimiento de pérdida de Anna y Beezer son pantagruélicos, también lo sea su amor. En segundo lugar, uno siente que esta siendo caritativo con sus personajes, que se da cuenta de que les han quitado a sus protagonistas el entorno que les daba sentido, los mejores años de su vida, así que lo mínimo que pueden hacer es darles un final feliz.
Al final de la historia Noah deja de tener sus sueños y transcurren muchos años. Beezer y Anna envejecidos viajan por el campo y encuentran una vespa al costado del camino junto con un estuche de vinilos de bandas mod y un pequeño tocadiscos. Beezer los sube al auto y al llegar a casa y escuchar los discos le parece recordar un sueño que nunca tuvo.
Supongo que crecer tiene sus precios. Es, de alguna manera, como vender tu alma al diablo. Y uno siempre puede encontrarse una vespa y un montón de discos que te recuerdan cuan rápido eras y que canciones bailabas mientras intentabas furiosamente no ir a ningún lado.

Deadenders, entero, para el lector ladrón.


Most of the songs are barely distinguishable from each other in their primitive two-chord structures. You’ve heard all this before from such notables as the Seeds, Blue Cheer, Question Mark and the Mysterians, and the Kingsmen. The difference here, the difference which will sell several hundred thousand copies of this album, is in the hype, the thick overlay of teenage-revolution and total-energy-thing which conceals these scrapyard vistas of cliches and ugly noise.

 

Eso decía el gran Lester Bangs de Kick Out the Jams de MC5. Y no, al viejo Lester no le gustaba una mierda ese disco (me pregunto que habrá pensado entonces de los discos de mierda que grabaron después). En caso de que quieran leer esta reseña entera y muchas otras de uno de los más grandes críticos de rock acá tienen muchos links a sus reseñas en el archivo de la Rolling Stone. Y por dios, que chica que le quedaba esa revista de mierda.


Ariel Pink V

Everybody

o El último post sobre Ariel Pink, o Cómo deshacer una canción ajena pieza por pieza para rearmarla de una forma que sea lo mismo pero completamente diferente al mismo tiempo. Este track está incluido en un muy reciente álbum tributo a Madonna en el que solamente conocía a Pink y a Lavender Diamond entre los artisas que participaban así que no tengo ni idea de como sera. Pero este tema debe garpar todo el disco. Pink agarra un viejo tema de Madonna (que era bastante bueno en su versión original, no lo neguemos) y lo deshace y lo hace a nuevo básicamente sampleando y pitcheando el tema original, dejando la voz original en varias partes y cantándole encima y pasándolo por el filtro de mal sonido que deben ser los equipos de cuarta mano con los que debe trabajar convirtiendo este track en un híbrido a mitad de camino entre el cover, el remix y el karaoke y poniéndole un sello inconfundiblemente Ariel Pink a la deformidad resultante. Un caso raro pero ejemplar de como acercarse a un tema ajeno. Y bueno, este es el último post de esta serie dedicada a Ariel Pink y creo que me alcanzó como para no volver a hablar de él por un largo tiempo. Espero que aunque sea uno que no lo había escuchado ahora le haya prestado atención. No los molesto más. Volvemos a la programación habitual.


Ariel Pink IV

Jules Lost His Jewels

Elegí este tema como cuarto post solo porque está muy bueno, porque es el tema por el que Ezequiel logró entrar al maravilloso mundo de Ariel Pink y porque (esto es algo totalmente personal y antojadizo) estos temas más pop de él en los que se nota más la influencia setentosa (posiblemente por esto) son los que más me hacen acordar a R. Stevie Moore. Y si la asociación es cualquiera no importa, porque a Moore lo tenía que nombrar sí o sí. ¿Quién es R. Stevie Moore? Una verdadera leyenda lo-fi y uno de los artistas más ignorados de la historia. Un viejo loco que viene grabando miles de discos desde los 60s con el mismo estilo de producción que Pink. Es la principal influencia, gurú, padre espiritual, amigo personal y colaborador de Ariel Pink y uno de los artistas más únicos que se puedan encontrar por ahí. Alguien que descubrí obviamente a través de Pink y que ha tenido un leve suceso reciente en la blogósfera y aledaños gracias al hype de sus groupies oficiales, el Pega y amb, dos verdaderos arqueólogos musicales. Del tema en sí no tengo demasiado para decir. Es uno de los temas más pop, más arriba y más 70s que escuché hasta ahora de Pink, un tema alegre y divertido que se diferencia de la mayoría de sus temas en lo centrado que es. Es una canción de estructura clara, que no se torna difuso ni se dispersa en ningún momento. Un momento de concentración bastante único en Pink. Nada más, me queda otro post más, mientras entreténganse con este tema.