Visite Baltimore 11: William «Bunk» Moreland.

Moreland: I’m just a humble motherfucker with a big-ass dick.
Freamon: You give yourself too much credit.
Moreland: Okay then. I ain’t that humble.

Det. William Moreland: Them Greeks sure have some weird-ass names.
Det. James ‘Jimmy’ McNulty: Hey, don’t knock the Greeks. They invented civilization.
Det. William Moreland: Yeah, and ass-fucking, too.

-Jimmy, I just bought brand new lawn chairs and a glass patio table. Now you don’t buy no shit like that if you’re plannin’ to lose your job and go to prison.

-Drink up and die right.

-You can go a long way in this country killin’ black folk. Young males, especially.

-The Bunk is strictly a suit and tie motherfucker.

– The Bunk.

William “Bunk” Moreland es un personaje calladamente importante. Un observador tranquilo que une varios preceptos. Un policía elegante y con pinta de músico de jazz, siempre vestido de trajes pinstripe y fumando puros. Un suave, un tipo que en general está relajado y de buen talante y que intenta no tomarse del todo en serio el marasmo que es ser policía en Baltimore pero que, sin embargo, se preocupa, y mucho, le importa, es capaz de enojarse con la furia de Dios cuando ve que el mejor ejemplo para un montón de pendejos es un ladrón y asesino que solamente es un poco mejor que los demás, o al ver que su mejor amigo y dolor en las bolas constante se ha metido en otro quilombo donde, inevitablemente, se vera arrastrado.

Bunk es un policía que aprecia el viejo y buen trabajo detectivesco, sentarse mirando toneladas de papeles, visitar las escenas del crimen y notar lo que otros han pasado por alto, reconstruir una en impecable detalle (sino, mirenlo en la primera temporada, en ese momento famoso, en la que él y McNulty analizan una escena de homicidio completamente arruinada y oscurecida por los anteriores investigadores mientras repiten incesantemente la palabra “fuck”). Es un tipo que cree en el trabajo honesto y que está orgulloso de lo que hace, algo que demuestra en la forma en que se conduce, con seguridad y certeza, en la manera en que viste sus hermosos trajes, en cómo observa los cuerpos tirados en las esquinas y casas de Baltimore, con sus cejas llenas de desconfianza, su media sonrisa sardónica y la ansiedad dibujándose en el rostro.

Esa es la cosa con Bunk: es un tipo que ama lo que hace y que ama la vida en general. Por eso disfrutamos tanto las escenas de The Bunk emborrachándose junto con McNulty al lado de las vías del tren, bajo un puente, en descampados (todos sitios espantosos, lúgubres, llenos de yuyos, fantasmas y oscuridad, con meadas en las paredes y basura en el piso, lugares adonde no irían jamás si no fuesen policías), o cuando ya completamente ebrio le hace ojitos a alguna que está en el bar y se babea y se va con ella, o cuando la mina lo llama a McNulty para que lo vaya a buscar porque esta borracho, desnudo y llorando en su baño. Y nada de esto parece afectar seriamente su vida matrimonial. The Bunk la pasa bien, The Bunk disfruta, es uno de esos tipos capaces de iluminar una habitación apenas entra.

Al mismo tiempo, el trayecto de Moreland en The Wire es bastante lineal y sin sobresaltos: comienza en Homicidios y termina en Homicidios. Nunca se mete en problemas, nunca hace enojar a los jefes, nunca agita el avispero. Bunk es el perfecto ejemplo de otra mentalidad posible dentro de la policía: la que dice que uno tiene que ser un buen policía pero no hasta el límite de hacer algo que te ponga en la mira de tus superiores, algo que caiga mal, pensar que la policía puede cambiar al mundo o que debería ser más proactiva o embarcarse en alegres quijotadas contra grandes vendedores de drogas de las que nada bueno puede salir. Bunk cumple con el trabajo pero no hace alharaca, patina por la vida con la misma facilidad con la que termina vomitando luego de haber bebido lo suficiente. Tampoco es que sea un chupamedias de los jefes, no, no, no, ese no es The Bunk, no es Jay Landsman. Más bien pareciera que se hace cargo completamente de una de las proposiciones básicas de la serie, tácita pero siempre presente: no te hagas ilusiones, no creas que podes cambiar el mundo, intenta pasar por la vida haciendo el menor daño posible e intentando proveer la mayor cantidad de felicidad y bondad posible, pero no creas que vas a liderar una revolución.

The Bunk es, a fin de cuentas, uno de los personajes más equilibrados y felices de The Wire. La tragedia y la deshonra lo tocan de lejos, no tiene ninguna obsesión que corroe su vida y su entorno social, pero a pesar de ello tampoco es un hijo de puta amoral a quién no le importa nada. Solo es un realista que conoce sus límites y sus objetivos y por lo tanto los cumple y sigue su camino.

Es el tipo que muestra la manera sensata y razonable de vivir dentro de las instituciones, pasando ligeramente desapercibido pero cumpliendo un trabajo importante que nadie más haría en su lugar. Su escena más memorable llega en la quinta temporada y gira sencillamente alrededor de su negativa a acudir a una reunión ridícula y sin sentido, pero sin embargo obligatoria. ¿Para quedarse haciendo qué? Viendo papeles y comparando expedientes, haciendo “trabajo policiaco de verdad”. Es que The Bunk es así, un tipo tan simpático y encantador que no podes evitar quererlo a pesar de (o quizás gracias a) que no está hecho para la tragedia.


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