Un Estado de la Unión: 2012.

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El año pasado, en este mismo espacio, decretamos la muerte del disco. No es una predicción muy original que digamos, se la está agitando desde 1999 cuando se inventó Napster y se predecía la tiranía del single y los períodos de atención cortos.

Entonces, ¿de qué modo se puede hablar de música si hemos dicho que todo recurre al pasado y que el disco es una unidad anacrónica? Bueno, podemos hablar de aquellos que hacen la música, que con sus cerebros, sus espaldas y sus manos producen aquellos sonidos que consumimos de manera glotona.

El punto de partida es un artículo de Damon Krurowski, miembro de Galaxie 500 y Damon & Naomi, publicado por Pitchfork hace un par de semanas. Allí, el músico analiza cuanto es lo que cobra *realmente* por la utilización del catálogo completo de Galaxie 500 en servicios de streaming gratuitos (con opciones pagas) como Pandora y Spotify. En un cuarto de año, Pandora les pagó el gran total de 64.17 dólares. Mientras tanto, Spotify les pagó, por el uso de una canción, algo así como 9 dólares. Multipliquemos eso por las 64 canciones del catálogo de Galaxie 500 (en un mundo perfecto, porque Spotify utiliza un algoritmo que calcula de manera diferencial cuanto te paga de los 0.004611 centavos de dólar por streaming que ofrecen en su contrato) y nos da 576 en un cuarto de año. No me voy a detener en detalles, el artículo está online, pero el punto es este: es ridículamente bajo. Acá en Argentina, el servicio de moda en realidad es Grooveshark, un poco más lumpen y, obviamente, con una tasa de suscripción inexistente. Es el compañero predilecto de cualquier fiesta y, si bien tiene algunos filtros (yo no logro que me suba canciones de Tina Turner, por ejemplo) contiene una cantidad enorme de música que, supongo, no se paga nunca.

Por otro lado, y esto es una consecuencia natural de lo citado más arriba y la caída en ventas de los cds, la industria más importante para los músicos de los últimos 10 años es el vivo. Como una extrapolación demente de los tiempos en que una banda hardcore o independiente de los 80s se subía a su camioneta y giraba por todo los Estados Unidos, los grupos se suben a aviones y salen a colonizar países del tercer mundo que están dispuestos a pagar en dólares. O hacen el maniático tour de Europa en un mes. O recorren EEUU a la antigua usanza. Si son jóvenes y salvajes y tienen energía este tipo de esfuerzo está justificado y esperado, inclusive se encara con ambición. Pero el ambiente cada vez sostiene a menos bandas y los frutos de su labor, en muchos casos, pasan desapercibidos. Por más que Ariel Pink venga a Buenos Aires tocará, como mucho, para 1000 personas. El lugar estará lleno (¿Qué recital en Buenos Aires NO lo está?) pero nunca cobrará “los grandes dólares”.

Entonces ¿qué les queda? Muchas veces vivir sobre el nivel de subsistencia con su música durante años, en una profesión que no tiene ni jubilación ni obra social. Y finalmente, 10 o 15 años después, el tour de reunión. ¿No les parece un poco perverso? ¿Qué el mundo esté dirigiéndose a una circunstancia en la que probablemente la música sea un bien que no tenga valor? 10 años después esos tipos vuelven y los fans se quejan (y otros lo adoran y los nuevos fans por fin tienen la oportunidad de escuchar algo que estaba muerto cuando ellos vivían) y ponen un show, la mayor de las veces repetitivo o ligeramente torcido. ¿Pero tenemos algún derecho acaso a enojarnos con ellos? Después de todo, las bandas y la música no son solamente Los Grandes Discos Que Nos Emocionaron Y Que Los Músicos Nos DEBEN sino algo más simple: su vida. Su manutención, sus sueños, sus esperanzas y sus experiencias. ¿Acaso no tienen el derecho a hacer con ella lo que quieran? En última instancia nosotros les debemos cosas a ellos. Cada novia a la que le entregamos un mixtape con sus canciones, cada cerveza gastada cantando a los gritos en una fiesta, cada viaje en auto en el que evitaron que nos durmamos y nos prendamos fuego, cada momento en la ciudad en el que sentimos que estamos en un videoclip. Pero también: ¿no es un poco injusto que hombres y mujeres grandes tengan que salir a hacer su gracia como monos geriátricos?

En fin. Para finalizar, una anécdota cautelar: hace dos semanas salió La Dinastía Scorpio, el nuevo disco de Él Mató A Un Policía Motorizado. Es un discazo, probablemente de los mejores del año, positivo y combativo y dedicado a los amigos. Pero no lo fui a buscar a mi disquería amiga. No lo compré en CD (además ¿Dónde lo escucho?). Lo bajé de Taringa. Y lo subí a Grooveshark.

(Éste artículo fue publicado originalmente en la edición de Enero/Febrero de la revista Haciendo Cine, pero me parece que todavía tiene toda la relevancia y pertinencia en el actual panorama de la música actual, por eso lo re-publico ahora acá. Además, tiene mucho que ver con este gran post de Eze).


6 comentarios en “Un Estado de la Unión: 2012.

  1. zucundum

    yo SI compre La Dinastía Scorpio (poco antes que salga oficialmente) en un show de El Mato solo porque quería escucharlo ya. No llegue a rippearlo que a los pocos días ya estaba en grooveshark, creo que solo use el CD 3 veces, el resto fueron todas escuchas desde mp3. Lo loco es que también había una edición en cassette (al mismo precio si no mal recuerdo), y cada día que pasa me arrepiento mas de no haber elegido ese formato como souvenir (que es en lo que se esta convirtiendo el disco físico hoy en día a mi entender).

  2. Autor del Post Amadeo

    Si, yo ahora me enteré de que sale en vinilo y, obviamente, me lo voy a comprar en ese formato. Todavía me arrepiento de no haberles comprado el «LP2» a los punsetes cuando vinieron :(

  3. NIcolás

    También antes de Napster-Spotify-Etc eran minoría los que cobraban los grandes dólares. Para los más la jubilación era rentar equipo, tocar en fiestas, producir/escribir para otros, hacer library music y jingles para TV y radio locales, y además están los que jamás dejaron su «day job». Como las giras de reencuentro provocan discusiones parecen demasiadas, siendo pocas comparadas con los miles de bandas disueltas y olvidadas.

  4. Martín R.

    creo que coincido con Nicolás; o, por lo menos, me parece que el dato de cuánto sacaba galaxie 500 antes de la era digital también sería relevante para saber si lo que sacan ahora es mucho o poco.

    Quizá sea, efectivamente, menos. Pero creo que para ser justo con la era nueva habría que contar también que hoy por hoy es mucho más probable que alguien conozca a Galaxie 500, asista a sus conciertos (y compre ahí sus discos), etc. Hasta donde sé, siempre una banda «chica» gana más con los recitales que con las ventas de discos por parte de alguna disquera. El dato de que una banda hoy salga de gira en países del tercer mundo no me parece menor, y no estoy del todo seguro si Ariel Pink hubiera metido mil personas en Argentina en otra década.

    Yo diría que el consumidor de discos circunstancial sigue comprando un disco cada tanto, como lo hacía antes; el consumidor masivo o compra en formato vinilo (los discos nuevos incluyen la descarga del album) o se gasta un presupuesto similar en recitales. Habría que meter todo en la suma y ver qué pasa.

    Sí creo dos cosas:

    – En última instancia, creo que como artista preferiría ser explotado por millones de consumidores anónimos distribuidos por todo el mundo, a la misma explotación por parte de un grupo de ejecutivos de Sony Music a los que la música finalmente les da exactamente igual.

    – Y basado en nada en particular: no sienten que salen más discos que lo es humanamente posible escuchar?

  5. Autor del Post Amadeo

    Creo que en al artículo estaban los datos de cuanto ganaba Galaxie 500 antes y me parece que era un poco más. Igual coincido en general con lo que dicen, el artículo fue escrito en un momento particular de pesimismo. Es cierto que el sistema de giras, que se aceitó a nivel mundial en la última década también, es una enorme fuente de ingresos (a la que se suman los festivales, que son como los puntales por continente). Pero es también cierto que hay una manera optimista de observar este crecimiento o diseminación via internet mundial y una pesimista, que está oculta en el mismo comentario de Nicolás: las miles de bandas disueltas que nadie recuerda.

    Esto me hace pensar en el post de Eze y en otra cosa que creo: que hay un desplazamiento, finalmente las bandas y músicos terminan ganando más cuando están viejos, retornan, cuando quizás están cansados. Es como que no importa tanto lo que hiciste en el momento si no la cantidad de fans acumulados que se perdieron eso en el intermedio.

    Coincido con que prefiero ser explotado por un montón de fans dispersos, pero es una manera un poco triste de darse cuenta que, quizás, La Gran Revolución De Internet y La Música triunfó y todo lo que conseguimos fue Grooveshark :_(

    Martín: el comentario de la cantidad de discos es algo que se viene repitiendo hace años, igual yo creo que este año es particular, como que las olas del hype y el retorno confluyeron y están saliendo TODOS los discos posibles. Ya hubo como 10 retornos en el año!

  6. Ricardo Gandolfo

    La unica forma de solucionar esto es que el Estado se haga cargo de la jubilación de los artistas, que se invente una forma de que los artistas puedan hacer aportes y de esa manera, jubilarse mas o menos dignamente. Por supuesto en los paises centrales todo esto suena como una estupidez ( y tambien hay muchos en el nuestro que piensan lo mismo) pero porque no colocar a la musica como una forma de trabajo y obligarlos a hacer aportes jubilatorios? Ademas que sea el Estado el que maneje esos aportes y no una consultora privada de la que ya tuvimos bastante en Argentina! Esa es mi idea, tambien disciplinaria un poquito a los musicos para reservar una parte de sus ingresos para el futuro. Ya se que no me lo imagino a Charly Garcia haciendo aportes, pero tampoco lo imagino a Palito Ortega! Espero que la broma se entienda.

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