«Cosos».

Por una variedad de razones (hurto de mi Reproductor de MP3s, desintegración de mi celular anterior, carencia de laptop, etc) decidí comprarme un Smartphone en Alemania. Para el tremebundo nerd que soy, siempre fuí bastante ludita con el tema de los celulares, más que nada por la sobredosis de comerciales, ese “tenés que tener un celular!” a la fuerza,  espíritu adolescente anti-capitalista y esas cosas. Sí, yo fuí de esos que “tardó” en tener un celular. Sí, yo soy de esos que habló y habla loas de su viejo y querido Nokia 1100. Pero bueno, fuí y me compré un Smartphone, un HTC Wildfire S. Me lo compré porque era un celular con Android, el formato es bastante pequeño (más chiquito que un iPhone) y que se yo, el diseño me pareció bonito. No hay celulares HTC en Uruguay y me salió el cheto de adentro que quería tener un celular que casi nadie tenga por acá. Y el precio era razonable. El teléfono en el viaje me terminó siendo sumamente útil más que nada por tener un GPS en la mano: Anotaba en casa varios lugares para visitar, los marcaba en Google Maps y luego cuando estaba cerca me mostraba específicamente a cuanto estaba, incluso hacía que dirección estaba apuntando.

Ahora ya hace varios meses que lo tengo, y más que una review sobre el modelo en particular quería contar a mi parecer las ventajas y desventajas que tiene tener un bicho de estos en el bolsillo:

Ventajas

1) ¡Es una computadora!
Eso que nos venden en las publicidades es verdad. Escuchar música en el Winamp de Android, hacer scrobbling en Last.fm, sacar una foto y subirla a Twitter automáticamente, mientras agregas luego de una llamada algo nuevo al calendario que se te sincroniza automatico con el Google Calendar. Está bueno y es divertido y funciona bárbaro.
2) Estar conectado todo el santo día
Ahora soy la persona más amarga y menos deseada en cualquier reunión: No importa la discusión, se puede desmintir cualquier duda y curiosidad revisando la fucking wikipedia en el teléfono. “Mirá, viste. La bandera de Nepal no es la única que tiene una forma no-convencional de todas las banderas del mundo! Tomá!”. Gracias al celular, soy un poco más forro.
Hablando en serio, mi acceso a Internet en la oficina es muy limitado, entonces el celular me salva la vida. Además, tener Twitter en el celular es otra cosa totalmente distinta: Tiene otro sentido utilizarlo así, escribiendo aleatoriamente cuando uno encuentra algo pintorezco o interesante en la calle.
3) Aplicaciones
Todavía no ingresé completamente en el mundo de los apps de Android, pero no es necesario para darse cuenta de que está bueno. Por ejemplo de lo primero que me bajé es un afinador de guitarra, que anda bárbaro y es muy práctico cuando estás con una criolla tocando en cualquier parte. Conseguí una linterna que es excelente y es mucho más potente que la de un 1100 (usa el flash de la cámara, piola). Otra aplicación muy buena es el Nanoloop, un programa muy minimalista para hacer música que está buenísimo. Originalmente era un cartucho de Gameboy y lo pasaron a Android. Muy recomendable. Y por supuesto: Angry Birds! Las esperas en cualquier lugar se volvieron mucho más soportables.
4) Es lindo de usar
Eso de la interfaz táctil está bueno. Pasar de fotito a fotito en una galeria, agrandar, acercar, hacer scroll, es agradable y se siente bien. Esta tendencia de usar  la interfaz touch en celulares, computadoras, laptops y tablet PC llegó para quedarse.
5) Android es buena onda
Es ridículo pero el HTC es más amigable que mi antiguo Reproductor de MP3s. Lo conectás por USB en la computadora y te sale un menú de como querés conectarlo (podes usarlo solo para recargar el celular, o para compartir la conexión a Internet, por ejemplo). Elegís “conectar como disco USB” y te aparece como un vil pendrive, con una carpeta MUSICA y OTRA CON LAS FOTOS Y LISTO. COPIAS LA MÚSICA Y LA ESCUCHÁS. GRACIAS ANDROID POR EXISTIR. Nada de iTunes y todas esas garchas ni sincronizar ni complicartela. Justo lo que necesito.

Obviamente, no es todo sol y florecillas en este mundo. Estas son las cosas que más me han roto las guindas de usar un celular así.

Desventajas

1) Es una computadora.
Está bueno tener una computadora no? Sí, pero SE CUELGAN. SE TRANCAN. A VECES ANDAN MAL. La puta que los parió. El sistema de aplicaciones funciona de tal forma que uno abre un programa, cierra, abre otro, cierra,  abre un tercero y es posible que los 3 programas sigan corriendo en procesos por detrás sin que vos lo sepas. Entonces lo estás usando así durante una tarde y de repente se empieza a ARRASTRAR y es una bosta. Tuve que bajarme una aplicación llamada Advanced Task Killer que te muestra todos los procesos y los podes matar al toque. Pero se supone que no tendría que estar haciendo eso. Ni tendría que sentir la necesidad a veces de reiniciarlo, es ridículo.
Antes de tener un Smartphone no entendía como existían monstruos como el Samsung Galaxy SII con dos procesadores y gigas de memoria. Ahora entiendo. Como es una computadora uno tiene ganas de revisar Twitter escuchar música y chatear por GTalk todo al mismo tiempo. Y eso se come el CPU con fritas y anda mal. Entonces poder lograr que todo ande rápido y bien se vuelve algo deseable.

2) Estar conectado todo el puto día
¡Felicidades! Estás borracho en una fiesta y acabas de revisar tu mail a las 4 de la mañana. Sos un gil. Obvio que está bueno usar GPS y guiarse y poder revisar mails urgentes en cualquier lado porque bueno, uno esta viviendo La Vida Moderna y puede ser necesario, pero no tenés vida. Vamo arriba. Ah! y otra cosa: Chatear desde el celular, todo bien, podés hacerlo, es útil, pero también es una tortura china. Dame un teclado grande, por favor.

3) La batería
Si al bicho le das de bomba con Internet Mail Twitter Winamp y sarasa la batería agoniza y luego de como 6 horas tenés que recargarlo. Eso es un montón de mierda. No tengo el más mínimo problema en recargarla todas las noches, pero ¿En el medio del día? ¿Qué necesidad? Admito que mi uso de Internet en el trabajo es mucho más alto que el promedio que tendría cualquier persona, pero de cualquier forma no está bueno.

4) La cámara de fotos
La cámara de fotos dentro de todo zafa y está bien para algunas circunstancias y para la ocasional funny picture, pero ta. Tiene 5mp, un cacho menos que la de mi vieja Canon (de 7mp) pero la calidad de imágen no se compara: La cámara de fotos es una cámara de fotos, el celular no. Además la aplicación para sacar fotos es lenta, engorrosa y fea de usar.

5) El touch
Todo bien, pero van 3 meses de uso y todavía me embola un poco mandar sms y escribir textos largos con el la interfaz táctil. Es un poco lento y ponele que escribo bastaaante más lento que lo que podía llegar a escribir con un viejo celular con las teclitas númericas y diccionario. En particular la aplicación de SMS es como un cacho lenta e irónicamente a veces es más práctico mandar mail o chatear o twitter que mandar un SMS. Esto tiene una ventaja igual: A fin de cuentas terminás mandando menos mensajes y te ahorras unos pesos.

En fin

No conozco mucho el mundo de los celulares, pero viéndolo un poco de costado, creo que estamos viviendo una época transitiva, donde el concepto de “Smartphone” va a morir, ya que en breve todos los celulares van a tener las mismas prestaciones y funcionalidades universales. Es más, diría que en un futuro no vamos a estar hablando ni de smartphones ni de celulares, sino simplemente de un “coso” multi-uso que sirva para internet, hacer llamadas, música, internet, cámara de fotos y video, aplicaciones diversas y quien sabe más. Pero para eso falta bastante y mientras tanto el Smartphone es una máquina un poco confusa que intenta ser algo bastante mejor de lo que puede ser ahora. No me cuesta para nada imaginarme un futuro cercano, donde pensemos en los primeros iPhones y celulares Androd con nostalgia y gracia, sobre lo imperfectos e ineficientes que eran. Y estaremos todos felices, usando algun cachivache que me cuesta imaginar con soltura y despreocupación como quien usa cualquier PC de escritorio.


Epitafio

Luego de 3 años y medio de compartir momentos todos los días, todo se ha acabado. Hoy, oficialmente, murió mi querido Nokia 1100. Y aunque suene ridículo, me puso bastante triste.

En la batería indica la fecha que lo compre : Julio del 2006. Luego de años, años, y años de luchar contra el consumismo rampante y la moda de los celulares, las propagandas, y todos mis amigos, desistí. Caí en el primer local que encontré por 18 de julio, puse mi mejor cara de orto y y le dije a la vendedora: «Dame un celular. No importa cual. El más barato que tengas.»
Me fui a mi casa con mi 1100. Seamos sinceros: La razón principal para comprarme el celular fue poder comunicarme con ella. Pero desde ahí el teléfono siguió conmigo, en el bolsillo izquierdo del pantalón, junto con las llaves. Todo el tiempo. La relación con ella duró un año y medio hasta que no funciono más para ambos. Meses después me mudé solo. Su alarma me despertó todos los días de ahí en adelante. Mañana me voy a tener que despertar con el despertador del teléfono de línea, y va a ser extrañísimo.
En mi celular anote decenas de telefonos, montañas de recordatorios, correos, direcciones, etc. Lo usaba como mini-agenda, incluso cuando iba a Buenos Aires, aunque el celular no tenía señal ahi. Jugué al snakes con una sola mano, en la sala de espera de cirugía, esperando a la doctora para que me saque el yeso de la otra mano. Su linternita me salvó de más de un apagón.

Llegue a usar mi celular de slide en un par de shows en vivo. Era lo que tenía en el bolsillo.

Con los años, cada vez le agarraba más cariño. Mis conocidos cambiaban de celular. Se quejaban de su funcionamiento. De que consumían mucha batería. De que sacaban fotos en pésima calidad. Que el mini-joystick del teléfono se rompía y se volvía una tranza para poder utilizarlos. Y mi 1100 seguía ahí, y empezaba a tener orgullo de tenerlo conmigo. Pero tardé bastante en saber cual era el modelo de mi celular. Odiaba todo lo que tenía que ver con los celulares, algo quizás extraño para alguien medio nerd como yo. Pero no quería saber de nada. Me había asqueado hasta la medula como la industria nos construyó (a todos) la obligación de tener un celular. Los odiaba. Pero bueno, uno se vuelve grande y se deja de joder un poco.

Un día averigué el modelo y lo busqué en la Wikipedia. Y ahí mi celular me empezó a gustar aún más: Primero, el 1100 fue diseñado exclusivamente para paises en vías de desarrollo. Su sistema de membrana para las teclas esta hecho para que sea resistente a la humedad, al polvo y a la arena. ¡Un celular para utilizar en el Sahara, o en el Amazonas!. Lo otro que leí era aún mejor: El 1100 es el gadget electrónico más vendido del mundo. Más que cualquier otro celular, mp3s o lo que sea. Se vendieron 200 millones de Nokia 1100. Es el Ford T de los celulares. Es la Fender Telecaster del mundo de los móviles.  Totalmente working class. Hace solo lo que tiene que hacer, y lo hace perfecto. ¿Que más puedo necesitar?

En su último año de vida se le empezaron a notar las nanas. No por su funcionamiento, sino que la membrana con los números, por tanto uso, se empezo a borronear, gastar y a tomar un color  amarillento. De a poco, seguir con mi maltrecho y baqueteado nokia dejo de ser algo honroso para ser bueno.. medio penoso. Estaba feo, sucio, gastado. Pero yo ya le tenía afecto. Por unos días tuve unos ataques de «bueno, podría actualizarme y COMPRAR OTRO!» pero nunca logré sucumbír. El teléfono siguió conmigo.

Hasta ayer. Porque me tuve que emborrachar, intentar ver la hora en el teléfono mientras meaba y el celular se cayó por el agujero en un baño turco. La puta madre. Si, metí la mano y lo saque. Seguía andando. Pero como soy medio tarado no lo sequé, solo superficialmente. Hoy cuando me desperté, se había apagado. Lo prendí. Andaba. A la hora se apagó. Mierda. Anote todos los teléfonos en un doc. Ahora prende sólo por unos segundos. Se acabó.

Todavía no se bien que hacer en el futuro próximo. Eso será para otro post. Pero puta que le agarre cariño al bichito blanco de plástico. No fue muerte natural, y no tuvo mucho glamour que digamos, pero su muerte fue en cierta forma, apropiada. Lo guardaré con mis otros recuerdos, o lo enterraré y le fabricaré una pequeña tumbita en su honor. Se lo merece.

Adiós, pequeño amigo.