Punk Rock Favorites From Yesteryear.

Black Francis – Threshold Apprehension

Yo ya no espero demasiado de Frank Black (perdón, pero no me acostumbraré nunca a decirle Black Francis, no fui contemporáneo de los Pixies). O sea, espero que saque un disco o dos por año, y me preocupo por anoticiarme de su existencia pero no me los bajo todos, no los escucho obsesivamente. No se, en cierta medida, es parecido a seguir a un jugador de fútbol talentoso, en el ocaso de su carrera, que juega para un equipo de la B de Entre Ríos. Es un nicho, de vez en cuando realiza un lindo gol, pero uno se siente feliz solo por saber que aún está vivo.
En su último disco el Gordo Francisco volvió al seudónimo de su época Pixies. En general, una movida de esta naturaleza es recibida como “un triunfante retorno a la forma” o “el mejor disco desde…” (Teenager Of The Year? Honeycomb? Surfer Rosa??). “Bluefinger” no es nada de eso. Es más bien una síntesis de un montón de cosas que el Gordo hizo en su carrera, saltando de acá para allá, capaz de proveer de dos o tres canciones magníficas. Business as usual.
De cualquier modo, el viejo Frank te quiere despistar al principio: las dos primeras canciones podrían haber estado en algún demo del 92. En ésta hasta recurre a su hermoso falsetto pixiano (como puede tanta carne contener una voz tan pequeña?). De cualquier modo, la manera en que puntea sus ataques ansiosos con estrofas que parecen ofrecer un contrapunto melancólico y responsable logran que la canción se eleve sobre algo mas que la pura pantomima para convertirse casi en la explicación de porque no quiere grabar más con los Pixies. “Si, puedo hacerlo, pero…¿Tiene algún sentido?”:

Future Of The Left – Team: Seed

Por otro lado, no hay ninguna otra banda reciente cuyo prematuro deceso me haya entristecido más que Mclusky. Tanta bilis, tanto sarcasmo, tanta ira, ¿adonde irían a parar? ¿Desamparados como pobres cachorritos? ¿Alguien quiere adoptar tres hermosos gatitos llamados bilis, sarcasmo e ira?
Eso fue hasta que descubrí Future of The Left o “Mclusky-con-otro-bajista”. Para ser francos, este disco ya casi forma parte de mi adn (Last.Fm no me deja mentir) y no puedo ser subjetivo. Pero de tanto escucharlo noto una variación fundamental con Mclusky: el tono es más amplio. O sea, Andy Falkous, como compositor, tiene más variedades que “malevolente y enojado”. Una canción como “Suddenly It’s A Folk Song” que es casi…dulce!. O el hecho de cerrar el disco con un tema llamado “The Contrarian” y es lo mas tranquilo de todo el asunto…¡Hurra por seguir tu visión personal!.
El otro cambio es que hay teclados. Pero son utilizados de tal manera que, en la mayoría de sus apariciones, suenan como tornos de dentista. Ese es el caso de “Team: Seed”, donde surgen en el estribillo que parece la banda sonora de un episodio de “Tales From The Crypt” en anfetas, mientras Falco canta “C’mon, C’mon, CHOOSE YOUR FRIENDSHIPS!”. Y mágicamente hace sonar ese grito como la propuesta de enrolamiento para la pandilla mas genial de la ciudad.

Les Savy Fav – The Lowest Bitter

Yo no se si es que tengo demasiado tiempo libre este año para escuchar discos o si todos son growers. Porque un gran porcentaje de cosas que pensaba que me aburrían (el último de los New Pornographers, el de los Midnight Juggernauts) en estos días son algunos de mis discos favoritos.
Y lo mismo me pasó con el último de Les Savy Fav, “Let’s Stay Friends”. Entusiasmado como vagabundo en puerta de iglesia me lo bajé, esperando EL disco de punk rock inteligente del año, pero al principio el tono que me transmitió fue gris. Aburrido, repetitivo. Hasta que le di unas cuantas vueltas mas y me fui dando cuenta de la maniobra maestra que hicieron estos muchachos: un disco de pop casi puro, con toques de sintetizadores ochentosos y referencias a lobos que no suenan cliché, con guitarras igual de inventivas y ruidosas que en discos anteriores y con incontables capas de sonido debajo de la voz demencial de Tim Harrington.
Este tema, el último del disco, es quizás el que mejor lo demuestra. Comienza como una canción tradicional de Les Savy Fav, con esas guitarras a lo Gang Of Four profundamente afligidos, pero en la carrera hacia el estribillo muta en algo inclasificable, con trompetas y una letra que parece hablar del amor. Y es increíble lo mucho que me recuerda a “The Underdog” de Spoon y la manera en que como lo tocan, tan absolutamente libre, me engaña que es una canción pop normal, a pesar de que esta repleta de cambios y de que el estribillo se esconde furiosamente.

Prinzhorn Dance School – Spaceman In Your Garden

Mi frase fácil para describir a PDS en los últimos meses fue: “Son como Young Marble Giants pero enojados en vez de melancólicos”. Es una mierda, lo sé, como toda simplificación. Pero es que no encuentro otra manera mejor de describirlos y estoy seguro de que hay bandas más cercanas a lo que hacen, pero no recuerdo ninguna.
Lo que hacen es tocar canciones minimalistas, con guitarras simples y malhumoradas, baterías mal tocadas y sin ninguna pretensión de progreso, tozudamente decididos a hacernos esperar minutos por el próximo golpe. Bueno, segunda analogía: son como Beat Happening sin el twee. Pero tampoco. Uno tiene la sensación de que su primitivismo es una decisión tomada en base a su naturaleza cabeza dura, contraria y no proveniente de su inexperiencia.
Son punk de la manera más simple posible: en espíritu (pero YMG y BH eran punks también, y ustedes lo saben). Dan la impresión de ser ingleses enojados y snobs, gritando consignas políticas disfrazadas de sinsentido o sinsentido disfrazado de consignas políticas.
No creen en las bandas ni en el rock. Se consideran un proyecto de arte. Si, son insoportablemente estirados. Y, sin embargo, tienen canciones como esta, que debo haber escuchado 300 veces en los últimos dos meses, que es la canción sobre “escapar” mas triste que he escuchado, que me revela que la ciencia ficción me ha estado mintiendo todos estos años y el espacio sí es un gran vacío negro lleno de polvo.


Nerds Know Better.

Como bien saben, XKCD es uno de nuestros webcomics favoritos. Dibujado con la habilidad de un escolar, pero lleno de chistes hermosos sobre física, matemática, amor y el absurdo de la vida cotidiana.
Resulta que hace unos meses su autor dibujo y posteó esta tira:

En ella se daban unas coordenadas muy precisas para un encuentro, que al final nunca sucedía.
Bueno, resulta que los fanáticos de XKCD son tipos (y tipas) muy apasionados, que decidieron viajar de distintas partes del mundo a las coordenadas dadas, en la fecha precisa, para ver que pasaba.
Que es lo que pasó? Una reunión improvisada de gente a los que los une solo su amor por la tira y sus ocupaciones ligeramente geekies. Nada planeado, nada organizado, ningún sponsor, ninguna publicidad.
Lo cual demuestra, una vez más, que los nerds son la salvación de la raza humana.


People.

“El 90% de todo es basura”

(La ley de Sturgeon)
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En estas últimas semanas estuve sumergiéndome en la blogosfera comiquera estadounidense. Debo admitir que me estuvo chupando bastante tiempo, ya que la frecuencia de los posteos es alarmante y la longitud y calidad de las discusiones sorprendente.
Hay varias cosas que la distinguen y la vuelven bastante interesante. En primer lugar, su organización. Una serie de blogs centrales que funcionan básicamente como blogs de noticias pero que de vez en cuando publican ensayos u opiniones mas largas (The Beat, Blog@Newsarama, Journalista!, The Comics Reporter) y luego una serie de blogs personales que recogen las noticias y generan discusión.
En segundo lugar la amplitud de los temas cubiertos. El objetivo de estos blogs es cubrir la mayor cantidad de noticias en el campo amplio y ancho de los comics: manga, superhéroes, indie, europeo, etc. Esto no es un rincón aislado que se centra en el comic de superhéroes y cuyo tema de discusión es quien ganaría en una pelea, ¿Superman o Hulk?
Lo cual me lleva al tercer punto: la calidad y la frecuencia de las discusiones. Sean estas sobre el manga para adultos que se puede comprar en Estados Unidos, el último escándalo sobre Eightball o la nueva estatua de Mary Jane, todas son en general se producen entre personas con una alta capacidad discursiva y de redacción, informados sobre el tema del que están hablando y donde se proponen *gasp!* ¡argumentos!. Esta bien que algunas de ellas terminan cerrándose sobre si mismas o debatiendo boludeces (las feministas suelen ponerse bastante densas), pero siempre generan lectura interesante que se responde de blog a blog. Creo que esa era una de las utopías de la blogosfera rioplatense cuando comenzó, ¿o no?. Así nos fue, también.
Y, por último, pero no menos importante, estos blogs alojan una masa crítica bastante interesante. Es curioso como ha florecido la crítica de comics en Internet. Esta bien que no tiene aun el nivel alcanzado en otras artes, que le falta un léxico propio y que, en definitiva, es un oficio que se encuentra en desarrollo. Pero parte del encanto es justamente ver como evoluciona en tiempo real y, por otro lado, mucha agua ha pasado debajo del puente desde el modelo “Wizard” consistente en bromas estúpidas para adolescentes retardados y repetición de datos estériles como si de una oficina compiladora de estadísticas se tratara. Solo hace falta leer a Jog, a Dick Hyacinth, a Marc Singer, a los Savage Critics, para comprobarlo.
Ahora, bien, de entre todos los tópicos, la discusión que sigue surgiendo con alarmante regularidad es aquella que se viene peleando hace por lo menos 30 años: comics de superhéroes, ¿si o no? Si bien la retórica se ha calmado últimamente y los manifiestos a favor de la muerte y reemplazo de los hombres en capas por otras formas “más artísticas” han disminuido, aun ocupa demasiados caracteres en las pantallas del mundo.
Los motivos para esta calma son dos: en primer lugar, es obvio que la aceptación de los comics por parte del mainstream (literario y de los otros) viene por el lado de lo que (hablando mal y pronto) podemos denominar “indie”. Chris Ware, Daniel Clowes, Craig Thompson y Alison Bechdel, entre otros, continúan la tradición iniciada por el polémico Pulitzer a Maus y se presentan como la avanzada de los “comics-como-medio-respetable-para-gente-que-piensa”. Ayudados por la apertura del canal de distribución en las librerías, las obras de estos autores son consideradas la avanzada de los “comics literarios”.

En segundo lugar, el lugar del mainstream que era ocupado ubicuamente por los superhéroes ha sido usurpado por el manga. Es evidente que lo que sucede es que Estados Unidos ha terminado poniéndose al día con el fenómeno mundial y que los jóvenes (y acá hay otro dato de fuste: los fanáticos cuentan en sus filas con una abrumadora cantidad de mujeres) consumen manga a niveles insospechados.
Esto deja a los superhéroes en una posición incomoda: una especie de tierra de nadie que alimenta a una fanbase que disminuye continuamente, que no se renueva, mas interesada en el periodismo al estilo Wizard y las minucias de la continuidad que en las buenas historias. Y con una industria que se dedica a alimentar sus peores instintos, dándole basura como Alex Ross y Brad Meltzer.
Es significativo, justamente, que esta fanbase sea la que rechaza con más virulencia a aquellos escritores y artistas que intentan ampliar las fronteras del género. Son los típicos nerds que repudian a gente como Milligan, Morrison o inclusive Bendis por considerar que están “violando a su infancia” al cambiar a sus personajes, que sus comics son “difíciles de leer”. “By golly, Batman, good writing doesn’t have a place in superhero comics!”. Lo cual demuestra su estupidez y anquilosamiento. Son equivalentes a los dinosaurios: especimenes que parecen destinados a desaparecer por su incapacidad congénita para adaptarse y reproducirse.
Y sin embargo, aun se ven discusiones como esta, en la cual se ataca a un crítico eficaz y ameno como Paul O’Brien con el solo argumento de que se dedica predominantemente a los comics de los X-Men y que eso inmediatamente le quita su habilidad discursiva. Lo cual es perder el punto de su X-Axis espectacularmente y habla mas de los prejuicios de sus interlocutores que de su actividad crítica. O’Brien declara sin ningún tipo de ambigüedad que es un fan de género, que lo que le interesan son los superhéroes y la franquicia X-Men, pero mas de una vez se ha dedicado a cubrir comics indie y su punto de vista cuando se acerca a estos comics protagonizados por personajes en mallas y leotardos esta informado predominantemente por las preguntas “¿Funciona como una historia?”, “¿Tiene buen storytelling?”, “¿Cumple con las reglas mínimas de la legibilidad?”, “¿Presenta ideas interesantes?”, “¿Cómo funciona dentro del marco mas extenso de la franquicia de manera temática y estilística?” etc. En otras palabras: lo que le interesa es ver como una historia se desarrolla y crece dentro de los marcos propuestos por un universo compartido y un género especifico y no determinar porque Wolverine actúa de una manera en un comic y de otra en otro y de que manera esto viola la Gran Biblia Claremont de La Escritura Correcta. Es una tarea loable, creo yo, y sus esfuerzos son muy entretenidos de leer. Además ayuda que sea uno de los tipos con más sentido del humor para destrozar comics tremendamente malos y que su actitud sea aquella tan digna de “do not suffer fools, ever”.

Por otra parte, existen dos filtros con los cuales yo leo estas discusiones: en primer lugar, como habitante de un país que no tiene industria del comic (si, si, ahora hay una pequeña explosión, hay avenidas por las cuales toda una generación de artistas consignados al anonimato o la marginalidad de la auto-publicación están consiguiendo exponer sus obras. Pero sigue siendo una llama pequeñísima, un primer grito sobre el cual hay que construir muchísimo. Estamos muy lejos de tener nuestra Drawn And Quarterly) y en segundo lugar, como fanático del género superheroico.
El primer filtro causa que pueda observar estas discusiones con cierta distancia que desnuda su cuota de ridículo: vamos, muchachos, deberían estar agradecidos de vivir en un país donde Adrian Tomine publica un nuevo numero de Optic Nerve y es un acontecimiento digno de conseguir cobertura en algunos de los medios escritos mas importantes. Mierda, ¡el solo hecho de que alguien como Adrian Tomine pueda hacer una carrera publicando comics debería ser motivo suficiente de alegría!
Esta bien que su audiencia es acotada, que no veremos a los escolares en sus colectivos rojos leyendo “Shortcomings”, pero esto no tiene que ver con el supuesto mal funcionamiento de la industria y el opresivo peso de los superhéroes. Tiene que ver con algo mucho más simple: la gente es estúpida, poco curiosa y abúlica. En la gran mayoría de los casos no les interesa el arte ni las ideas. Ese es el motivo por el cual los Pynchon y Vonneguts del mundo no venden tanto como los Coelho. ¿Por qué motivo de pronto “Acme Novelty Library” debería ser el comic que el americano medio lea antes de irse a dormir? ¿Porque tiene dibujitos y eso lo vuelve más digerible? Vamos, creo que ni siquiera querrían que el americano medio lea a Chris Ware. ¡No entendería nada! O lo entendería todo de una manera confusa y retorcida. ¿Realmente queremos eso?. Prefiero toda la vida una audiencia pequeña pero interesada y capaz de enriquecer el trabajo con sus lecturas, análisis y apreciaciones que la pantomima de construir una biblioteca porque es lo que da status y prestigio.
El segundo filtro da una lectura más parcial, pero me niego a pensar que completamente falsa. Todavía se produce mucho buen material dentro del género superheroico y es bastante idiota pensar que podes tirar todo solamente porque te cargaste al hombro la tarea mesiánica de rescatar a los comics de si mismos. Los Brubaker del mundo no deberían pagar por los errores de los Winick (aunque esos errores sean muchos, espantosos y desagradables). En este punto una critica inteligente capaz de señalar lo que vale la pena y defenestrar lo que no se vuelve importante. O, mejor aun, adoptar una actitud consciente que se traduzca en comprar y leer solo lo que nos da placer, para rescatar lo hermoso que existe en este medio y en ese género particular y no alimentar la maquina del hype y la perpetuación continua de trademarks agotadas. Obviamente que hay mucha (MUCHISIMA) basura, pero también hay gente talentosa produciendo cosas magnificas y yo creo firmemente que aquello válido artísticamente tiene una manera de manifestarse y brillar hasta el final y que algo como los Fantastic Four de Waid y Wieringo seguirán siendo leídos por las generaciones venideras, por su magia y amor a sus personajes y su medio, por su capacidad para construir historias emocionantes y geniales, mientras que las JLA meltzerianas terminaran siendo relegadas como lo que son: continuity porn, la paja de un fanático sobre sus héroes. Solo hay que tener fe y quitarse de encima los prejuicios. Los superhéroes le han hecho mucho mal al medio, pero hoy en día no son la amenaza, no son el enemigo y hay que dejar de darles ese status de cuco que se traga las aspiraciones artísticas porque a) hay demasiadas cosas buenas en ellos y b) ya no lo son.

Y, por otro lado, ¿cuanta basura se produce por el lado de los comics considerados “independientes”? Por cada “Fun Home” debe haber 10 minicomics inmundos que le roban el estilo de dibujo y los temas a Jeffrey Brown.
Una vez más, el problema radica en ser consumidores conscientes, capaces de separar la paja y el trigo y generar nuestros propios estándares estéticos. Claro que esto es mucho más difícil que armarse de prejuicios y odio y salir a quemar capas.

Update: luego de charlar un poco sobre el tema con Andrés Accorsi por mail, me doy cuenta que meter a Comiqueando en la misma bolsa que Wizard es, cuando menos, muy injusto. Si bien tengo mis diferencias estéticas y estilísticas con respecto al modo de encarar la crítica / periodismo sobre comics con quienes la realizan, es una revista que supera con creces el modelo Wizard, que creo todos podemos concordar es El Mal. Además, yo probablemente no sería fanático del comic de no haber leido la Comicú entre 1994 y el 2001. Por lo tanto, prefiero editar la frase donde la mencionaba para que quede «modelo Wizard». Creo que es más preciso y menos mala leche. No siempre hay que matar al padre.

***

Si los comics son un tema que a muchos de ustedes les parece ajeno o misterioso, que opinaran sobre la historia, otra de mis pasiones. A esta disciplina que decidí estudiar la aquejan muchos de los mismos problemas que a los comics: inaccesibilidad, cerrazón, libros a precios prohibitivos, un lenguaje y presentación que desalienta al neófito y, sobre todo, una corporación que domina su conocimiento y difusión como si escondiese un secreto religioso. Y que esta mas interesada por su propia colocación individual y su capacidad trepadora que por comunicarle algo a su potencial audiencia.
Supongo que cualquier estudiante de humanidades se enfrenta al mismo problema y que, si es minimamente inteligente, se asquea de la manera en que la corporación de los profesores se maneja como si fuesen camarillas mafiosas, desesperadas por acumular recursos y arrastrar a sus enemigos por el barro. No es que los estudiantes sean mejores, de cualquier modo: o son imbéciles a los cuales la revolución setentista dejo atrás y que se enmascaran en un falso altruismo y activismo de corto plazo, ideas izquierdistas vencidas e idealismo francamente impracticable (cuyos estándares, por otra parte, de ser aplicados a ellos los revelarían tan podridos como aquellos que quieren combatir), detalles todos que revelan su completa ignorancia sobre el accionar político efectivo; o son pichones de esos mismos profesores, destinados a reproducir su accionar inmundo y a investigar cosas insignificantes, detalles arcanos, completamente desconectados del ahora e incapaces de generar discusión o intercambio de ideas. Su futuro reside en la reproducción del sistema de congresos en donde todo lo que importa es el certificado y quizás una publicación de segunda en alguna editorial universitaria.

¿A que viene todo esto? Hace un par de semanas se realizaron las XI Jornadas Interescuelas de Historia, aquí en San Miguel de Tucumán, el congreso mas grande de Argentina, el lugar donde se supone que la corporación de los historiadores se reúne a discutir ideas y a ponerse al día con lo que se viene investigando. ¡Una gran reunión de mentes! ¡Un acontecimiento científico sin parangon! ¡Un lugar donde la creme de la creme se reúne a iluminarse mutuamente!.
Patrañas. Lo que realmente son las Interescuelas es una gran usina expendidora de certificados, una bolsa de gatos donde hay más de 1500 trabajos y donde lo único que importa es decir tu parte y quizás chuparle la pija a alguna personalidad consagrada. El tamaño solamente de la reunión vuelve completamente imposible articular algún tipo de discusión interesante. Uno se mueve por los pasillos y aulas como un zombie, esperando encontrar alguna mesa decente. Temas e hipótesis perimidos son repetidos por personas a las que lo único que les preocupa es tener su papelito dictaminando que expusieron y largarse de ahí. Los asuntos de los que más se hablan en los pasillos no tienen que ver con nuevos avances en el conocimiento histórico o con intercambios intelectuales de altura, sino con luchas de poder entre camarillas y clavadas de puñales varios. Las mesas destinadas a temas contemporáneos que se salgan un poco del molde “politicasociedadeconomia” son mínimas. El concepto de fuente es vetusto y ridículo.
Caveat: yo este año fui solo…2 horas creo. Pero esas dos horas fueron suficientes para mandarme huyendo hacia las colinas y para confirmar lo que ya sabía: todos los idiotas que se quejan porque las masas consumen la versión para mogólicos de Felipe Pigna de la historia se lo tienen merecido. ¡¿Que es lo que proponen a cambio?! ¿Aburridas investigaciones sobre un gremio insignificante en los años 30? ¿Análisis demográficos de la colonia? ¿“La importancia de los exiliados rumanos en la Argentina del centenario”?. Fuck ‘em. La gente todavía se hace pajas pensando en la “revolución intelectual de los Annales”. Claro que olvidan mencionar que tiene…70 AÑOS. Todos son tan cautelosos para cuidarse los traseros y los contactos que la posibilidad de que surja un grupo dentro de la corporación que busque diferenciarse de sus precursores es ínfima. Todos buscan reproducir lo que ya se sabe, lo que esta probado, lo que ya se ha investigado, solo reduciendo el marco de análisis cada vez mas, hasta niveles microscópicos, que no tienen ningún sentido en el gran esquema de las cosas. Imaginemos una ucronía: el punk nunca sucedió, ni en espíritu, y ELP dominan los charts en el 2007. Bueno, algo así es la mafia de los historiadores profesionales.
Y aquellas voces que se alzan en descontento son aun peores. Durante las Interescuelas los estudiantes se reunieron y realizaron una de esas grandes asambleas donde chillan mucho y deciden nada. Una de sus conclusiones fue: “Se repudia el carácter elitista y alejado de las problemáticas sociales que se evidencian en estos congresos, expresado de manera exponencial en la apertura que se realizó este año con la charla de Chartier sobre Cervantes y Cardeña”. O sea que o nos entregamos al academicismo estéril o caemos en brazos de la dictadura del activismo social y político. “No señor, ni se le ocurra escribir sobre la Historia de la Moda (o de los comics, o de la masturbación o del diablo o de la Guerra Civil Española o de la Revolución Rusa o de los anarquistas sudamericanos) porque AQUÍ SE HABLA DE LAS PROBLEMÁTICAS SOCIALES”. ¡Espero con ansias que su auto designación como censores de lo que es políticamente correcto investigar nos guié a un futuro brillante! Seguro ellos ya están ahí, con sus trabajos punzantes sobre la protesta social y la lucha de clases. Ah, ¿no? ¿Que estaban muy ocupados intentando conservar sus míseros espacios de poder en centros de estudiantes y tomando vino barato? ¡Caramba! ¿Que será de nosotros sin su brillante ingenio para guiarnos? No, claro, se comprende, ¡la revolución es algo MUY DIFICIL de organizar!
“Pero Amadeo” me dirán, “el objetivo de esas jornadas no apunta a llegar al gran publico. ¡Es una MAGNÁNIMA obra de construcción colectiva! ¡En esas reuniones se ponen los ladrillos para el futuro!”. Basura, basura, basura. Para lo único que se ponen los ladrillos es para construir la muralla alrededor de la historia que la vuelve estéril y tan poco atractiva para un ser normal. Deberían quedarse en sus casas escribiendo, analizando y leyendo hasta llegar a construir algo que de hecho aumente el conocimiento histórico, que ayude a progresar a la disciplina. El talento de todos los grandes historiadores proviene de su ambición, de su capacidad para tomar muestras aparentemente insignificantes y a partir de ello pintar una imagen global. Thompson puede haber escrito sobre la lucha de clases en Inglaterra en el siglo XVIII, pero lo que lo vuelve un genio es la manera en que esa muestra aun nos habla sobre la manera en que funciona el capitalismo a escala global. Lo que lo vuelve un genio es su incansable insatisfacción intelectual, no el caer rendido ante formulas fáciles. Pero bueno, caer rendido ante formulas fáciles siempre es mas simple que pensar.

Y sobre todo, deberían aprender a escribir. ¡Por dios! Pocos grupos tan grises y aburridos de escritores he encontrado como los historiadores argentinos en estas reuniones. ¡Que poco preocupados por el estilo que están! ¡Que tremendamente carentes de vida que son sus trabajos! ¿Acaso no les interesa lo que investigan? ¿Acaso no se refriegan las manos como científicos locos ante el descubrimiento de un dato nuevo? ¿Para qué carajo estudiaron historia? ¿Para ser burócratas del conocimiento?
Llámenme iconoclasta o loco o reaccionario, pero creo que la única base para el estudio de la historia debería ser la pasión. La manera en que funciona el gremio tiende a convertirnos en engranajes, pedazos de una maquinaria que se perpetúa y nos hace olvidar todo lo hermoso que podría existir (y existe en obras increíbles) dentro de esta disciplina, el hecho de que en el fondo combina todo lo bueno de un detective, un escritor y un (seudo) científico. Las enormes cantidades de información que nos brinda y nos enseña a manejar. La manera en que ayuda a enriquecer y complejizar un mundo que la mayoría de las veces vemos en tonos de blanco y negro. La satisfacción que da poder entender las causas de un proceso. Lo hermoso que es poder relacionar todas las facetas de la actividad humana como en un puzzle que se extiende inconmensurablemente. La libertad de comprender que todo es historia y que podemos investigar sobre lo que queramos mientras lo hagamos con altura y conocimiento de causa. Y, sobre todo, el hecho de que siempre va a estar incompleta, de que siempre habrá algún debate nuevo, algún punto a discutir, algún espacio oscuro.
¿Hay algo mas satisfactorio y emocionante acaso para el practicante de una disciplina intelectual interesado en el discurso el saber que este nunca se va a acabar? ¿Y que los descubrimientos de hoy van a ser las discusiones del mañana, continua e infinitamente aumentando nuestra conocimiento?. Yo creo que no. No hay que dejar que los hombres grises del status quo oscurezcan este detalle maravilloso sobre la historia.

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El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

(Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles).


«Toma mucho tiempo encontrar una metáfora adecuada”, insistió, «y no tengo dudas que el 11 de Septiembre va a alimentar a las artes y el entretenimiento. Pero no se como, y creo que cualquiera que clama que lo sabe esta jugando a ser Nostradamos».

Frank Miller, citado en Comic Book Nation de Bradford W. Wright.

Frank Miller es un tipo meditabundo y equilibrado. Un artista que se pasó todos estos años buscando penosamente en las oscuridades de su alma la manera de representar los ataques terroristas del 11 de septiembre. Un hombre con conciencia social, que debe haber pasado muchas noches sin dormir intentando imaginar cual seria la mejor metáfora para tan horrible incidente. Y finalmente llegó a una conclusión. Pero claro! ¿Que mejor manera de canalizar esos eventos de una manera poética, sutil y elevada que…ESCRIBIENDO UN COMIC DONDE BATMAN LE PATEA EL CULO A AL-QAEDA?
Oh, comics, how I love thee.


Cut Ups

Hace unos años existía una publicidad antidroga, torpe, simplista y generalizadora como suelen ser esas cosas, en la que suelo pensar últimamente. La publicidad mostraba una estatua que representaba a un consumidor de cocaína, a medida que una voz en off decía cosas como “Te tomas una línea y una línea te recorre la cabeza. Y después otra. Y otra”. La estatua comenzaba a resquebrajarse, como si de golpe se hubiesen revelado las líneas teutónicas ocultas que recorren nuestro cráneo y los pedazos caían al suelo. Al final de la propaganda la cabeza de la estatua se encontraba deformada por completo y la voz en off decía algo así como “Y de vos no queda nada”.
Supongo que la idea era transmitir la manera en que las drogas nos hacen actuar como personas que no somos, comprometer nuestros valores, traicionar a nuestra patria y dejar de lado a nuestros seres queridos. Pero yo siento que la imagen de esa estatua con la cabeza deformada, destruida, con sus ideas completamente cambiadas era extrañamente persuasiva. Ese es el efecto que me gustaría que tengan todas las drogas: que cuestionen mi personalidad, mi manera de ver el mundo, que demuelan las preconcepciones que tengo sobre la manera en que vivo.
Y, además, alguien debería haber encerrado a esos creativos con un cocainómano totalmente pasado de rosca para que les hable a la velocidad de la luz de planes extraordinarios, su vida privada y sus ideas fantásticas y de ese modo se den cuenta que es una droga que se encuentra muy lejos de aniquilar el yo.

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Hay un fantástico poema de Robert Graves que se llama “En Imágenes Rotas” y dice así:

El es rápido, piensa en imágenes claras;
Yo soy lento, pienso en imágenes rotas.

El se vuelve obtuso, confía en sus imágenes claras;
yo me vuelvo agudo, desconfió de mis imágenes rotas.

Confiando en sus imágenes, el da por hecho su acierto;
desconfiando de mis imágenes, yo dudo de su acierto.

Dando por hecho su acierto, el da por hecho el hecho;
dudando de su acierto, yo dudo del hecho.

Cuando el hecho le falla, él duda de sus sentidos;
cuando el hecho me falla, yo apruebo de mis sentidos.

El continua rápido y obtuso en sus imágenes claras;
yo continúo lento y agudo en mis imágenes rotas.

El en una nueva confusión de su entendimiento;
yo en un nuevo entendimiento de mi confusión.

Mas allá de que este magnifico poema podría ser leído como una alegoría a favor de la imposibilidad de reducir la realidad a un conjunto de leyes o imágenes precisas que no fallan nunca (y por extensión, en una cautelosa impugnación de la ciencia), advocando por un conocimiento de la realidad laborioso, siempre cambiante, siempre intuitivo (y, quizás, mas apropiado para el artista) lo que a mi me interesa es la manera en que ilustra una aproximación a los procesos deductivos individuales que se acerca mucho a la experiencia cotidiana de cualquiera de nosotros.
Nos guste o no, casi todos pensamos en imágenes rotas. El problema es que las confundimos con imágenes claras. Todos tenemos siempre planes, organizamos proyectos, desarrollamos ideas que pretendemos ejecutar con la mayor eficiencia posible, de modo rápido y ejecutivo. Como la vida capitalista nos ha enseñado!!. Pero siempre hay imponderables, elementos externos, accidentes de la naturaleza que vuelven cualquier plan imposible.
Y la mayoría de las veces somos nosotros mismos quienes abortamos nuestros planes. Graves, ingles sabio si los hay, nos increpa para que abracemos una manera de percibir el mundo más cierta pero menos controlable. Esas imágenes rotas que en definitiva son una representación de nuestra propia identidad quebrada, de nuestra propia percepción del mundo sesgada por prejuicios y favoritismos y filtrada por un equipamiento técnico francamente pobre.
Las imágenes claras nos vuelven obtusos, cabeza dura, fijados en nuestras ideas. Que mejor que desconfiar, de nosotros mismos y del mundo, mirarlo como a través de una cerradura y no intentar completar la visión para que funcione perfecto, sino movernos con cautela por esa imagen fracturada, como nuestras propias y múltiples personalidades.

***

¿Todos amamos a Wire, verdad?. Me sorprendo al darme cuenta que en tantos años de escribir en blogs, casi nunca he mencionado a esta banda extraordinaria. Como todos los intereses en la vida son circulares y recurrentes, esta ultima semana me encontré escuchando de nuevo “154” y maravillándome ante la capacidad creativa que tenían estos tipos.

Como en una mente esquizofrénica, pasan del synth pop a los ataques punk (nadie puede afirmar que lo habian abandonado: escuchen “Two People In A Room” para darse cuenta que esos dientes, como mínimo, habían crecido 15 centímetros) a las canciones esotéricas y oscuras. Lo más curioso es la manera en que en ningún momento el disco se asienta en un tono o en un estilo, prefiriendo navegar por un mar de sonidos e influencias sin casarse con ninguno. Es la manera más fiel (e inteligente), creo, de encarar un disco ecléctico, no como una colección de impresiones y estilos, sino como una especie de continuo donde la música cambia orgánicamente.
De todas las hermosas viñetas que ocupan el disco hay una que siempre llamó mi atención. En un principio, supongo que “Map. Ref. 41ºN 93ºW” me atraía porque era la canción más cercana a una canción “pop”: organizada, con estrofas y estribillo y una melodía pegajosa. Mientras el resto de las canciones pasaban por mis oídos como una especie de continuo (aun recuerdo preparar mis primeros parciales escuchando este disco) esta inmediatamente me obligaba a pararme y cantar.
La letra es típicamente Wire: pareciera que el narrador describe la composición de un mapa (o, mejor dicho, de la tarea del cartógrafo) con una objetividad absoluta. Pero lo que están intentando comunicar es la manera en que debajo de esa conjunción de líneas, paralelos, manchas que describen montañas y valles, se esconde “un país” o un conjunto de sujetos completamente incontrolables. Es la típica aproximación lateral de Wire: hablemos de algo completamente bizarro o poco común en las letras de rock para terminar implicando o sugiriendo algo completamente distinto. Como la letra de esa canción magnifica que es “Outdoor Miner”, ¿alguien se hubiese imaginado que en medio de ese imaginario lo que se estaba describiendo era a un insecto? Sin embargo, es curioso como mediante este método lograban enterrar en sus canciones frases o momentos o temas que de una manera subrepticia nos refieren a preocupaciones muy humanas.
Ahora bien, de toda la canción, el estribillo es el que mas me interesa:

Interrupting my train of thought
Lines of longitude and latitude

Define and refine my altitude

Tres frases nomás que parecen sencillamente comentar la manera en que el narrador se guía por un mapa. Sin embargo, hay algo magnifico en esas tres frases. Porque en definitiva lo que hacen es transportar algo tan alejado como la cartografía a la manera en que nosotros, las personas, pensamos, construimos nuestra personalidad y refinamos nuestras decisiones. Es casi como si los Wire quisiesen hacer una cartografía de nuestros cerebros. “Este elemento y este elemento, combinados, cambian todo lo que venia pensando” es en definitiva lo que cantan. Los elementos del ambiente, los accidentes geográficos, ciudades, líneas, espacios, momentos, definen quienes somos. Son input constante que procesamos y sobre los que actuamos en coincidencia. Y que en definitiva “definen y refinan nuestra altitud”. Determinan si estamos mejor o peor.
Y no puedo evitar pensar en el corolario: la cartografía define las cosas para siempre, marca los espacios, describe los ambientes. Pero al mismo tiempo nos permite ubicarnos en el espacio, nos da coordenadas, producto de la fragmentación del mundo en espacios mensurables. Y, si en definitiva esas mismas coordenadas informan nuestra manera de pensar y la definen, y el ser humano esta en constante movimiento, nunca parando en ningún lugar, entonces tenemos que cambiar todo el tiempo, procesar nuevas coordenadas que nos dan un lugar mas preciso en el espacio mental. O perdernos irremediablemente.

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Como dije arriba, los gustos (deberíamos hablar de obsesiones a esta altura) son recurrentes y en estos días me encontré, una vez mas, pensando mas de lo que es recomendable en Grant Morrison en general, y en Seven Soldiers en particular.
La culpa la tiene el capitulo del libro de Douglas Wolk que publicaron en Newsarama (primera, segunda, tercera, cuarta y quinta partes). En el analiza tanto Seven Soldiers como los Invisibles (que debo releer eventualmente) y sus ideas y sugerencias me enviaron al maravilloso mundo de la blogosfera comiquera para leer una tonelada de información sobre esta serie.

Seven Soldiers es el último GRAN proyecto de Grant Morrison. La idea formal, en un principio, era encarar la serie como una especie de evento modular: 1 numero especial donde comenzaba todo, 7 miniseries, cada una dedicada a un personaje olvidado o caído en desgracia en el universo DC (Zatanna, Mr. Miracle, Manhattan Guardian, Frankenstein, Shining Knight, Klarion The Witch-Boy y Bulleteer) donde se desarrollaba un arco individual que conectaba con la historia principal, y un numero especial de cierre. Lo novedoso de esta aproximación era que parte del concepto de Seven Soldiers era que los personajes no se encuentren nunca y que cada miniserie estaba plagada de detalles, pistas y elementos que solo tenían sentido en el marco de la narración mas amplia. En un principio Morrison dijo que cada miniserie iba a ser independiente de las otras y que no hacia falta leer todo para entender la historia. Obviamente esto resultó ser un engaño y, en definitiva, todo debe leerse como una gran serie de 30 números, como un archipiélago en el que a la vez las cosas pasan aisladas y contribuyen a la visión de conjunto.
La aproximación “semi-modular” y el hecho de que los personajes no actúen en conjunto jamás (como debería ser esperado de un grupo de superhéroes) mas la tendencia de Morrison a plagar sus series con referencias, temas continuos y subtextos, causan que esta sea, probablemente, la serie mas compleja en términos formales y temáticos que haya dado el comic de superhéroes en los últimos 10 años (o mas!). La serie se puede leer desde varios puntos de vista: como un intento de remozar a un grupo de personajes olvidados, un poco ridículos y con pocas posibilidades comerciales; como un comentario metatextual sobre el genero superheroico, sus posibilidades de crecimiento, la manera en que este crecimiento ha sido interpretado infantilmente como “oscurecimiento”; como una reflexión sobre lo que implica trabajar en una historia en continua evolución y que nunca cerrara, “escrita” por una miríada de guionistas; como una enorme aventura superheroica en su propio derecho (con piratas en las alcantarillas! y ciudades de puritanos bajo la tierra! y golems! y el monstruo de Frankenstein matando adorables animalitos mutados! y universos conscientes! y hadas malvadas! y caballeros arturianos que ven emociones como si fuesen monstruos! y MUCHO MAS) y como un especie de tratado filosófico / teórico sobre lo que significa el cambio individual.
Porque en definitiva lo que hace Morrison en las 7 miniseries es trazar un arco de cambio en sus personajes. Todos los protagonistas de Seven Soldiers comienzan las series con algún nivel de disfuncionalidad. Zatanna siente culpa por sus acciones como heroína y no puede hacer funcionar su magia, The Manhattan Guardian entra en una depresión después de matar accidentalmente a un niño de 13 años, Shining Knight es el ultimo superviviente de su cultura y siente la culpa previsible, Bulleteer es ignorada por su marido que navega la red buscando porno superheroico, Klarion ve como sus tendencias independientes son reprimidas por su sociedad, Mr. Miracle esta atrapado por la trampa de la fama y Frankenstein es una maquina de destruir en un mundo en el que las soluciones se han vuelto infinitamente mas complejas. Para el final de la serie general no solo han salido de su agujero emocional, sino que se han transformado en héroes con todas las letras, comprendiendo mejor su lugar en la vida e iluminándose en el proceso.
Acá hay un doble comentario por parte de Morrison. Este post en Barbelith intenta relacionar la serie con la Cabala judía y el concepto de la “dinámica en espiral”. El concepto de “dinámica en espiral” es bastante complejo, pero en su fuente consiste en lo siguiente: la raza humana avanza a lo largo de una serie de estados, caracterizados por un color y cada vez que adquiere un estado superior, evoluciona y aprende nuevos conceptos que le permiten resolver nuevos problemas. La humanidad avanza a través de estos estados al incorporar nuevos “vmemes” o ideas colectivas, que pueden ser aplicables tanto a individuos como a colectivos culturales enteros. A pesar de que se supone que cada nivel es más complejo que el anterior estos estadios no son técnicamente superiores uno a otro: la raza humana puede utilizar y cambiar de estado (a medida que los va alcanzando) de acuerdo a los problemas que se le presentan.
La idea es que los Seven Soldiers evolucionan a lo largo de esta espiral y que cada personaje consigue, luego de muchas dificultades, un estado que otro personaje esta abandonando con igual número de problemas, por ello es que nunca se conocen o trabajan juntos.
Pero mas allá de este elemento “teórico” un tanto oscuro, también hay en Seven Soldiers una critica a la industria del comic y el genero superheroico. En una época en que se considera que modernizar o madurar a los superhéroes consiste en oscurecerlos, darles pasado de asesinos o violadores y matar personajes secundarios, lo que Morrison dice es que los superhéroes tienen que iluminarse. Tienen que evolucionar, cambiar, llegar a un nivel superior de conciencia en el que les puedan hablar a sus lectores con mayor emoción, mejores historias, aventuras mas grandes y mas fantásticas que conmuevan hasta los huesos, que te hagan sentir cercano a esos personajes y den ganas de vivir en un universo donde “la tierra es amenazada cada cinco minutos y seres similares a dioses chocan en el cielo cada cinco minutos como fuegos artificiales” (Morrison dixit). En otras palabras, a diferencia de Alan Moore, que con Watchmen quería matar a los superhéroes, Morrison les esta diciendo “Crezcan, sean todo lo buenos que pueden ser, vuélenle la cabeza a sus lectores, yo se que pueden”.
O, para ponerlo en las palabras de Douglas Wolk:

Si los comics de superhéroes no le hablan a las realidades de sus lectores, no es un problema del género, sino una demanda para mejorar su ejecución. Seven Soldiers es un intento simultáneo de perfilar y ejemplificar ese salto formal; su ambición a veces sobrepasa su capacidad. Su premisa, sin embargo, es que cuando los personajes de dos dimensiones y sus historias alcanzan suficiente complejidad y profundidad, se vuelven efectivamente reales, estallando a través de la cuarta pared o la superficie de la pagina, deslizándose en el mundo de sus lectores y cargándolo con la energía de lo fantástico.

Finalmente, todo Seven Soldiers puede ser leído como un tratado a favor del cambio y en contra de una visión fijada de lo que una persona tiene que ser. Todos los personajes encuentran un lugar y “se completan” como personajes cambiando de situación y de perspectiva frente al mundo. Y simultáneamente son más felices por ello y contribuyen a la lucha general por mejorar a la humanidad y salvarla de los Sheeda, hadas maléficas que vienen a destruirnos. Morrison parecería estar diciéndonos: somos personas, el mundo y las cosas cambian a nuestro alrededor, combatir el cambio es generar un cáncer del alma, hay que dejar morir periódicamente la cáscara de quienes somos y renacer con más energía y fuerza.
O, como exclama Klarion en el número final de su miniserie:

“Quisiera ser muchas cosas antes de morir, madre.”