Cine: The Room y Birdemic

Pese a considerarme bastante menos cinéfilo que mis otros compañeros de blog, en el último mes tuve el “gusto” de ver una seguidilla de tres películas que pelean por el mismo premio: El título a la “Peor Película de la Historia”. Estas películas son The Room, Birdemic y Troll 2.

No voy a detenerme en Troll 2, que aunque es genialmente espantosa, la sigo considerando a otro nivel que las otras dos. La gente que hizo Troll 2 sabe filmar, contar una historia, y es dentro de todo una película de género, aún con su maquillaje de risa, su trama surrealista anti-vegetariana y narración bizarrísima. Pero las otras dos.. ay, esas sí son otra cosa. Además, una cosa que comparten The Room como Birdemic es que son contemporáneas: Mientras que Troll 2 es de 1990, The Room es del 2003 y Birdemic del 2008. En cierta forma se podrían considerarlas como una “forma” de “nuevo” “cine”. Pero bueno, empecemos.

Birdemic:Shock and Terror es una película de terror dirigida por James Nguyen. La historia se podría resumir así: Pareja se conoce, se despiertan un día y hay una invasión de águilas y pájaros que azota el pueblo, a continuación, intentan escapar. Eso. El presupuesto de la película fue de unos 10.000 dólares.
La primera mitad de la película – y hablamos literalmente de la mitad, porque son unos 40 minutos de film – es la historia de romance entre Rod (el protagonista, un ‘emprendedor’) y Nathalie (una modelo). Alan Bagh, el actor detrás de Rod, debe ser el individuo más de madera que alguna vez estuvo enfrente a una cámara, y parece estar todo el tiempo en un estado pasmado y apático. Nathalie dentro de todo ‘zafa’, y se nota que esta utilizando la película como bueno, para seguir para adelante y utilizarala como portfolio o algo así. Durante esta primera mitad de la película vemos con insoportable lentitud como se conocen, salen una vez, salen otra vez, le va bien en el trabajo a Rod, le va bien en el trabajo a Nathalie. Una de las primeras escenas nos ilustra (quien sabe para qué) a Rod saliendo de su casa, subiéndose al auto, yendo por la carretera hasta llegar a su trabajo. Dura como 5 minutos y parece una de esas escenas interminables y ‘graciosas’ de Abbas Kiarostami pero con música buena onda de suburbio de fondo.

En el medio de toda esta primera parte se muestran los noticieros con noticias sobre calentamiento global lo cual – como fácilmente pueden adivinarlo – es la excusa por la cual aparecerán luego los pájaros malignos. Y llega el momento cuando aparecen.. Bueno.
Mejor, vean el Trailer de la película, que es un muy buen resumen de todo lo que es la película:

Los pájaros aparecen luego de como 5 planos que van mostrando la ciudad vacía de mañana, durante varios minutos. Luego hay un fundido en negro y aparece la ciudad con explosiones y rodeada de pájaros. A esta toma la acompaña un ruido de pájaros fuertísimo, saturado e insoportable que sería las delicias de Merzbow o cualquier músico noise.
Claramente la película la filmaron sin efectos y alguien que CLARAMENTE no tenía la más PÁLIDA idea de lo que hacía, agregó las aves más berretas de la humanidad. Son básicamente.. ¿GIFs animados?, que se mueven en bucle y aparecen por encima de los actores. Algunos aterrizan y.. explotan. Otros, en una escena incomprensible, escupen ácido sobre varios transeúntes. Ok.

En Birdemic están todos los defectos tradicionales de una película horrible: Diálogos para el suicidio, ausencia total de conocimiento del tiempo cinematográfico, no-actores, escenas totalmenteinnecesarias, escenarios e iluminación inexistentes, música de stock, etc. Para peor, el audio esta todo grabado directamente con la cámara, entonces entre toma y toma hay saltos, cambios de volumen e infinidad de otros problemas.
El resto de la película sería como la tradicional “vamos en una camioneta escapando de los zombies”, solo que bueno, con pájaros. Nadie explica a donde van, porqué van, y porqué simplemente no se encierran en una casa y “esperan” a que algo pase. Porque eso es lo que pasa al final, solo dan vueltas en la camioneta, en plan survival, encontrando conocidos muertos, reclutando otros, hasta que inesperadamente los pájaros SE VAN. ¡Y la película se termina!

Birdemic es, por lejos, la peor película que vi en mi vida. Peca de no solo ser malísima, con los peores efectos especiales de la historia sino que además es un bodrio irremable y lentísimo donde no pasa nada. No encuentro razones para recomendársela a nadie , excepto alguna tarde increíblemente aburrida con algunos amigos, con maní, doritos, y mucha, mucha cerveza.

The Room es otra cosa. Dirigida y escrita por Tommy Wisseau, una especie de Glenn Danzig después de la peste, The Room intenta ser un melodrama, un triángulo amoroso entre el protagonista, su mujer y su mejor amigo.

The Room y Birdemic son dos peliculas increíblemente ineptas, pero de formas muy diferentes. La primera diferencia podría ser el presupuesto: Mientras Nyugen hizo Birdemic con diez mil dólares, Wisseau invirtió (supuestamente) unos seis millones en The Room. No es que sea una película “con presupuesto” – tiene decenas de falencias claramente económicas -, sino que sus problemas más bien van por otro lado. “The Room” es una deconstrucción de pila de ideas y conceptos del cine, entendidos todos MUY MAL, convertidos en un objeto cultural extrañísimo y fascinante.
Lo primero es el guión y la estructura demencial de la película. En los primeros cinco minutos nos tenemos que fumar una “escena de amor” que es, bueno, los protagonistas a los besos revolcándose en una cama durante 4 minutos con música R&B de fondo. Diez minutos después, increíblemente, viene OTRA “escena de amor” casi idéntica a la primera. Te querés matar. La construcción de los diálogos es graciosísima, donde cualquier pregunta incómoda se responde con un “i don’t wanna talk about it”, y cualquier conversación empieza con “Hi (nombre)!” y se acaba con “ok i gotta go”. La historia tiene varios intentos de subtramas que sólo duran una escena y no tienen ningún contexto ni sentido – incluyendo esa gloriosa escena donde la madre de Lisa dice que “definitivamente tengo cáncer de mama”, detalle que nunca más aparece en la película. Los personajes son inverosímiles, incomprensibles. Está por ejemplo del Denny, el niño-adolescente que es vecino de la pareja principal, que nunca jamás podemos entender si es un niño, si es adolescente, o si es tarado, o cómo es que se comporta como un niño de 10 y se mete en problemas con drogas. No. Tiene. sentido.

Lo más interesante de The Room es que durante la duración del film, vemos la visión de lo que es el cine, una película, y la cultura norteamericana a través de la mente retorcida de Tommy Wisseau. En el mundo de The Room (como lo hablamos ya con Dario) no hay nada más divertido que jugar a tirarse una pelota de fútbol americano a 3 metros de distancia, una mujer miente que su marido la golpea sin ningún tipo de razón o sentido, y todos los personajes entran y salen de escena como si fuesen Kramer en Seinfeld. En The Room un personaje puede desaparecer de la mitad de la película (porque el actor no lo soportó más y se fue de la película) y sus líneas pueden ser dichas por otro personaje que aparece sin ningún tipo de explicación.

Ahora The Room es de culto. Se organizan screenings donde van todos los fans a verla, como un evento. Wisseau abrazó el “éxito” de la película, da charlas, va a convenciones, subiendose al carro de forma casi admirable, diciendo que en realidad la película es una comedia y siempre fue armada así, y que todos sus errores son ‘a propósito’. En fin, que disfrute el hombre de su éxito inesperado. A nosotros nos queda la película, que simplemente no hay con que darle, y es muy, muy divertida, y se banca varias revisiones donde uno siempre encuentra un nuevo detalle extraño, estúpido y encantador.


Oportunidades desperdiciadas

No es una mala películaThe Social Network, de hecho me gustó y no quiero hablar muy mal de ella, pero sus defectos me parecieron más dignos de mención que sus virtudes. Es una película entretenida, bien narrada, bien actuada y que despierta interés aunque todos sepamos qué pasó (Zuckerberg hace Facebook, todo el mundo usa Facebook, Zuckerberg se pudre en plata) pero no puedo dejar de verla como una oportunidad desperdiciada.The Social Networktenía que ser la primer gran épica de nuestra generación, un retrato de la era digital, pero se queda corta. La película es una épica empresarial que se podría ambientar en cualquier época cambiando la empresa y no se perdería nada de la historia, que sea sobre Facebook y la web 2.0 parece apenas una eventualidad pero es esa eventualidad la que nos hizo ver la película. Y no, no es una mala épica empresarial, pero simplemente no es todo lo que podía ser.

David Fincher es un director correcto, logra películas fácilmente mirables y estéticamente placenteras, sin excesos y sin mucha personalidad. Así, correctas, bien moderadas. No molestan y lucen bien pero dan poco para pensar y dejan poco en la memoria. Ni hablar de correr riesgos o de poner ideas de verdad en las películas, pero tampoco es que les pedimos eso a todo el mundo. Típico director que viene de la publicidad, menos un autor que un técnico eficiente. Y lo primero que me pregunto es como sería esta película en las manos de otro director. Fincher agarró un tema actual, que le interesaba a todo el mundo, con el cual el cine prácticamente todavía no se metió y no hizo nada con él. Con el hype que rodeaba a la película esperaba ver un retrato del creador de Facebook que se expandiera y se convirtiera en un retrato de nuestra época, un análisis de la vida en la era digital, lo que sea pero algo más. La falta de análisis de cualquier tipo hace que la película se sienta genérica, como que no tiene nada realmente para decir y no es que a todas las películas le pido la misma cantidad de contenido pero con un tema como este había cosas más interesante para hacer, había tanto para decir pero Fincher no se juega en ningún momento.

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Cuando vi el trailer de Black Swan me ilusioné, después me enteré que era de Darren Aronofsky y me decepcioné, después decidí darle una oportunidad, después me decepcioné de nuevo. No me atrevía a ver una película de Aronofsky desde Requiem for a Dream y (aunque esta nueva es muchísimo mejor que aquel horror) siento que podría haber dejado las cosas así y seguir sin ver ninguna y no me habría perdido nada.

Black Swan cuenta la historia de Nina (Natalie Portman), una bailarina de ballet reprimida, introvertida y con una madre sobreprotectora que se esfuerza para conseguir el papel principal en una puesta de El lago de los cisnes. El director (Vincent Cassel) ve a la inofensiva Nina ideal para interpretar la parte de Odette, el cisne blanco, pero duda que sea capaz de hacer a Odile, el cisne negro. En el medio aparece Lily (Mila Kunis), una bailarina nueva en la compañía que baila tan bien como Nina pero de forma más suelta y sin la represión sexual, el cisne negro a su cisne blanco. El enfrentamiento con su lado oscuro y sus impulsos reprimidos conllevan al lento descenso en la locura de Nina.

Aunque esto no suena necesariamente mal en el papel la película termina siendo algo así como Repulsion filmada por un Polanski sin talento. Los personajes son unidimensionales y no tienen ningún desarrollo real. Nina recibe un poco más de tratamiento pero es básicamente solo un avatar de la inocencia y la represión puesto ahí para ser instrumento de la historia, Lily es el opuesto de Nina y solamente funciona como un mecanismo narrativo, como parte del simbolismo general de la película, la madre solo aparece para estar loca y gritar y el director es francés y eso es todo su personaje. Ninguno tiene pasado, historia ni nada en la vida más allá de lo que filma la cámara.

Aronofsky es un director deshonesto, su estilo es un montón de trucos y afectaciones para convencer al espectador de que está viendo una obra profunda que trata cuestiones importantes. Es todo un engaño. En Black swan usa el simbolismo y la ambigüedad como si fueran un valor en sí mismo. Debería decirlo en el poster, “this movie features: symbolism, ambiguity”. O tal vez en la calificación de la MPAA “rated ART for symbolism and ambiguity”. Cualquier ambigüedad sobre el valor de realidad de algún evento es eventualmente aclarada (¿desconfiará de la inteligencia del público y creerá que no van a entender si no explica algo?) o es finalmente irrelevante y el nivel de simbolismo que usa es el más básico posible. Los simbolismos no sirven para agregar una capa nueva de significado en la película sino que subrayan lo que ya está en la historia hasta hacerlo estúpidamente obvio. Todo está basado en la oposición cisne blanco/cisne negro, el primero representado por Nina y el segundo por Lily, y parece una idea bastante simple pero Aronofsky parece tener miedo de que alguien no lo entienda y llega a límites como hacer una escena en la que Nina alucina que le crecen plumas negras de la espalda (acá podría mencionar también que apenas aparece Lily vemos claramente que tiene un tatuaje en forma de dos alas negras en la espalda). Está aterrado por no dejar algo suelto, algo que no se entienda fácilmente, algo que podría dejar pensando al espectador, no se atreve a jugarse con nada, ofrece respuestas antes aún de que nos planteemos las preguntas, es desesperante.

El descenso en la locura de Nina es paralelo al descenso de Aronofsky en la vulgaridad durante el cual va sucumbiendo a sus peores instintos y usando sus peores recursos. La película avanza y empiezan a aparecer los cortes rápidos para hacerte saltar del asiento, los raptos de locura con montaje rápido y descontrolado, las alucinaciones ridículas, las escenas más obvias, el tono menor de la primera mitad de la película desaparece y terminamos con una vuelta de tuerca poco sorprendente.

Lo peor de Black Swan, lo que la hace realmente odiosa, es que la película podría haber sido mejor, podría haber sido buena. La materia prima estaba ahí, se nota fácilmente. El problema es el mismo que con Social Network con la diferencia que Fincher no hizo una completa basura con su película. Hacía falta un director con un poco más de sutileza, más inteligente, con menos miedo a la ambigüedad, que confiara un poco más en la inteligencia del espectador, más capaz de mantener el tono y un ritmo razonable, pero en vez de eso está Aronofsky.


No te necesito para amarte

Sería bastante al pedo seguir tirándole caca a (500) Days of Summer por sus referencias indies, ese vicio que ya nos acompaño un montón en el cine de la última década. En realidad, las referencias y tanto smiths y karaoke de pixies y dorian gray no son tan molestas como en el caso de la bosta-esa-de-diablo-cody, y y no son tan forzados. Los problemas de la película son otros, más bien el flujo de la película (que es “raro”), y algunos diálogos que definitivamente no funcionan. Es una película menor y muy irregular, que entraría en la categoría de Indie Pochoclero.
Pero hay un aspecto de la película que me pareció interesante. La película funciona como un still emocional, mostrando tanto el enamoramiento absoluto como la ruptura desgarradora, de esas que derrumban los cimientos de tu vida. Ok, no es algo novedoso y ya se mostró trillones de veces en el cine, pero acá el planteamiento es diferente. Ambas situaciones (el enamoramiento y la ruptura) son mostradas de una forma casi clínica, de una forma abstracta. Como si fuese una autopsia de ciertas fases que uno vive. Los personajes son como piezas de ajedrez, con roles muy precisos.
Esta muy claro que Summer (la chica, Zooey ojos de bambi Deschanel) no es una mujer real. Siguiendo la formula de la Manic Pixie Dream Girl, Summer es quirky, divertida, charming, muy bella, pero inocua y sin contenido. Lo que se sabe de ella es muy poco, y nos damos cuenta de que Tom (el chico) también sabe muy poco sobre su enamorada. Peor aún, parece como que no quiere saber nada. A Tom le sirve su chica de esa forma, que es casi como un amor perfecto y decorativo. Summer es solo un concepto, una trampa de osos que Tom moría por pisar. Seguramente la causa de que no haya funcionado jamas fue su incapacidad de realmente verla a ella.
Cuando la película funciona mejor es cuando se pone más delicada, como en las primeras charlas entre los protagonistas, el primer beso, o la pequeña oda a la neurosis donde Tom se imagina toda una situación al ser invitado a la casa de Summer, y se muestra simultáneamente la versión imaginada y la real de la misma escena. Golpe bajo, pero efectivo. Problemas, como dije, hay varios. El tema de la arquitectura esta muy a los tirones. El casamiento del final no llega a ser creíble. El último diálogo final de la pareja protagonista, tampoco.
Sobre todo el final de la película es como un gran error. ¿Que intentaron demostrar? ¿Esperanza? Creo que más esperanzador hubiera sido que la última chica se negara, y Tom achicara la cabeza en ese planteo tan romántico sobre las cosas. Buscando en lo positivo, podemos considerar que (500) Days of Summer trata de como el amor y el enamoramiento puede tratarse de algo para una sola persona, no una construcción mutua. Y sobre lo tristemente fácil y tentador que es caer en ese bucle, esa búsqueda. El protagonista, Tom, puede ser un ejemplo de lo que hacer, tanto como de todo lo que NO hay que hacer. Pero eso depende totalmente del espectador.


Fare Un Film Come Un Sogno.

Durante mucho tiempo no vi películas. Tres motivos me llevaron a esto: la sosa vida de una provincia con muy poco interés cultural; la falta de una conexión potente a internet, unida a la imposibilidad de mantener la computadora prendida el tiempo suficiente para que baje una película de una buena vez; y mi naturaleza obsesiva y completista: la posibilidad de ver películas de Lynch o Jarmusch o Anderson sin haber interiorizado a Welles, a Hitchkock o a Eisenstein ni se me cruzaba por la mente. Mi adolescencia estuvo así sostenida por libros y canciones, y el celuloide hizo poco por mi educación sentimental.

Aún ahora puedo identificarme más con Zavalita y el gusanito que le roe el pecho, o con Zeno y su mediocridad, que con el carisma de los gangsters de Godard.

Enter Fellini. Lo que empezó con una motivación totalmente pragmática (para practicar mi italiano podría haber recurrido con igual facilidad a Bertolucci, De Sica o Antonioni) se convirtió en uno de esos hermosos viajes de descubrimiento de una Obra, similar a leer una tras otras las novelas de Roth, los comics de Alan Moore, o escuchar a Dylan entre el Bringing it all Back Home y el Blood on the Tracks. Genialidad pura, sin destilar.

Porque Fellini es ese tipo de artista: obsesivo, meticuloso, técnicamente perfecto, atento al espíritu del tiempo que le toco vivir, personal. Pero, sobre todo, humano. Humano como James Joyce o César Vallejo o Chris Ware son artistas humanos: porque, más allá del virtuosismo técnico y las propuestas formales de vanguardia, lo que interesa en su obra son las personas y su relación con lo demás.

Relación que Fellini llega a captar con al detalle, con empatía: Cabiria, la prostituta que odia al mundo, hipnotizada se nos revela como una muchachita insegura, y el gesto duro se vuelve angelical, luminoso, cuando cree que al fin ha encontrado el amor; la adolescencia es ese baile, acompañado y solitario al mismo tiempo, que los muchachos de Amarcord llevan a cabo en medio de la niebla; Guido Anselmi no consigue liberarse de su bloqueo hasta que se da cuenta que su vida alimenta su obra y su obra no es más que el alimento de su vida.

Toda esta preocupación por la persona común, por la folla, Fellini nos la presenta envuelta en uno de los imaginarios más personales que existen. El mundo de Fellini, a partir de La Dolce Vita en adelante, es el mundo de la duermevela, ese momento en el que somos conscientes que lo que está pasando no es real, que no puede ser real, y sin embargo nos hundimos en la falta de coherencia con la certeza de que en ella se encuentra el verdadero sentido que, cuando estamos despiertos, nunca podemos encontrar.

Como un rinoceronte flotando a la deriva en un bote en medio del mar, la obra de Fellini confunde e hipnotiza, y nos remite a algo que tal vez nunca podamos descifrar pero que, de llegar a hacerlo, podría resolvernos la existencia.


Las películas de la década según la gente que hace las listas

Una lista, por más pretensiones de objetividad que tenga, dice más del que lista que de lo listado. Y una gran lista de todas las listas de “Las mejores películas de la década” debe decir mucho del panorama de la gente que hace (y la que lee) listas aunque diga muy poco sobre el del cine. Y Slate justamente está haciendo eso, un promedio de las listas que se están editando.

Lógicamente las listas son de medios ingleses y estadounidenses y el resultado obvio es que la cima de todas está dominada por películas que vienen de Hollywood o hablan su idioma. En casi todas las listas las películas extranjeras están distribuidas igual, amontonándose en el fondo y escaseando en la cima. E incluso en algunos casos esas pocas que están en la cima son cosas como Amelie o Ciudad de Dios o Slumdog Millonaire, que sin importar donde se hayan filmado, son hollywoodenses. En este contexto las películas extranjeras parecen incluídas por obligación, para mostrar una amplitud que no existe. ¿Qué sentido tiene incluir In The Mood for Love, El viaje de Chihiro, Mooladeé o Werckmeister Harmonies si vas a decir que no son tan buenas como Eternal Sunshine of the Spotless Mind o Memento? Ni siquiera el cine norteamericano más alejado de Hollywood tiene un lugar. Películas fundamentales como Los Angeles Plays Itself o Funny Ha Ha brillan por su ausencia pero Lost in Translation está como en cinco listas. Los documentales, los cortos, el cine experimental, la animación (salvo Pixar y Chihiro), todos están excluídos de las listas.

Por supuesto que no espero nada diferente. Sería ridículo. Todos sabemos que ningún diario va a elegir como la película de la década algún corto austríaco hecho con metraje encontrado o un documental sobre una carretera londinense. Claro que no, todavía tienen un público al que tienen que hablarle de cosas que relativamente entiendan, no es un lugar para tomar riesgos. Pero estaba pensando en lo mismo que Ezequiel en el post anterior y me shockea la homogeneidad. No estoy seguro de a qué voy, y no estoy seguro de que tenga algo para decir, pero sigue siendo deprimente ver estas cosas y me llena de interrogantes. ¿Hasta cuándo vamos a seguir consumiendo exactamente la misma cultura proveniente de pozos en los que ya no queda agua como Hollywood? ¿La crítica no debería precisamente estar buscando la forma de solucionar eso en vez de tratar de convencernos de que todavía hay agua? ¿Por qué en la era de la supuesta democratización que representa internet este tipo de listas son lo único que nos sigue llegando, lo único que vemos en todos lados? ¿De qué sirve que todo el mundo pueda tener su propia voz cuando todos tienen lo mismo para decir? Internet entonces deja de parecer una herramienta de democratización para revelarse como otra instancia de un proceso de homogeneización cultural eterno. Todo pueden seguir consumiendo lo mismo pero ahora con la impresión de que eligen hacerlo, de que hay un cierto gesto de libertad en ello. Mientras tanto solo nos queda esperar que Avatar no esté en la cima de todas las listas en el 2020 (y no, no vi Avatar, y no la voy a ver, cuestión de principios).