This is not a film

Panahi

La historia es más o menos así: Jafar Panahí – uno de los más importantes directores del cine iraní – está desde el 2010 en arresto domiciliario y con una prohibición legal para dirigir o escribir películas durante 20 años. En esta situación el director decide hacer una película en un acto que es parte delirio, parte statement político, parte quien-sabe-qué, dentro de su propia casa y con los mínimos recursos que puede tener. El resultado es This is not a film, una película que ya seguramente pasó a la historia por la forma en que se logró sacar de Irán para presentarse en Cannes: En un pendrive oculto adentro de una torta.

No soy el gran experto de cine iraní ni nada por el estilo, pero se sabe que a los directores de este país le gusta mucho el meta-cine o cine-adentro-del-cine, el uso de la cámara como objeto que rompe una escena y  romper la cuarta pared y jugar con el espectador y su percepción de la película. Sin pensar mucho, tenemos la trilogía de Kiarostami, que está estructurada más o menos así:
¿Donde está la casa de mi amigo? (1987) – la historia de un niño de un pueblo que intenta devolverle los deberes que se llevo por accidente a un compañero de clase
Y la vida continúa (1992) – un director de cine y su hijo van a buscar a los actores de la primera película, luego de un terremoto donde murieron miles de personas.
A través de los olivos (1994) – que se basa en eventos durante la filmación de “Y la vida continúa”, una pareja de no-actores que participan de la película, y donde uno se enamora del otro.

De Panahí tenemos El Espejo, la historia de una niña que intenta volver sola a su casa después de la escuela. En el medio de la película, la niña se enoja, mira a la cámara, decide que no quiere actuar más, y se intenta ir sola a su casa, convirtiendose en el propio personaje que estaba actuando. Nunca se puede establecer si lo que ocurre es planificado o fue pura casualidad.

This is not a film es la pelicula más meta-cine posible, una obra que es al mismo tiempo su propio making-off, un obvio statement contra la censura, un pantallazo sobre lo que es la vida en Teherán, una película sobre la necesidad casi física de crear, y quien sabe qué más. Y también juguetea con los límites de qué es una película, por lo tanto también trata de la mismísima definición de este arte. Todo esto puede sonar muy pretencioso para una película muy simple: Un hombre encerrado en su casa, acompañado por un amigo con una cámara, intentando contar una historia. Durante el transcurso del film, aquello que “desean” narrar va cambiando, y con esto, la obra misma, al igual que pasaba un poco en ese delirio que era Adaptation de Charlie Kaufman. Panahi comienza documentando su vida de prisión domiciliaria, para luego intentar “narrar” el guión de la película que no pudo filmar. Se arma un improvisadísimo stage – una alfombra y cinta adhesiva – y luego de unas escenas descubre que esa forma de narrar no sirve para nada: “¿Para qué filmar una película sí se puede simplemente contarla?”. A continuación le muestra a su amigo-camarógrafo algunas escenas de películas anteriores de él, demostrando en escenas cómo los actores también “dirigen” la película, y a veces la escenografía también forma una parte fundamental de la narrativa.

Me pareció interesantísimo ver la cabeza de Panahí, cómo está siempre en “modo Pelicula = ON” y cada vez que filma o lo ves enfrente a la cámara se nota que su cabeza va a mil kilómetros por hora y esta procesando un montón de ideas de cómo se vería too lo que ocurre a través del lente. También cuando él va intentando “contar” su guión podemos ver como tiene planificado todo obsesivamente, cada movimiento de cámara, cada personaje mínimo que se mueve de un lado a otro, todo esta fríamente calculado para lograr el efecto deseado. También son muy curiosas – y es EXCELENTE que Jafar haya decidido dejar estas partes en la película – las escenas donde se dedica a mostrar en patanlla DVDs con escenas de sus propias películas. Durante esas partes se pone a contar los detalles de porque tal escena está buena y porqué funciona, saliéndole el ego de artista por todos los poros, el director enamorado de su propia obra, sin ningún tipo de filtro.

La película lográ su coherencia total gracias a su última escena – tratando de no spoilear – donde panahí al fin encuentra algo valioso para filmar, en una escena increíble con cámara en mano que dura como 15 minutos sin ningun corte y donde la casualidad logra un montón de situaciones buenísimas.

Al igual que en “El Espejo”, a veces es un poco difícil darse cuenta de cuando pudo haber sido ya planificado o no. A mi al menos me dieron dudas con la aparición de esa Iguana enorme, mascota de la hija de Panahi, que durante todo el film se pasa dando vueltas, colgándose de las paredes y rompiendo las bolas en general. Seguramente el director haya elegido filmarla justo cuando tenía ese animal en la casa, quien sabe.  Quizás eso no importa tanto, y la película es tan jodidamente ingeniosa que incluso cuando es aburrida o falla, funciona como un Statement: ¿Qué querías, que se haga una película con pila de acción y vueltas y estructura perfecta ENCERRADO EN MI CASA? No flaco, así no se puede.

Y así y todo el film tiene bastante sentido del humor, un sentido del humor rarísimo por supuesto, con situaciones simpáticas con la Iguana, con un perro insoportable, y algunos chistes con referencia a todo el cine-dentro-del-cine en el cual se encuentra la película. Incluso en los créditos finales, donde reza “agradecimientos a:” nos encontramos con un montón de suspensivos. Un humor bastante oscuro, considerando que puede ser la última obra de Panahi que se pueda ver en mucho tiempo. Y nunca olvidemos que haber creado esta película de por si  fue es un delirio, y un riesgo importante real tanto panahí como para su camarógrafo, que en un momento le pide a Panahí que lo filme, explicando:
“Así queda una imagen mía, en el caso de que me arresten a mi también”.


Bo, vean esto

Everything-is-a-Remix-00

Everything is a Remix es una serie de 4 videos creados por Kirby Ferguson, un cineasta neoyorquino. Básicamente trata del funcionamiento de la creatividad, el copyright, el sampleo, y cómo básicamente todas las ideas están basadas en combinaciones de otras ideas.
Comienza con la historia de Led Zeppelin y los “Remixes” propiamente dichos en el primer capítulo, continúa con el cine de Hollywood en el segundo, en el tercero se enfoca en los descubrimientos tecnológicos y las invenciones del siglo XX, y en el cuarto engloba todo mostrando como el sistema se fue a la mierda y el derecho de autor es una cagada total. Demuestra que el tema del copyright y las ideas es algo tan simple como complejo, y como puede dar a malentendidos. También agarra por el lado de la psicología humana básica y explica por ejemplo cómo inherentemente tendemos a considerar que copiar algo esta bastante bien pero cuando nos copian ponemos el grito en el cielo. La estética esta super bien lograda, e ingeniosamente utiliza muchos titulos usando varios titulos “prestados” de series y películas famosas. La banda sonora (que es buenísima) también esta formada en su mayoría por remixes, covers o versiones oscuras de otros temas.
La serie es MUY buena, y esta todo narrado de una forma super clara, didáctica y sencilla. Al mismo tiempo, es una excelente muestra de como hacer un proyecto de estos en los tiempos que corren: Kirby hizo toda la serie en base de donaciones y en la página web tiene una lista exhaustiva de cada fragmento de video, cada canción que se escucha (con links para bajar de iTunes para colaborar con los artistas), y un listado muy grande también de referencias. De esta forma, Ferguson logra una total coherencia entre su obra y la tesis que quiere plantear en la misma.
La serie se puede ver entera en su sitio web. Kirby como narrador es muy bueno y su inglés es muy claro, además de que hay mucho texto en pantalla. Pero si necesitan subtitulos (en español o inglés), se pueden ver gracias a la página de Universal Subtitles. Dejó acá link a cada capítulo en esa página para mayor comodidad. Posta: El mundo sería un lugar un poquito mejor si todo el mundo viera esta serie.

Everything is a Remix (parte 1)

Everything is a Remix (parte 2)

Everything is a Remix (parte 3)

Everything is a Remix (parte 4)

PD: Todos los capítulos tienen una estructura similar en la cual hay bastante material DESPUES de los créditos. Así que luego de los créditos, sigan viendo, que hay bastante más material siempre.


The Last Boy On Earth.

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(una versión un poco más corta de ésta crítica apareció en la revista Haciendo Cine de enero de 2012)

Tintín es una de esas propiedades cortejadas por Hollywood hace tres décadas, ya que las peripecias del asexuado periodista belga de jopo siempre fueron una fruta apetitosa, con su promesa de atracción para chicos y grandes, sus grandes vistas, sus coloridos personajes y su sentido de la acción amable pero cinético.

Steven Spielberg fue el cineasta que siempre deambulo más cerca del proyecto, Hergé confesó ser su fan a principios de los 80s y Steven se copó con Tintín cuando le recomendaron que lea algunos de sus álbumes porque se parecían bastante a las aventuras de Indiana Jones. Ambos creadores se iban a encontrar en 1983 pero el padre de la ligne claire murió una semana antes. Esta alianza es comprensible: comparten el amor por la aventura, por el descubrimiento, por como funcionan las cosas y una mirada de niño. Durante años la película yació en el limbo con diversas versiones sobre su realización con actores, con animación o (ya en los ‘00s) con una mezcla de las dos. Finalmente en el 2006 se forjó una alianza entre Spielberg, Peter Jackson y Universal. El guión se encargó a Steven Moffat, genial guionista inglés responsable desde hace algunos años de Doctor Who. Un tipo de 100 ideas por minuto. Sin embargo, sus compromisos con Doctor Who, y los problemas de financiamiento, que dictaminaron el ingreso de Paramount en la superproducción, harían que se baje del proyecto y su guión sea re-escrito por Edgar Wright (Scott Pilgrim, Hot Fuzz, Shaun of the Dead) y Joe Cornish (Attack the Block), dos capos de la vida del nuevo cine inglés.

La verdad es que el ensamble encargado del film era una verdadera bala de cañón de talentos, tipos imaginativos pero a la vez amantes de los géneros y personajes clásicos con los cuales trabajan. Las expectativas para la película eran altas. Y nos complace anunciar que “Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio” es casi perfecta. Es una bola de nieve, en la cual Tintín encuentra una pista en la primerísima escena y nunca para, en donde la acción y lo detectivesco se encadenan para crear curiosidad continuamente; de una manera tan fluida como el manejo de la cámara de Spielberg, que atraviesa paredes, alumbra vistas, juega con las perspectivas y el punto de vista de una manera virtuosa. Al lado de ello, los eventos se agrandan, las escenas de acción, que comienzan con la gracia del slapstick, se vuelven verdaderas piezas gigantescas, coreografías a lo largo de ciudades enteras (un amigo me comentó que Spielberg filma sus persecusiones de ese modo incansable porque tiene un trastorno de ansiedad, cosa que tiene bastante sentido).

La animación, esa mezcla de actores y computadoras, funciona muy bien y, al menos para este par de ojos, se escapa muchísimo del famoso “uncanny valley” donde los personajes animados nos asustan porque son parecidos a nosotros (por otro lado: ¿tiene sentido hablar todavía de “uncanny valley” cuando los juegos de videos actuales y masivos tienen gráficos que cada vez se asemejan más a la realidad de la carne?). No son los dibujos de Hergé, por supuesto (y habrá puristas que odiaran que los ojos de Tintín no sean dos puntos) pero tampoco es la dureza de “El Expreso Polar” o “Beowulf”. Es algo intermedio, plástico, expresivo y caricaturesco. Nick Frost y Simon Pegg como Hernandez y Fernandez son un hallazgo y Jamie Bell logra el equilibrio entre entusiasmo, inocencia y determinación que necesita un buen Tintín. Pero Andy Serkis se roba el show con un Haddock con grandes puteadas y que es el verdadero protagonista. Hasta logran un Milú con peso dramático propio, no un prop que de ternura y simpatía a la audiencia.

Es una película que logra rescatar la aventura cinematográfica clásica (no en vano se parece bastante a las buenas Indiana Jones) pero con tecnología moderna. Algo asombroso es que transcurre en un espacio geográfico reducido (Francia-Marruecos). Y en ese pequeño lugar hay de todo, desiertos, ciudades, mares, aviones y barcos; uno jamás se siente aburrido y más de una vez mira con asombro la pantalla. Cuando pensábamos que ya no había nada más que se nos pudiera mostrar, cuando los tanques de verano están editados de tal modo de que cada X cantidad de minutos algo aún más asombroso asoma y eleva las apuestas a niveles estúpidos (una ciudad devastada por robots, cientos de dragones saliendo de un castillo, un Kraken) hasta que nuestro cerebro estalle por sobrecarga, una película como Tintín nos muestra que solo hace falta amor a la búsqueda, a la curiosidad y a los desafíos para que un periodista de jopo (que no es Jimmy Olsen) nos haga sentir como niños de nuevo.


Un desempleado en el BAFICI

Esta vez el mes de abril me encontró desempleado así que por primera vez en varios años tuve tiempo de ir tanto como me plazca al BAFICI (el festival de cine independiente de Buenos Aires, aclaro para los lectores extranjeros que no tienen obligación de saber qué es). Lamentablemente ahora que vuelvo a tener el tiempo y que tengo la plata para comprar unas cuantas entradas ya no tengo la voluntad de antes cuando podía ver cinco películas por día por varios días seguidos sin cansarme ni aburrirme. Como todos los demás años me las arreglé para de alguna manera no ver ninguna de las películas de las que todo el mundo está hablando así que casi siento que ni fui al BAFICI. No lo hice a propósito, me salió así, me gustaría pensar que pasa que soy un tipo especial con gustos únicos que va a ver lo que los demás no, pero se que no es cierto así que debe ser que soy medio estúpido. A pesar de todo esto, vi algunas cosas y se las voy a contar.

Preludio
Podría decir que arranqué el festival con las últimas películas de Bela Tarr y Apichatpong Weerasethakul, no porque las vi sino porque fueron las únicas para las que fui a buscar entradas y estaban todas las funciones agotadas así que saber que no iba a verlas fue mi primer certeza del festival. Esta bien, no me preocupo mucho, para estas cosas existe Internet.

Viernes 8
El arranque real fue casi a la medianoche con Norwegian Ninja, una comedia noruega sobre un equipo secreto de ninjas que parodiaba algunos eventos reales de espionaje y terrorismo ocurridos durante la guerra fría. Ofrecía poco la película, ese humor “bizarro” tan posmo y tan de moda que ya deberíamos ir superando. Empecé con la puntería bien abajo.Domingo 10
Me pasé de largo el sábado y me fui el domingo a la tarde a ver la nueva de Kelly Reichardt, Meek’s Cutoff, y una australiana de la que no sabia nada. Meek’s Cutoff esta muy bien, el problema es que tal vez sea el western mas lento jamás filmado y yo casi no había dormido y estaba por desmayarme del sueño, así que me costó mucho pero después de quedarme dormido logré recomponerme y concentrarme durante la segunda mitad. Lo que pude ver me gustó bastante. Es un western solo en el sentido mas amplio del termino. Un grupo de colonos cruzando el desierto queda a la merced de sus inclemencias y desesperados atrapan a un indio para que los guié hasta donde haya agua, pero ellos no entienden al indio y el indio no los entiende a ellos. Alguna gente se quejó de que era demasiado lenta pero creo que la velocidad era adecuada. Vamos, ¿Cuanto más puede pasar en el medio del desierto?Apenas termino fui a ver Blame, una australiana sobre la cual el catálogo prometía que iba a ser un thriller “vertiginoso”, “tenso”, “electrizante” y no se que mas. La película es sobre unos pendejos que se meten en la casa de alguien en el medio del campo a asesinarlo por razones que no se explican hasta más tarde pero tienen todo poco pensado y los planes les empiezan a fallar. Es como una Funny Games en la que los personajes son imbéciles en vez de crueles. Era entretenida pero dejaba gusto a poco y tenia una vuelta de tuerca al final de esas que te arruinan la mejor película. ¿Qué necesidad hay de seguir haciendo estos finales?

Lunes 11
Primer día exitoso de mi BAFICI. Vi en la sala mas vacía en la que estuve Silver Bullets, la nueva de Joe Swanberg, a la que iba con expectativas altas seguro que no podía fallar y cumplió. La verdad es que estos directores mumblecore son una debilidad mía y hasta sus peores películas me gustan, pero esta es buena, Swanberg es un buen director y esta debe ser su mejor película después de Hannah Takes the Stairs. La película se trata de una chica que actúa en una película de terror clase B con hombres lobo, su novio director de cine que esta harto de las películas (interpretado por Swanberg mismo) y las tensiones sexuales que surgen entre directores y actrices y los conflictos que eso genera en la pareja. Es otra película mumblecore, hay mucha gente joven con problemas hablando sobre sus relaciones y sus expectativas de vida, pero mejor que muchas. Swanberg parece haber aprendido algunos trucos nuevos y esta dirigiendo y narrando mejor que nunca, con una sutileza nueva. Como dijo Marcos, en unos años hace una obra maestra.

Después corrí para ver una de las que mas esperaba del festival, The Ballad of Genesis and Lady Jaye, el documental de Marie Losier sobre Genesis P-Orridge y su difunta esposa Lady Jaye y la transformación que estaban llevando a cabo para mimetizarse en una sola entidad pandrógina. En la puerta me encontré a Amadeo, adentro nos encontramos con mi amigo Fernando y después seguimos saludando y reconociendo gente hasta que se apagaron las luces. Sentimos que tal vez todo el mundo en la sala era un conocido o un conocido de un conocido y nos sentimos un poco incómodos. La película intenta documentar la cotidianeidad de su relación y algo tan intangible e irrepresentable como el amor que siente el uno por el otro, con sensibilidad, sin sensacionalismo y con todo el genio y el magnetismo del que es capaz Genesis. Es un documental tierno, romántico y amigable que sorprendería a los que sólo conocen a Genesis como el tipo de las performances escatológicas de COUM Transmissions y la violencia musical de Throbbing Gristle. La directora estaba presente en la función, desgraciadamente para ella, que al final tuvo que soportar la peor sesión de Q&A con el publico de la historia de las presentaciones.

Martes 12
No había visto nada de Sion Sono. Aunque me habían recomendado mucho Love Exposure pero dura cuatro horas y siempre pospongo verla. El catalogo describía a Cold Fish con alguno de esos adjetivos genéricos de catálogo como “rebelde” o “subversivo”, lo cual no me dice nada de nada y menos cuando se lo dedican a una película japonesa. Increíblemente creo que esta vez significaban algo esas palabras. Cold Fish cuenta la historia de un pusilánime dueño de una modesta tienda de peces tropicales con un matrimonio infeliz y una relación terrible con su hija adolescente. Un día se cruza accidentalmente en su vida un hombre que es exactamente todo lo opuesto a el. Tiene una tienda de peces tropicales gigante atendida por jovencitas en ropa ajustada, maneja una Ferrari, es gracioso, vivaz, su mujer y su hija lo aman, y lo más raro es quiere ayudarlo y hacerlo socio de su negocio. Pronto se ven las verdaderas intenciones de este personaje y siguen dos horas impredecibles de violencia, sangre y perversión con la tensión entre las personalidades opuestas de los dos vendedores como centro del desarrollo. La película dura dos horas y media y no se hace larga nunca, las actuaciones son impecables, los personajes son densos y complejos, el ritmo es frenético y Sion Sono dirige tan bien. La única película que fui a ver sin saber que esperar y resulto ser genial.


Miércoles 13
Viaje una hora de ida y otra hora de vuelta hasta el MALBA sólo para ver un corto de media hora. Me encontré de nuevo con Fernando y cuando le dije que no tenía nada para el resto del día justamente me preguntó “¿Y te viniste hasta acá solo por un corto de media hora?”. Sí, sólo por un corto de media hora, pero no por cualquier corto sino por el nuevo corto de Thom Andersen, Get Out of the Car. Casi diez años después de la gloriosa Los Angeles Plays Itself, Andersen volvió con otra obra sobre Los Angeles, pero esta vez no se dedica a analizar cómo fue retratada por otras películas, sino que intenta hacer la película que le haga justicia a la ciudad con un collage de planos fijos de la ciudad, marquesinas vacías, calles desiertas, lugares abandonados, fragmentos de conversaciones y música pop. Por supuesto es tan maravilloso como todo lo demás que hizo Andersen. Es como una Lost Book Found, mas minimalista y con media hora menos y sobre Los Angeles en vez de New York, pero con una sensibilidad similar. Esa melancolía prestada de lugares que nunca conocimos, de una época que no vivimos. La película empieza con un plano de un cartel publicitario vacío y este dialogo en off:

¿Por que estas filmando eso?
-Porque es una película sobre carteles.
Pero ese esta vacío.
-Bueno, también es como una película sobre la ausencia.
Ok, avisame cuando estés filmando una película sobre algo.

Originalmente había pensado ver este día las de Tarr y Weerasethakul pero después de ver Get Out of the Car me alegre un poco de no tener que ver nada mas. Dieron otro corto antes, On Rubik’s Road, que eran un montón de escenas naturalistas de un pueblo letonio, pero llegué tarde y creo que no la entendí bien. No importa.

Jueves 14
Ultimo día. Dos películas, dos directores conocidos y confiables. Primero Caterpillar, la nueva de Koji Wakamatsu, uno de los grandes genios malditos del cine japones. Todas las que vi de Wakamatsu eran de los 60s así que no sabia muy bien en que estado se encontraba, y era una película anti-bélica sobre la segunda guerra mundial, que me parecía que era un tema un poco raro y obsoleto sobre el cual andar moralizando en el 2011, pero igual no quería dudar mucho porque, bueno, era Wakamatsu. Y no, no tenia que dudar. El mensaje habrá sido poco original, pero la brutalidad con la que te lo explicaba era demoledora. Acá los medios justificaban el fin y no al revés. La película es sobre un soldado japones que vuelve a su casa sin brazos sin piernas y sin poder hablar y su mujer se tiene que ocupar de el mientras todo el pueblo lo considera un héroe. Su mujer lo odia, desearía que hubiese muerto en vez de volver así pero también siente un cierto placer morboso ante que su marido sea una oruga y ya no pueda golpearla, y mientras ella empieza a volverse abusiva, el soldado es atormentado por sus recuerdos de él y otros violando mujeres civiles chinas en la guerra. Toda la crueldad propia de Wakamatsu, del mejor Wakamatsu, el director mas impiadoso desde Buñuel. En su cine no existe ningún lugar reconfortante, no hay bueno ni malos, nadie es inocente y todos son víctimas, el mal y la crueldad y la violencia son impartidos sin placer y sin justicia, sin mayores razones, solo una contingencia más que cae sobre personajes que tratan de lidiar con la irracionalidad y la injusticia de un mundo sin Dios. Wakamatsu se las arregla para que sea imposible empatizar cómodamente con cualquiera de los personajes y finalmente no deja una moraleja sino un vacío.

Ahora solo quedaba una película final y había decidido terminar bien arriba, la última de Monte Hellman. Si, después de mas de 20 años sin filmar y con casi 80 años el gran Hellman volvió. Si, una nueva película del director de obras maestras como Two-Lane Blacktop, The Shooting y Cockfighter. Bueno, el plan falló. Las expectativas no fueron cubiertas. No sé qué pasó, no sé qué es lo que no entendí pero creo que fue la primera vez que sentí que no estaría fuera de lugar preguntarle a un director “¿Y qué quisiste decir con esto?”. No entendí. No quiero decir que no entendí la historia, que me perdí o algo así, es otro nivel de incomprensión, no entendí de qué iba y a donde iba la película. Tal vez no iba a ningún lado. Era algo sobre un director mediocre que está filmando una película mala sobre un caso real sin resolver (algo de un romance/estafa/doble suicidio) pero esta demasiado metido en la película y empieza a perder la perspectiva y se enamora de su actriz principal y empiezan a pasar cosas con los cabos sueltos del caso real y no se qué y después termina. Y bueno, por momentos sentí que Hellman estaba tratando de decir algo sobre el cine y sobre dirigir, algo, no sé, pero la idea detrás de esto, sea cual sea, nunca terminó de llegarme. Espero verla de vuelta antes de opinar más porque tal vez en la segunda vuelta logre tener algo mas concreto al respecto, pero igual puedo decir que fue decepcionante. Ahora quiero saber qué película vió el tipo que escribió en el catálogo que esta película estaba al nivel de Two-Lane Blacktop. Y en esa nota baja se terminó mi BAFICI, ahora queda empezar a buscar y bajar todas las películas que no se pudieron ver.

Esto fue el BAFICI para El Baile Moderno y espero que les haya gustado.


Informativus Virtualicus.

Hace poco tiempo el querido Dario publicó éste post sobre Social Network en donde se quejaba de que la película era una oportunidad desperdiciada para hablar sobre ciertos fenómenos generacionales relacionados con la internet. Yo no comparto su dureza hacía la película, en realidad me parece que entronca bastante bien con las obsesiones de Fincher y que marca un punto interesante alrededor de la dicotomía que existe en Facebook entre su política “abierta y honesta” simbolizada para comenzar por su estricta adherencia a “nombre y apellido” y sus orígenes teñidos de dudas y puñaladas por la espalda que, en definitiva, sencillamente la retrotraen a ser otra empresa capitalista más, interesada por el profit y muy alejada del interés por sus usuarios. Ahora habría que ver si alguien se anima a hacer algo así con Google.

Sin embargo, si encuentro cierta razón en sus argumentaciones de que es muy difícil encontrar en esa película una transmisión de lo que realmente significa haber crecido en esta generación para la cual Facebook y la internet son cosas fundamentales y particulares de nuestra vida. O sea: de qué manera a la raza humana nos afecta el hecho de tener ingentes cantidades de información dando vueltas como si fuesen manzanas esperando ser recogidas de un árbol perpetuamente gratis. Por el hecho de que podemos saber casi todo de una persona inclusive antes de que crucemos una palabra con ella en carne y hueso. Por el hecho de qué ahora yo tengo abierto el google talk, más twitter, más 11 pestañas con artículos largos que quiero leer, más un paper académico que tengo que terminar, mas el Jdownloader, más el Soulseek. El otro día Eze me contaba de una persona que NO TENÍA INTERNET y yo sentía que era una especie de bicho extraño que pensaba extinto.

El cambio de paradigma que todo ésto representa, el hecho de que la información realmente sea libre, gratis, ilimitada, que la sociabilidad se haya vuelto algo que transcurre a través de una interfaz tan universal, ¿que nos hará como raza? Algunos dicen que nos va a volver mucho más estúpidos, incapaces de asimilar textos largos (y sin embargo ahí está mi carpeta con 40 o 50 textos interesantísimos guardados). Otros dicen que en realidad nos permite procesar una amplia cantidad de datos más rápidamente (y ahí estamos saltando de ventana a ventana como niños con ADD). Todos convivimos, cada día más, con jóvenes que a los 15 o 16 años ya conocen TODAS LAS BANDAS IMPORTANTES DEL MUNDO.

Y el cine atrasa. El cine atrasa muchísimo. Porque está realizado por personas que no han crecido con este paradigma, que por más que tengan smartphones y sepan twittear y sepan bajar películas de internet (o usar la Itunes Store) no quiere decir que sean REALMENTE nativos. Tomemos por ejemplo a “Tron: Legacy”, el disparador de este post.
“Tron: Legacy”, es, como me dijo mi amigo @muertopiscina, una mala película con un gran diseño y una buena música. En el momento de verla, resaqueado y en cama, realmente no percibí una gran ofensa contra mis sentidos. La verdad es que, también, el hecho de ver películas en la internet, streameadas, ha causado que mi nivel de expectativas alrededor de las mismas descienda estrepitosamente. Si me entretiene en el momento y tiene un par de buenas escenas, ya la archivo como decente. Solo luego, con el tiempo y la discusión con otros “fleshy ones” los defectos comienzan a salir a la luz. Además como he mencionado, el diseño de Tron hace que muchos de sus pecados pasen desapercibidos.

Pero cuando uno se pone a pensar, es en realidad una película que trata el tema más importante de nuestra época: information wants to be free / information wants to be expensive. Y no dice absolutamente nada sobre el mismo. La idea es la siguiente: Jeff Bridges, el antiguo jefe de la compañía seudo Microsoft que domina el mundillo del software en la película, fue absorbido por The Grid, el programa donde había descubierto vida en la película original. Desaparecido, su ethos de software libre y gratuito cayo en desuso y sus sucesores cobran cantidades enormes de dinero a escuelas y empresas por OSs que son iguales a los de los años anteriores en un nuevo empaque. Sin embargo, exceptuando una escena al inicio en donde el hijo y heredero heredero de Bridges leakea el software al público antes de su fecha de lanzamiento, la película no comenta nada más sobre el dilema.

De hecho, cuándo el pendejo pasa al mundo de Tron y se encuentra con que su padre ha sido depuesto por un malvado programa perfeccionista, todo el discurso atrasa 20 años. El programa en cuestión, Clu, quiere salir de The Grid con la intención de imponer orden seudo fascistoide al mundo. O sea: la información es peligrosa, no hay que dejarla escapar, hay que encerrarla en su mundo porque si no se viene el caos, la destrucción y la subyugación de la libertad. En el fondo el mensaje, por más que quieran pasar por liberales (y predeciblemente siendo una película de Disney) es profundamente conservador.

El dilema, en realidad, ya está resuelvo: la información es libre. Y el tema es que tanto los directores y guionistas de “Tron: Legacy” y de “The Social Network” son, como nosotros, boring old farts, gente que todavía recuerda como fue la vida antes de que las compuertas irrefrenables de la internet se abriesen, que todavía sabe cómo era que el conocimiento fuese arcano, fragmentario, putamente difícil de conseguir. Y que, quizás, en algún lugar oscuro de nuestros corazones lo extrañamos.

Pero ahí está el chico de 7 años con cuenta de Facebook, el bebe etiquetado con la placenta colgándole, el pre-adolescente de 10 con un smartphone, el adolescente que quizás nunca vea una serie en la televisión, el joven para el cual haberse pasado la mitad de sus 18 años en un mundo virtual sumamente elaborado será sencillamente normal. Las peleas que comenzarán y terminarán solo en la red. Los amores intangibles. Esa es la gente que podrá escribir y filmar la gran epopeya de estos años. Lo triste es que, muy probablemente, los jóvenes de esa época una vez más verán esa hipotética película como vieja y cansada.