Prole Art Techno

  1. The Fall – Hit The North Part 1 (1987)

Todos sabemos la importancia que tiene el Norte de Inglaterra en el imaginario de Mark E. Smith y The Fall, lugar de origen, contracapital de las islas, depósito de toda la magia pagana, domicilio de goblins y espectros y aparecidos. El Norte es una especie de oscura marisma industrial donde se levantan, derruidos, los palacios de la aristocracia del metal y el acero, habitados por ciudadanos pegajosos de algún submundo. También, sabemos, que entre finales de los 80 y mitades de los 90, The Fall se puso un poco techno y un poco pop. La idea de esta nota es trazar esa subtrama del sonido The Fall y preguntarnos que significa que un intelectual proletario enojado como MES haya tenido y tenga esa fascinación con los sonidos electrónicos, generalmente asociados más directamente a una sofisticación y un lujo burgués (aunque se puede, también, trazar una genealogía del synth pop como una forma de libertad para las clases trabajadoras que hereda la dicotomía trabajo/fin de semana, explotación/fiesta presente en el funk y el disco).

Esta canción es una de esas cosas hermosas y ochentosas que hoy en día suenan premonitorias. Sobre una base de beats repetitivos de caja de ritmo barata y teclados tipo campana, con frecuentes irrupciones de líneas de saxo sintéticas (algo que pareciera anatema a MES) el hombre pinta una postal de su ciudad. Policías que no atrapan criminales. Hoteles infestados por computadoras. Religión. Calles anchas. Agentes inmobiliarios enloquecidos. Parece ser el peor panfleto turístico del mundo. Y todo rematado con “Hit the north!” como un mantra recurrente. Vení a ver todo lo feo, que a la vez es lindo. ¿Se hubiese imaginado que en un par de años un grupo de jóvenes insolentes iban a inventar el Madchester? Probablemente no. Es una canción que chorrea ironía, pero también amor.

  1. Coldcut feat. Mark E. Smith – I’m In Deep (1989)

En 1989 Coldcut, el duo de Matt Black y Jonathan More, pioneros de la producción con samplers y el acid house, saca su primer disco, What’s That Noise. Además de contar con una tapa fantástica de Mark Beyer, quién se había hecho conocido en la RAW de Spiegelman y Mouly, dentro de ese disco hay una canción donde el interés creciente de Mark E. Smith en la electrónica se encuentra con aquellos que en aquel entonces estaban a la vanguardia de la construcción del género. La canción se inicia con un sampleo de una película, una corrida de caballos, un sonido de largada, y después se frena para que MES escupa un breve monólogo, bastante incomprensible, y luego arranca la música, una base de acid house repetitiva sobre la cual la voz de MES es empleada en el rol que siempre tuvo en gran parte de su obra: como un instrumento más, como una línea sonora grave y disonante que sirve como un contraste para los beats que Black y More emplean y que corta a través de la propulsiva mezcla como si fuese interferencia. Las letras son difícilmente entendibles, pero parecen hablar de una “isla encantada” y de una cosa que está “dentro” del protagonista de la canción. La voz de MES simplemente extiende las vocales y las frases. Por un lado, el interés está en observar como Coldcut, pioneros también de los remixes del hip hop, emplean la voz de MES como un contra-rappero. Frases estiradas, repetición, spoken word, poco flow, saturación. Pero, a la vez, una confluencia de estilos como esta no es tan inesperada como se espera. El house fue la última gran iteración que va en la línea mod-soul-funk-disco-electrónica en la cual el fin de semana es la gran salvación, lo que nos rescata del trabajo agotador de lunes a viernes. Y MES es un fiel representante de esa línea proletaria que encuentra en el pub después de trabajo el lugar de libertad (a pesar de la resaca del día siguiente).

  1. The Fall – Lost In Music (1993)

Hallada en The Infotainment Scan uno de los discos de principios de los 90s de The Fall en el cual MES se dulcifica y habla de sus ganas de viajar a España y las bondades de la hierba verde. La tapa tiene un dibujo que parece el diseño de una pepa. El scan seguramente tiene que ver con la mente. En esta canción, que parece bastante una parodia de una canción hedonista de ravers enloquecidos sobre una base de batería mezclada arriba de todo y guitarras prácticamente sin distorsión (siempre me sorprendió como este disco es uno de los más limpios de The Fall) MES canta acerca de haber abandonado su trabajo de 9 a 5 ¿para qué? Para bailar pareciera, para adentrarse en el sonido, para perderse en la música. A la vez, repite la frase “el dinero está sobre la mesa” en inglés, francés y una combinación de inglés y francés. ¿Pero el dinero de dónde viene? ¿Quién lo gana si abandonaste tu trabajo? Luego dice “The palace of excess leads to the palace of access” oración que sintetiza de forma más perfecta lo que significa ganar fama, fortuna y notoriedad a través de la música. Y luego, más adelante, “I’m caught in a trap”. ¿Extraviarse en la música como una trampa de la cual nunca se puede escapar porque no hay retorno a la “normalidad”? Claro, si no hay trabajo, no hay normalidad. Si bien no es específicamente un tema techno, porque básicamente está compuesto mayormente por instrumentos analógicos, si tiene un componente repetitivo y de beats bien marcados, una preponderancia de la batería y un detalle curioso (del cual me acabo de percatar porque lo escuché 10 o 15 veces mientras escribía esto): comienza igual que termina, y si lo dejás sonando en loop forma una cinta perfecta e interminable, el ideal platónico de una fiesta electrónica.

  1. D.O.S.E. – Plug Myself In (1996)

D.O.S.E., dúo electrónico compuesto por Kier Stewart y Simon Spencer del cual es muy difícil encontrar cualquier información, invitó a MES a participar de un single en 1996. El single sirve para ilustrar no solamente el continuo involucramiento de MES en la escena electrónica, sino también los cambios dentro de la misma. El sonido dista ya mucho del house de Coldcut y se acerca mucho al big beat de Fatboy Slim y Chemical Brothers. Baterías electrónicas gordas y que dominan toda la composición, en detrimento de cualquier otro instrumento, y líneas de sintetizador que parecen sacadas del anuncio de emergencia antiaéreo de una base militar subterránea. Recuerda, más que nada, a la música de ciertos videojuegos de los 90s, especialmente a las composiciones del Sonic y de Jesper Kyd para el videojuego del Batman animado de Megadrive. Música de volumen alto y tonos apocalípticos para apretar botones que desencadenen la lluvia nuclear. Sobre ese panorama, MES canta “I just can’t seem to plug myself in”. De “totally wired” a “can’t plug myself in”, una historia de la caída en la rutina de la oficina y el envejecimiento de los hombres por Mark E. Smith. Los miembros de D.O.S.E. terminarían  tocando con The Fall al año siguiente probando una vez más que “if it’s me and yer granny on bongos, it’s The Fall”.

  1. Mouse on Mars feat. Mark E. Smith – Wipe That Sound / Cut The Gain (2004)

Wipe That Sound es una de las mejores cosas que pasaron en los 00s. Una canción saltarina, casi dub de juguete, llena de ruiditos que parecen salidos de robots inflables y una interpretación vocal que parece procesada a través de un chicle de Dodo Nkishi, que no por nada es el baterista de la banda y sabe cómo mantener un groove. Es curioso, entonces, que una de las versiones posteriores de la canción haya sido grabada con MES. Por un lado porque los Mouse on Mars son alemanes, educados, con una tendencia a una electrónica abstracta y cerebral. Por otro lado, porque la música parece completamente alienígena a lo que venía haciendo Mark E. Smith en sus apariciones musicales electrónicas. Es una canción, de alguna forma, positiva, que salta de hongo en hongo, muy alejada de las fantasías del fin del mundo y el horror bajo la cama. En la reversión que hizo con los Mouse on Mars básicamente limpian la pista de voz seudo-caribeña que tenía el tema original y lo ponen a MES a mascullar e improvisar sobre lo que quiere. De hecho el cantante comentaba que los alemanes, hartos de que les grite por cualquier cosa, lo abandonaron en el estudio con la cinta de grabación corriendo. “Vos grita que mañana nosotros lo arreglamos” le dijeron. Cuan llamativa y singular será la voz de MES que cualquier cosa que diga suena como una canción de MES. La letra es una viñeta descriptiva e improvisada en la cual MES habla de estar en un pueblo sin nombre y bajar a la calle, encontrarse con un policía de tránsito al cual le dice “you don’t look like no singer/songwriter to me” y luego deambular por las calles hasta hallar a un tipo que tenía un “apretón helado de acero” que transmite la sensación de “algo que nunca había sentido” dando por resultado una combinación de ciudad+vagancia+alcohol+impresionismo+fenómenos paranormales que es puramente MES.

  1. Von Südenfed – Tromatic Reflexxions (2007)

Luego, la combinación MES-MOM daría lugar a un disco entero, una colaboración completamente alucinante y uno de los mejores discos de The Fall que no hizo The Fall. Acá la cosa se vuelve completamente cocainómana (o quizás anfetamínica, después de todo esa era la droga consumida por los mods para salir a bailar y que MES, como buen continuador de la tradición, tomaba seguido. Como dice en su autobiografía: “Esa era mi ambición en aquel entonces: conseguir un departamento, tomar drogas y no trabajar”) y las canciones son una locomotora de manija a volúmenes altísimos. Me acuerdo cuando salió que me parecía una cosa completamente inentendible dentro de la obra de MES, hasta que descubrí este trasfondo que se extiende desde finales de los 80s para acá. Dentro de este disco la presencia del ciudadano de Manchester adopta una condición central, gravita sobre todo el disco y los beats salvajes que eligieron los MOM parecen puestos ahí para competirle. Como una especie de vaca sagrada de la música en una de las canciones cual clama “I’m the great MES!”, y en otra habla de inundar el club haciéndole el juego a su fama de mal genio y devastación a la música que no le gusta. En otra canción juegan con el imaginario de enfrentamiento entre Inglaterra y Alemania, las aspiraciones alemanas a las que jamás quieren retornar, las contaminaciones entre idiomas de raíz germánica, una canción cuyo título, por añadidura, hace alusión al “miedo alemán a Austria”. Todo sobre bases dementes, perilleadas al mango, llenas de sonidos saturados y baterías inmensas. Pero quizás un track que uno se salta siempre ilustra mejor que ninguno esta saga que estamos reconstruyendo entre MES, la electrónica y los trabajadores. En “Jbak Lois Lane” lo único que se escucha es una máquina de cortar el pasto y la voz de Mark E. Smith discutiendo con un tipo que aparentemente es el jardinero, un inmigrante que pareciera llamarse Jbak. Como un viejo jubilado inglés que charla a través de la medianera de cemento y ladrillo que separa una semi-detached house de otra, MES le pregunta acerca de su jefe, y que está haciendo, y como es su nombre. Dos generaciones de trabajadores unidos a través de un diálogo absurdo registrado en un disco realizado por dos alemanes que seguramente pertenecen a la clase media y están llenos de máquinas y un inglés que se niega a abandonar las marcas de su clase trabajadora a pesar de que tiene mucha más educación y formación que la mayoría de sus compañeros de clase.  Justamente esa es la gracia de MES: la manera en que se aferra a sus marcas de origen, a su condición insustituible de clase trabajadora, a pesar de que es un producto también de los ambientes bohemios de la música y las artes, de los libros que ha leído y los países que ha visitado gracias a su banda y que se dedica hace décadas a ganarse la vida con la creación musical y la mente. Muy alejado de un trabajador manual. Sin embargo mantiene su identidad, basada en una serie de marcadores: el pub, el odio a todo lo popular, una feroz voluntad de trabajo y control, un cuerpo despreciado, y un carácter ruidoso y opositor de todo aquello que considera más refinado o más frío que él. Sin embargo, aquí pone su personalidad al servicio de una combinación con dos alemanes refinados y llena su música de cacofonía y distorsión.

  1. Gorillaz – Glitter Freeze (2010)

Damon Albarn, además de ser un gran músico, es un gran seleccionador de colaboradores. Sus proyectos solistas son buenísimos también por sus grandes laderos, que siempre han mejorado la calidad de lo producido. Este tema, una nota al pie de página de esta genealogía que estamos construyendo, utiliza a un MES que probablemente grabó sus líneas desde un bar en algún lugar de Manchester y a quién me resulta muy difícil imaginar en el estudio con Albarn, el impecable alumno de escuela de clase media, sin tener ganas de escupirlo. El tipo empieza la canción preguntándose “Where’s North from here?”, cerrando el círculo iniciado en “Hit the North”. Después murmura un par de cosas  y se va a dormir. Mientras tanto, un ritmo cada vez más marcial, un orangután subiendo el volumen de una consola, suena de fondo.

  1. Sleaford Mods – Urine Mate (2012)

Lo interesante de Sleaford Mods es como vuelve explícito muchas de las cosas que MES utiliza de forma implícita o mezcla con una poética muy The Fall que ya tiene sus propias referencias y existencia. El enojo, el pauperismo, el aburrimiento, los trabajos de mierda sin salida, la vida en la línea de subsistencia, la repetición y la manía. Uno lee cualquier entrevista a Jason Williamson, la voz y letra de los SM y escucha las mismas historias de ciudades horribles, casas más horribles, refugio en las drogas, falta de tiempo y aspiraciones, comidas basadas en la cerveza y las latas de atún. Por otro lado, odian ser llamados algo así como la voz de la clase obrera británica. Más que eso, prefieren ser descriptos como músicos que cuentan cosas que nadie más está contando y que intentan ser auténticos al respecto porque es lo que conocen. Pero las mismas condiciones de producción de sus canciones desmienten un poco esto, o al menos lo complejizan. Utilizan la computadora y las bases como elemento de democratización musical, repetitivas y cabeza, casi sin lugar a dudas producidas desde un programa gratuito (o crackeado) que son actuadas en vivo desde el escenario de una manera alienada y furibunda. Andrew Fears tira pistas tomando cerveza y mirando al piso o a la audiencia impasible (“siempre está fumado” dice Williamson) mientras Williamson escupe odio, murmura a sí mismo, deambula por el escenario como un tiburón encerrado en una pecera. Nada de artificio, nada de sofisticación. Odio a las bandas clase media de Inglaterra como Kasabian y Miles Kane. A pesar de que renuncian a identificarse como la voz de nada, desde su nombre se hacen eco de la tradición mod, y Williamson es un fanático de The Jam y Paul Weller. A pesar de ello las mismas contradicciones se presentan: Williamson renunció a su trabajo antes de la salida de Key Markets, su último disco, para dedicarse a la música y se sintió culpable durante meses.

Renunciar a la rutina del trabajo para adquirir la rutina de la música ha sido un sueño de muchos. El otro ha sido escapar de la rutina del trabajo durante una breve noche de salvación y euforia. La electrónica hoy en día es equiparada a los chetos, a los aburridos niños ricos con tristeza. Pero hay que recordar que la electrónica, como el capitalismo, depende de las máquinas. De la labor repetitiva de los artefactos. Y que como tal tiene un trasfondo de proletarismo, civilización industrial, destrucción de la individualidad, que ya había captado perfectamente Kraftwerk.

Y, porque no, un alegre mancuniano rabioso y sus continuadores más avezados.

(Se puede acceder a una playlist de las canciones, menos la de Coldcut que no está en Spotify, aquí)


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