No tenés que estar avergonzado de usar tus propias ideas: Eno en Buenos Aires

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El martes pasado fui a ver la charla de Brian Eno en el CCK y sentí, como siempre que uno se enfrenta a un artista que lo ha marcado, una mezcla de admiración absoluta, placer al escucharlo hablar y un poco, también, la comprobación de que el tipo es humano, que tiene opiniones con las que uno no coincide y que, a veces, recurre a los mismos trucos que todos empleamos para resultar interesante y llamar la atención.

He aquí una crónica de lo ocurrido.

Llegué justo cuando Eno estaba por comenzar a hablar, así que me perdí la presentación y anda a saber que destacaron de su carrera. Por otro lado, la coordinación no parecía muy interesada en charlar sobre eventos particulares de la misma, sino en conceptos difusos. Aquí voy a hacer un comentario poco amable pero necesario: la entrevistadora (no sé quién es) no tenía muy buenas preguntas y no parecía tener una idea muy clara de las etapas de la carrera de Eno. Parecía más interesada en preguntas blandas sobre conceptos seudo new age. De cualquier modo este es un territorio fértil dentro de su obra y Eno decidió, con sabiduría, rappear e ir entremezclando conceptos, historias e ideas a partir de preguntas un tanto malas.

La ilustración de ello es que decidió iniciar la charla con una serie de preguntas fastidiosas acerca del lugar y la capacidad de los artistas para cambiar las cosas en estos tiempos de conmoción global y oscuridad. Si yo hubiese sido Eno hubiese contestado “No se puede hacer absolutamente nada más que seguir creando, la noción de que los artistas son una elite global del pensamiento iluminado y la belleza frente a la cual los mortales deben postrarse es absolutamente falsa y tiene parte de la responsabilidad por habernos quedado encerrados en nuestras burbujas de auto-afirmación y progresismo pensando que estábamos en lo correcto y despertándonos para darnos cuenta de que todas nuestras certezas fueron obliteradas”.

Eno, bastante más optimista que yo, arrancó hablando de cómo cada pieza de arte es política, no existe el arte apolítico, y como las formas organizativas musicales son una declaración de principios y un comentario sobre la organización social. Citó el ejemplo de la Opera del siglo XVIII, la cual afirmaba una idea sobre la estructura social a través de su rígida separación espacial y de roles, de la repetición y estandarización de la performance de cada miembro de la orquesta. Entonces, una declaración jerarquizante por su ordenamiento, pero democratizante en la idea de que cada hombre hace lo mismo y es igual a los otros miembros de la orquesta. Mientras tanto, una banda de rock, formada por circunstancias fortuitas y en la cual nadie es un genio ni un experto, tiene otro mensaje en cuanto a su estructura organizativa, pero su tendencia a depositar el punto focal sobre el cantante, quién tiene la voz, y sobre todo la palabra, es otro principio político.

A partir de ahí Eno reconoció que la burbuja de progresismo fue en gran medida aquello que nos hizo ciegos frente a la creciente ola de xenofobia, racismo, sexismo y nacionalismo que crece en distintas partes del mundo, pero destacó la función del arte en cambiar las percepciones sociales. Citó a La Cabaña del Tío Tom como un ejemplo de arte que expande las fronteras de lo que es posible y ayuda a modificar la mirada sobre una minoría explotada. No sé si yo hubiese elegido ese ejemplo, pero el punto estaba bien. Finalizó, además, con una exhortación simplista pero no por eso menos real a que dejemos de ser activistas a través de las redes y comencemos a ser activistas a través de la acción y organización real, comentario que logró el primer aplauso de la noche.

DISONANCIA COGNITIVA UNO: Eno diciendo estas cosas sobre la oscuridad del mundo desde un evento organizado por un gobierno que yo, sin dudarlo demasiado, colocaría del lado de esa oscuridad, en un centro cultural al cual vaciaron en primera instancia, putearon por su nombre y luego finalmente rellenaron con una estética privada de todo lo político (esos carteles con frases patéticas de intelectuales famosos que te saludan cuando entrás y parecen simultáneamente una impugnación del gobierno anterior y una afirmación de la política como terreno de la no confrontación). Además, frente a una audiencia que probablemente no veía las horas de salir y twittearlo, instagramearlo, facebookearlo, y luego irse a dormir.

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A partir de ahí la charla comenzó a meterse en terrenos más interesantes a raíz de la introducción de dos conceptos: el de la rendición (frente al arte, frente a las circunstancias de la vida) y el de paisaje sonoro. Con respecto al primero, Eno relució el primer momento new age de la noche, indicando que lo importante es saber moverse como un surfista, que en un momento controla lo que hace y en otro simplemente se deja llevar por la ola. Delineó un poco mejor su pensamiento indicando que vivimos en sociedades del control, que estamos muy orgullosos, como seres humanos, de haber dominado la naturaleza y haber logrado doblegarla frente a nuestras ambiciones, pero que somos muy malos a la hora de rendirnos, dejarnos llevar. Que solo lo hacemos con cuatro cosas: el arte, las drogas, el sexo y la religión. Y que quizás deberíamos ponerlo en práctica más a menudo.

Luego comenzó una larga disquisición sobre cuán pictórica es su música y cuan musical es su arte, lo cual fue el puntapié perfecto para que Eno hable un poco sobre sus orígenes como estudiante las Escuelas de Arte de Inglaterra, su aproximación a la vez intuitiva y anti-intuitiva a la creación y el origen de su fascinación con el arte construido a través de pantallas. Sobre lo primero, tiró palitos al arte conceptual que para él “ya era viejo en los setentas, fue menos interesante cuando volvió en los 90s, ahora está retornando por tercera vez y espero estar muerto para cuando vuelva una cuarta” y explicó que para él la televisión y las pantallas deberían ser espacios donde se produzcan bellas imágenes, no donde reine suprema la narrativa (lo cual abre interesantes interrogantes, a ser tratados en otro momento, acerca de nuestra fascinación y anclaje como especie en la idea de narrativa) y que sus obras de arte apuntan a la construcción de espacios donde pensar, donde lo que sucede es prácticamente mínimo. En esto, también, había una velada crítica a la funcionalidad del arte, y específicamente de la música, que solo es empleada en la mayoría de los casos como un trasfondo frente al cual bailamos o nos emocionamos, pero no como un lienzo, como un lugar, un horizonte o panorama sonoro cuyo reverso y final no se observa, pero que parecería contener más de lo que está explícitamente indicado en su composición.

DISONANCIA COGNITIVA DOS: Si bien su delineamiento de la filosofía detrás de sus discos ambient tiene todo el sentido y su ataque a la instrumentalidad chata de la música es muy razonable, no se puede evitar cierto olor “aceptemos nuestra realidad vivamos en armonía mientras creamos” en su concepción. En un momento mencionó que había conocido a muchas madres que habían tenido sus hijos escuchando Discreet Music, el primer disco ambient, y a muchos creadores que solo escribían o pintaban con ella (mencionó a Iain Rankin). Con lo cual el ambient también puede ser interpretado como una música zen que no dice nada. Creo que en ese cuchillo de doble filo es donde descansa tanto lo interesante como cierta frustración.

ANÉCDOTA UNO: Metal Machine Music y Discreet Music salieron la misma semana y, cuando se conocieron, tanto Lou Reed como Eno estaban muy interesados en esta confluencia casual de dos extremos de una misma idea.

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Aquí dijo algo que me pareció absolutamente brillante, y es que la manera en que se hace música hoy en día es mucho más parecida a la pintura que a la idea que la gente tiene en la cabeza sobre cuatro tipos juntándose en un estudio para tocar y sacar la adrenalina de adentro suyo. Que la labor del productor y del músico en el estudio consiste en poner una pincelada acá, ver si se sostiene, sacar otra cosa de allá y trabajar de una forma más visual que temporal, cosa que me hizo pensar inmediatamente en la informatización de la tarea del productor, con todas esas barras de distintos instrumentos y colores que se observan en programas como Ableton Live, Pro Tools y Logic. Por otro lado, me hizo pensar que la música popular moderna es, básicamente, una labor de ingeniería en estudio, en donde el rol del productor como alquimista que logra un equilibrio deseable es fundamental.

ANÉCDOTA DOS: Su primera “pintura” con televisores la realizó con una cámara de grabación que le compró a uno de los plomos de Foreigner, banda con la cual compartían estudio mientras él se encontraba produciendo uno de los discos de Talking Heads y que apareció “muy nervioso y tocándose la nariz” intentando venderla.

Sobre Estrategias Oblicuas contó el origen y la inspiración de las mismas, surgido de la presión que sentía trabajando en el estudio en el primer disco de Roxy Music y “olvidándose” de hacer música de manera reflexiva. Por lo tanto comenzó a escribir ideas en papelitos, para salirse de la situación y observar aquello que estaba haciendo de una manera más meditada. La primera fue “Honor Thy Error As An Hidden Intention”. Luego narró la coincidencia de juntarse a charlar con Peter Schmidt y que él también se encuentre realizando una labor similar, dando origen a las famosas cartas.

Entonces, y como si no pudiese contenerse, la moderadora le preguntó cómo era trabajar con Bowie, a lo que Eno, como un músico que sabe que tiene que tocar sus grandes éxitos, contestó con una larga respuesta en donde destacaba lo que todo el mundo menos esperaba: que Bowie y él la pasaban muy bien trabajando juntos y que gran parte de su proceso profesional tenía los tonos de comedia. Comentó que se hacían pasar por dos famosos personajes de comedia ingleses y se río mucho de la idea del artista torturado, de la noción de que tanto él como Bowie se encerraban en el estudio a “pensar, llorar y sudar”. Alabó el humor y el wit de Bowie y recordé que se murió este año y me sentí un poco agradecido por poder estar observando a Eno en vivo y también un poco preocupado y consciente de que no sabemos cuánto tiempo más lo tendremos en esta tierra y hay que aprovecharlo mientras esté.

Luego de esto vino una pregunta centrada en la influencia de Stafford Beer y la cibernética en el proceso creativo de Eno. Aquí realizó una descripción BRILLANTE del funcionamiento de la obra “In C” de Terry Riley. No puedo hacerle justicia aquí, pero básicamente, como lo explica su entrada en Wikipedia “consiste en 53 frases musicales cortas, que duran medio tiempo hasta 32 tiempos; cada frase puede ser repetida un número arbitrario de veces”. Pensada para grupos de músicos muy variables, tanto en cuanto a instrumentos como en cuanto a número, la pieza está pensada para que todos comiencen su ejecución sincronizados en la misma frase, pero se vayan moviendo a lo largo de las 53 porciones de manera arbitraria y de acuerdo a su deseo, generando asincronías y desfasajes que provocan que cada vez que es tocada sea una pieza de música diferente. Eno indicó que lo que le interesaba de la música era justamente eso: los sistemas y reglas que organizan su ejecución, y para nada un evangelio de la creación, la visceralidad, el genio, el sudor, el aguante. El góspel del rock, bah. Y, por otro lado, que su interés respecto a la cibernética viene del concepto de “autopoesis”, la emergencia de organismos y sistemas complejos que se regulan a sí mismos gracias a las reglas intrínsecas con las cuales cuentan y que, de algún modo, son responsables de su propia “creación” una vez que son puestos en marcha.

Este punto entroncó perfectamente con algo que vengo pensando últimamente: mi aburrimiento y agotamiento con el rock como lenguaje. Una cosa anquilosada, aburrida, llena de tics, incapaz de producir algo nuevo, regresiva, anclada en el pasado, solo capaz de reproducir de manera cada vez más artificial una serie de marcas de estilo que buscan una pureza inexistente. Me parecía que aquí se abrió el campo para preguntarle a Eno acerca de otros lenguajes musicales que ponen en marcha principios filosóficos diferentes al del rock.

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FANTASÍA UNO: “Quizás debería haber traído los vinilos que tengo de él y pedirle que me los firme, ¡maldición! Le podría haber comentado que dos de ellos pertenecían a mi padre y los otros dos me los compré para completar la colección y luego seríamos amigos en la tierra de Felicidonia”.

Pero para cerrar, lamentablemente, la moderadora decidió preguntarle cuál era su recuerdo de la infancia más preciado y su peor pesadilla. Y allí Eno prefirió obviar la pregunta y volver al punto inicial acerca de los tiempos en los que vivimos y como todo lo que está sucediendo es producto de una revolución que no vimos ni supimos prever porque, en sus sabias palabras “pensábamos que la revolución la íbamos a hacer nosotros”. De manera sutil, fue una especie de llamado a la acción, indicando que era hora de poner en marcha una revolución propia, y que probablemente se enfrenten ambas en los Estados Unidos. Y que su peor pesadilla, entonces, sería que esto falle.

En definitiva, fue una velada muy amable, llena de comentarios inteligentes, algunas muestras de voluntarismo ingenuo y algunas diferencias de este cronista en cuanto a las opiniones vertidas. Pero la sensación general fue que Eno todavía sigue en plena forma y que es una de las personas que mejor piensan el acto creativo y las implicancias políticas del mismo, a pesar de que quizás no sea el revolucionario que estábamos esperando. Pero está bien, al fin y al cabo ningún artista lo es.


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